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10 claves para la gestión del tiempo en el matrimonio (y 3 bonus)

Estar casados no implica pasar juntos las 24 horas al día, 7 días a la semana. Tampoco consiste en tener un compañero de piso al que veo para desayunar y cenar, mientras  el resto del día llevamos vidas paralelas. 

Hay que aprender a distribuirse el tiempo: si sois más tipo “lapa” tendréis que ganar una sana independencia y saber tener un espacio para cada uno donde poder tomar cañas con amigos, practicar un deporte, tocar la viola… todas esas cosas que os enriquecen a cada uno personalmente y, por tanto, enriquecen vuestro matrimonio. 

Por el contrario, si sois más de «quiero estar soltera pero contigo» (es decir: quiero llevar una dieta sana comiendo en un fast-food todos los días) tendréis que profundizar en lo que supone la entrega del matrimonio, el mirar al otro, construir juntos… Como dice Jason Evert en este vídeo: «Si no sois novios, no actuéis como si lo fuerais; si sois novios, no hagáis como que sois un matrimonio; y si estáis casados, no viváis como si estuvierais solteros». 

Del post «Tras el día B, comienza la verdadera aventura»

El equilibrio entre la individualidad de cada uno y la unión que habéis creado al casaros no suele ser algo que surja automáticamente, y puede que nos pasemos por un lado o por el otro, según nuestras maneras de ser, costumbres, o los ejemplos que hayamos tenido alrededor.

Familia, amigos, hobbies —tiempo para uno mismo, en general—, trabajo y familia de origen parecen ser cinco bolas que tiras al aire y con las que tienes que hacer malabares intentando que ninguna caiga al suelo. Además, por supuesto, las circunstancias son muy variadas: no es lo mismo la organización con hijos que sin hijos, con pocos que con muchos, si los dos trabajáis fuera de casa o no, con padres cerca o padres lejos, etcétera.

La metáfora de las bolas no es mía. Me la contó una buena amiga hace pocos meses. Ella la había oído en un curso de liderazgo. Las cinco bolas de las que hablaba eran: trabajo, familia, salud, amigos y alma (nuestra parte espiritual). Me contaba que eran bolas de cristal y que, a veces, como mucho solo conseguimos mantener dos en el aire. ¿Qué dos bolas son imprescindibles y no podemos dejar caer y que se rompan? Familia y alma, me decía ella —y yo estoy de acuerdo—.

Luego, buscando en internet por si encontraba la fuente original de la anécdota, he encontrado esta otra versión

«Brian Dyson, antiguo Consejero Delegado de The Coca-Cola Company, dijo una vez: “Imaginen la vida como un juego en el que ustedes hacen malabarismos con cinco bolas que arrojan al aire. Las cinco bolas representan: el trabajo, la familia, la salud, los amigos y el alma. Pronto se darán cuenta de que el trabajo se puede representar con una bola de goma: si cae, rebota. Pero las otras cuatro bolas: familia, salud, amigos y alma, son de vidrio. Si dejan caer una de ellas, quedarán irrevocablemente dañadas. Nunca volverán a ser las mismas”»

Cada cual que se quede con la versión de la anécdota que más le guste… pero creo que la idea de fondo ayuda. Y que habla de una de las actitudes importantes con las que hay que abordar este equilibrio.

10 actitudes para la gestión del tiempo de un matrimonio

  1. Orden de prioridades. Es importante casarse sabiendo que compartimos un orden de prioridades. Nos ahorrará muchos roces, aunque luego tengamos que rozarnos un poco para ver si llegamos a la misma conclusión concreta juntos, pero es diferente si partimos de la misma base, si estamos en la misma página. Si para uno la bola que no va a dejar caer por nada del mundo es el trabajo y para el otro la familia… las chispas están aseguradas. Tener un orden de prioridades compartido es un punto de inicio, pero no significa que desde antes de casarnos sabemos cómo nos vamos a organizar al milímetro, cuánto tiempo vamos a pasar con los suegros, qué horas exactas de la semana las vais a dedicar a vuestros hobbies, etcétera. Esto engancha con el siguiente punto:

  2. Flexibilidad. Las decisiones y maneras de organizarse no son inamovibles. Y eso es una buena noticia, aunque a veces nos haga salir de la zona de confort. Nos podemos agobiar pensando que tenemos que tomar una decisión sobre una manera de hacer las cosas ya para siempre, y no: lo que has dicho que es para siempre es amarse y respetarse, en la salud y en la enfermedad, etc, con eso de base, vamos reconduciendo. Podemos prometer amarnos siempre, no podemos prometer que todos los lunes te llevaré el desayuno a la cama porque no sabemos si los horarios de nuestros trabajos nos lo permitirán, o si los niños madrugadores lo harán posible, o cualquier otra circunstancia que se cruce. Y no pasa nada. Esto tiene su toque de aventura. Para una buena flexibilidad combinada con el orden de prioridades es muy necesario el punto 3:

  3. El consenso. Que no es meramente ceder. Es hablar para llegar a una decisión común. Os cuento más de eso en «Que gane el nosotros».

  4. Paciencia y buen humor. Porque aprender a acompasar los tiempos a veces lleva tiempo. También resultan elementos útiles para afrontar los imprevistos que surgen y echan por tierra una cuidada organización. 

