Hacer el amor: cantidad o calidad, falta de tiempo y fijación por el placer

El sexo es bastante sencillo: pero sacarle todo el potencial que contiene por diseño, vivirlo de una manera que nos haga querer más y mejor, disfrutando con todo nuestro ser, que nos sintamos queridos, deseados, acogidos, en cada centímetro cuadrado de piel y de alma… eso no sale solo. Una vez desterrado el mito de la espontaneidad, convencidos de que el tiempo es un aliado y de que podemos construir el deseo, podemos encontrarnos con otras cuestiones para resolver: ¿mejor cantidad o calidad? ¿Qué hacemos ante la falta de tiempo? ¿Cuál es el papel del placer en nuestras relaciones?

Hacer el amor: el mito de la espontaneidad y cómo construir el deseo

Las películas nos muestran relaciones sexuales “perfectas” (según ciertos estándares): surgen espontáneamente, a los dos les apetece al mismo tiempo, en general siempre están disponibles y con energías suficientes para ello (por eso es muy fácil que surja en cualquier momento y lugar y que un pestañeo o una leve caricia sea la chispa que prenda todo). ¿El truco? Es ficción. Vale, ¿entonces fuera de las pantallas estamos abocados a lo contrario? No, para nada. Pero hacer el amor, como un buen baile en pareja, no se improvisa.

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El amor se lucha pero no se mendiga

¿Qué haces si te gusta alguien pero “no mueve ficha”? ¿Y si mueves ficha tú pero recibes un “no”? ¿A partir de cuántos “noes” hay que darlo por perdido? Aquí va un post con alguna de mis reflexiones al respecto. Tenía un esquema pensado en 2015 y cuando lo retomé hace unas semanas para ponerme con este artículo vi que no me servía casi nada. Os confieso que es un tema sobre el que me gustaría pensar más —porque, quién sabe, de aquí a 6 años podría escribir algo diferente a esto— así que ¡estaré encantada de leer vuestras opiniones y experiencias!

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Ser o no ser espontáneo

En ocasiones sobrevaloramos la espontaneidad, o no la entendemos bien. En general se sitúa en un pedestal como una cualidad deseable de las personas, algo que apreciamos encontrar en el otro, que nos resulta atractivo. Pensamos en lo contrario de espontáneo y nos produce repelús: postizo, hipócrita, legalista, rígido, “con poca cintura”. Otras veces la miramos con cierta desconfianza. Como si fuera el fruto de una personalidad aún no madura. Pero ¿cuál es la mejor manera de enter la espontaneidad?