A los 20 todo es más fácil: menos exigencias, más ilusión, cero manías. Conoces más gente, tienes menos miedos y más ganas de lanzarte. La vida aún no te ha dado tantos golpes y creces junto a quien amas. A los 30 hay más cabeza, más filtros… y más cicatrices. El amor puede ser más sereno, sí, pero ya no tan ingenuo o tan impulsivo. ¿Es más difícil entonces enamorarse a los 30? Si es así, ¿podemos hacer algo para que no sea tan difícil?
«No puedo vivir sin ti»: ¿bien o mal?
«Te necesito como el aire para respirar» y otras ideas similares son frases que encontramos en muchas canciones de amor. Algunas voces se rebelan contra esto, queriendo ver reflejos de relaciones tóxicas y/o dependencias dañinas. Pero ¿será verdad que no nos necesitamos? ¿La necesidad es siempre sinónimo de que algo no va bien en mí mismo o en la relación? ¿De qué necesidad estamos hablando?
Amor del bueno: que sea para siempre y que sea siempre amor
Aspiramos a un amor para siempre. Y en este anhelo no podemos renunciar a ninguno de los elementos: ni al "para siempre" ni al amor. Un amor del bueno no es el que, sin más, "dura". Es el que crece cada día, transformando a quien ama y a quien es amado.
«Nada es verdadero, todo es relativo»… ¿o no?
«Nada es verdadero, todo es relativo. Nada es verdadero… salvo este axioma». Recuerdo leer este "chiste-reducción al absurdo" en un folletito en mi adolescencia. Creo que desde entonces me quedó claro que el relativismo (y sus primos-hermanos: el escepticismo, el emotivismo y el subjetivismo) era un sinsentido. Nos lo topamos de maneras diversas hoy en día. Seguramente alguna vez te hayan dicho eso de que «No puedes hablar de algo que no has vivido». En este post también hablo de por qué es difícil ser relativista en la práctica, qué consecuencias tiene en nuestras relaciones y el problema de una moral basada en los deseos (y de querer convertir los deseos en derechos). También me pregunto si hay alguna solución para este relativismo galopante.