  5. Ser conscientes de que vuestra situación ha cambiado. Como os contaba aquí: Entender que la realidad ha cambiado es el primer paso. Un matrimonio forma algo totalmente nuevo en el mundo. Es un «planeta llamado nosotros», como canta Maldita Nerea. Eso no quiere decir que esté aislado (los planetas no lo están, forman parte de sistemas, galaxias, tienen sus satélites, etcétera). Pero es algo nuevo, distinto a lo que antes había, como os contaba en «El noviazgo está sobrevalorado».

  6. Pensar en el otro. «Y entonces, ¿quién se ocupa de mí?». Pues… ¡el otro! Si nos tomamos en serio esta actitud, realmente lo demás saldría solo… Pensar en el otro no es “dar cuentas”, sino “tenerle en cuenta”. Vamos, como te gustaría que la otra persona hiciera contigo. Tenerle en cuenta antes de una decisión que os pueda afectar a los dos, antes de organizar un plan, etcétera. Ese pensar en el otro como actitud vital requiere amor del bueno: mucha generosidad, comprensión, humildad…

  7. Fuera la mentalidad de porcentajes. Similar a lo que os contaba en «Cosas de casa»: el equilibrio no es 50%-50%. El amor no se pone a contabilizar las horas que el otro pasa con sus amigos para recuperarlas él mismo en cuanto tenga ocasión, no apunta en una lista lo que el otro “le debe” en cuestión de tiempo o atención. 

  8. No cargar sobre el otro la total responsabilidad de nuestra felicidad. No me extiendo en este punto porque de eso ya escribí en «El mito de la incompatibilidad»

  9. Cultivar una sana dependencia y una sana independencia. Lo que os contaba en «Dependencias que te hacen libre» y que lo sintetizo como: «Podría vivir sin ti, pero no quiero vivir sin ti».

  10. Asumir que el equilibrio puede resentirse en algunas épocas y no hay que sufrir por ello. Aquí cobra importancia especial el tener un orden de prioridades claro, «el arte de no llegar a todo» y recordar que usar la libertad siempre supone elegir algo y renunciar otras cosas pero esa es su grandeza. 

Algunas ideas y trucos para el equilibrio

  1. Una buena organización que ayude a anticiparse. Hablar de cómo nos vamos a organizar el mes, la semana, cada cual lo que le venga mejor. Tener un calendario en común donde apuntar fechas importantes, eventos de uno y de otro, actividades en común. La organización se conjuga con flexibilidad, como decía más arriba. La flexibilidad también está para “reconducir el día”, si algo se tuerce.

    A muchas parejas les va bien organizarse con tiempo porque a veces, si lo dejamos todo a la improvisación, la cosa se lía… También ayuda a ser conscientes de cómo distribuimos nuestros días y nos puede facilitar el identificar “ladrones de tiempo”, por ejemplo.

  2. Expresar los deseos y los sentimientos. Como os comentaba en el punto 3 de uno de los posts sobre comunicación. Esto es bueno, entre otras cosas, para que no se acumulen cosillas, para prevenir las frustraciones y para construir con confianza y sinceridad la relación. Si algo me está saturando, si me tensa no sacar tiempo para ver a una amiga, si echo de menos esos ratitos de deporte semanales, si hay un proyecto personal al que tengo ganas de hincarle el diente pero no paro de posponerlo porque parece que nunca hay tiempo…

    Hay que hablar de todas esas cosas. Y ver juntos la manera de encajarlo en nuestras vidas. Algunas serán más fáciles que otras, otras tendrán que esperar una temporada más en el cajón de “to-do”. Pero lo importante es que se hable, que conozcamos los anhelos del otro. Así también los tendremos en cuenta como si fueran los nuestros y podremos animarle a llevarlos a cabo, con la misma preocupación con la que pensamos en los propios. Para esto se necesita ser buen escuchador y un buen acogedor de todo lo que el otro necesite decir.

  3. Reservar tiempo de calidad juntos. Durante el noviazgo nos hemos esforzado por sacar tiempo para vernos con calma, estar y disfrutar juntos, hablar, etcétera. Nos casamos y parece que, como convivimos, eso ya va dentro del pack y a veces podemos dejar de poner la lupa en ello. Pero ojo: el tiempo de calidad no siempre surge espontáneo. Precisamente por todas las bolas de malabares que tenemos entre manos, generalmente solemos tender a priorizar lo más urgente, frente a lo más importante.

    Aquí cada cual que se organice como le vaya mejor: hay quien recomienda una cena al mes (fuera de casa) y una escapada al año. Al poco de casarnos, me encontré con una de mis profesoras de Filosofía que, emocionada, me habló de «tener todos los días 5 minutos de oro el uno con el otro, como mínimo». Sean los minutos, las cenas o los findes que sean… el punto está claro: cuidar el tiempo juntos. A mí me parece recomendable, por ejemplo, para el día a día, no meter pantallas en las comidas juntos (salvo la peli del viernes de cena+cine, claro); o no irse muy tarde a dormir para poder tener un rato de calma —y lo que surja— antes de que Morfeo os invada.

¿Qué otras ideas os ayudan a conseguir el equilibrio en vuestra gestión matrimonial del tiempo?


Foto de Daniel J. Schwarz en Unsplash

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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