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Hijos: sí, no, cuándo y cómo. Paternidad responsable y apertura a la vida

En otros posts he hablado de la importancia de reconocer la propia fertilidad por el simple hecho de conocerse mejor a una misma y por motivos de salud; también sobre las ventajas de aplicar esos métodos de reconocimiento de la fertilidad como planificación familiar natural y los mitos que suelen oírse. En este post quiero profundizar en algo que comenté un poco por encima en el anterior artículo, cuando hablé de la paternidad responsable y la actitud de apertura a la vida desde la mentalidad de pensar que un hijo es un regalo. Así, el método no es solo un método. Hablamos de una cuestión de actitud vital, de qué buscamos y cómo lo buscamos, de vivir el amor en plenitud, sin miedos y sin condiciones. De cómo entendemos al ser humano y cómo entendemos la sexualidad y el amor matrimonial. De generosidad y de comunicación en el matrimonio.

4 mitos y 4 realidades sobre los métodos naturales

Los motivos por los que usar métodos métodos de reconocimiento de la fertilidad (o planificación familiar natural —PFN—) para vivir una paternidad responsable pueden ser variados. Hay quienes los usan buscando algo que sea respetuoso con el propio cuerpo, otros también valoran el hecho de no introducir elementos extraños en la relación sexual; algunos empiezan a usarlos por convicciones religiosas, otros por convicciones ecológicas y otros por una mezcla de motivaciones. Os cuento 4 mitos y 4 verdades sobre estos métodos.

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Fertilidad: algo más que hormonas y regla

Solo el 3 por ciento de las mujeres saben reconocer signos normales o anormales de su salud reproductiva e identificar cuándo ovulan, según destaca la web Managing Your Fertility. 3 por ciento. ¿Cómo es posible este desconocimiento en pleno siglo XXI, con tanta información a nuestro alcance y con los tabués sobre sexo superados? ¿Qué podemos hacer para solucionarlo?

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El amor se lucha pero no se mendiga

¿Qué haces si te gusta alguien pero “no mueve ficha”? ¿Y si mueves ficha tú pero recibes un “no”? ¿A partir de cuántos “noes” hay que darlo por perdido? Aquí va un post con alguna de mis reflexiones al respecto. Tenía un esquema pensado en 2015 y cuando lo retomé hace unas semanas para ponerme con este artículo vi que no me servía casi nada. Os confieso que es un tema sobre el que me gustaría pensar más —porque, quién sabe, de aquí a 6 años podría escribir algo diferente a esto— así que ¡estaré encantada de leer vuestras opiniones y experiencias!