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Mujer y madre: la conquista de la libertad

«¿No vas a darle el pecho a demanda?», «¿Por qué no le das solo biberón mejor?», «¿Te vas a incorporar tan pronto a trabajar?», «¿No irás a cogerte una excedencia, verdad?», «¿No comes con tus hijos?», «No deberías jugar tanto con ellos», «¿Aún te quedan kilos del embarazo?», «Deberías comer más sano». Etcétera. Etcétera. La batalla por la libertad empieza en nuestro interior. Saber saltar por encima de comentarios como estos, saber dejar de autoimponernos presión, saber elegir qué me llena y me ayuda y qué me tira para abajo... Tenemos muchas batallas por dar. ¿Y si empezamos por esta?

El regalo de ser padres

Ser madre es un regalo. Ser padres, en general. Y, como es un regalo, es inmerecido, es porque sí, gratuito en su sentido más originario. No es un auto-regalo, no es algo que te compras. Eres responsable de cuidarlo, pero, en primer lugar, de acogerlo. Ser padres no es una meta, no es un derecho, no es algo que debas conseguir para llenar tu check-list de satisfacción emocional. ¿Y esto por qué?

Y tras el Día B, comienza la verdadera aventura

La boda es solo el comienzo de la aventura. Casarse, ser esposos, entregarse para siempre, pensar más en la felicidad del otro que en la tuya… suena apasionante, pero esa entrega se tiene que ir concretando cada día, a menudo en cosas pequeñas.  Eso es porque el amor se construye. Empezar con buen pie la aventura del matrimonio tiene su importancia. Por eso aquí van 9 puntos (más un bonus) por si os ayudan en esta etapa tan bonita de recién casados.