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Hacer el amor: conversaciones para uniros más

¿Hablar sobre sexo? ¿No es la manera definitiva de quitarle todo romanticismo y espontaneidad al asunto? Esther Perel comenta que los hombres y las mujeres a veces caen en la trampa de pensar que si hay que hablar sobre este tema eso significa que no hay buena conexión sexual: «¿Qué tal si lo repensamos? ¿No tiene más sentido que si sientes que puedes comunicar de manera abierta y con confianza lo que quieres eso es un signo verdadero de una buena conexión sexual?». La comunicación sirve para conocerse sin miedo, y esto, como dicen en "Sexo para inconformistas", ayuda a que los dos estén relajados «ya que no se tiene que fingir lo que no se es».

Hacer el amor: cantidad o calidad, falta de tiempo y fijación por el placer

El sexo es bastante sencillo: pero sacarle todo el potencial que contiene por diseño, vivirlo de una manera que nos haga querer más y mejor, disfrutando con todo nuestro ser, que nos sintamos queridos, deseados, acogidos, en cada centímetro cuadrado de piel y de alma… eso no sale solo. Una vez desterrado el mito de la espontaneidad, convencidos de que el tiempo es un aliado y de que podemos construir el deseo, podemos encontrarnos con otras cuestiones para resolver: ¿mejor cantidad o calidad? ¿Qué hacemos ante la falta de tiempo? ¿Cuál es el papel del placer en nuestras relaciones?

Hacer el amor: el mito de la espontaneidad y cómo construir el deseo

Las películas nos muestran relaciones sexuales “perfectas” (según ciertos estándares): surgen espontáneamente, a los dos les apetece al mismo tiempo, en general siempre están disponibles y con energías suficientes para ello (por eso es muy fácil que surja en cualquier momento y lugar y que un pestañeo o una leve caricia sea la chispa que prenda todo). ¿El truco? Es ficción. Vale, ¿entonces fuera de las pantallas estamos abocados a lo contrario? No, para nada. Pero hacer el amor, como un buen baile en pareja, no se improvisa.

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Ser o no ser espontáneo

En ocasiones sobrevaloramos la espontaneidad, o no la entendemos bien. En general se sitúa en un pedestal como una cualidad deseable de las personas, algo que apreciamos encontrar en el otro, que nos resulta atractivo. Pensamos en lo contrario de espontáneo y nos produce repelús: postizo, hipócrita, legalista, rígido, “con poca cintura”. Otras veces la miramos con cierta desconfianza. Como si fuera el fruto de una personalidad aún no madura. Pero ¿cuál es la mejor manera de enter la espontaneidad?