Nadie me dijo que ser madre fuera así

Si me preguntas por mi embarazo puedo contarte muchas cosas.

Puedo hablarte de esas primeras semanas de mareos infinitos, náuseas eternas y vómitos ininterrumpidos, que solo paraban con el uso de Cariban —y entonces te hablaría del sueeeeeñoooo que te produce el Cariban—;  puedo hablarte de los calambres de madrugada, de la molestia de los gases-ardores de estómago-acidez; de ese día en el que llegas a casa y tus tobillos tienen el tamaño de tus gemelos; de la odisea de ponerte unas medias; de abrir un armario y que el “no tengo nada que ponerme” sea real; como consecuencia de lo anterior podría hacerte un discurso de lo frustrante que es ir de compras y que nada “te quede” y que en las cuatro tiendas y media que hay de premamá en muchas de ellas equiparen ropa premamá con “vestir según la moda del siglo pasado”; también puedo enumerarte las veces que nadie se ha levantado para dejarme un asiento en el bus y los empujones contra mi tripa de gente que va por la vida sin mirar.

Y eso que aún no ha salido, porque en tal caso podría hablarte también de cambiar siete bodies en un día, de la pasta que te dejas en pañales, de los lloros que no sabes interpretar, del lujo de dormir dos horas seguidas…

Podría decirte todo esto —y mucho más… 9 meses dan para bastante…—, pero te estaría mintiendo. Porque ser madre no es esto. Al menos no solo. Esto podrían llamarse “daños colaterales” o “efectos secundarios”. Nadie es madre porque le guste perder su cintura, estar cansada a las seis de la tarde o tener que hacer 345 maniobras para cambiar de postura mientras duermes. No.

Si me preguntas por mi embarazo puedo contarte muchas cosas, muchas cosas más.

Puedo contarte la expectación mientras se coloreaban las dos rayas en el test y el abrazo de fundirnos que siguió a ese momento. El empezar a decir, paladeando, como una onza de rico chocolate: «Mi hijo… nuestro hijo…». El no sentirte ya sola nunca, porque llevas a un pasajero dentro de ti, y lo mejor: un pasajero que es mitad tú y mitad la persona que más amas en el mundo. Las primeras semanas en las que la noticia está entre vosotros tres y te acaricias inconscientemente el vientre que empieza a crecer pero aún no se nota y que miras y remiras esperando descubrir alguna señal. Sin duda os contaría de la primera ecografía, de verle mover sus minúsculos dedos y sus piernas con apenas ocho semanas.  También de la alegría al sentir su primera patada y llorar de felicidad al descubrir tanta vida dentro de ti. De ir compartiendo la noticia y descubrir cómo la gente le quiere ya muchísimo aun sin haberle visto ni haberle sentido, como le siento yo desde hace ya unas semanas, todos los días y le voy descubriendo: aquí unas piernas, eso debe de ser un codo, aquí una manita… Os contaría de los días de cansancio máximo tirada en el sofá, notarle bailar dentro de ti, mirar a tu marido y decirle: «Vale la pena todo… Todo…».

Y eso que aún no ha nacido. Porque entonces podría hablarte de cómo me paso las noches besándole los carrillos. De las horas que podría solo mirarle y mirarle. De las mil trescientas cincuenta y nueve mil fotos que le voy a hacer para inmortalizar cada gesto, cada sonrisa, cada mirada que no quiero que caiga en el olvido. De las canciones que le cantaremos. De los paseos que nos vamos a dar juntos. Y te contaría mucho, mucho más… Te contaría de sus primeros pasos, de los primeros días del cole y de sus primeros amigos. De sus aficiones, sus ligues, nuestras conversaciones en la terraza, su primer pitillo, y de su graduación en la universidad. Te hablaría emocionada de esa parte de misterio que no deja de envolver el hecho que del amor que Pablo y yo nos tenemos pueda surgir una persona con tanto potencial, una persona nacida para ser libre y para ser feliz, una persona con una capacidad de querer infinita.

Mi tripita —eufemismo— se mueve. Dos golpecitos en la izquierda y uno en el lado derecho. La acaricio porque así le acaricio a él.

«Sí, mi vida. Lo vales todo».

11 comentarios en “Nadie me dijo que ser madre fuera así

  1. Santiago dijo:

    ¡Muy bonito! Pero ojo…que también hay que ser realistas… cuando nacen eso de ‘besarle los carrillos toda la noche’… es muy platónico. No dormir jode, y mucho. Seamos claros. Se les quiere, pero sin tanto rollo… te lo dice alguien que tiene varios hijos ya.

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    • Luzmaral dijo:

      Hola, Santiago
      Muchas gracias por tu comentario.
      Justo lo que he querido expresar con este post es realismo, pero realismo no tiene que ser igual siempre a catástrofe.
      He hablado más del embarazo que del momento ya con el niño fuera porque es lo que de momento he vivido en primera persona, pero también he mencionado cosas que sé por experiencia ajena: el no dormir, cuando te pasas el día cambiándoles porque no paran de manchar…
      No creas que no soy consciente de todo eso (aunque no cuente con tu experiencia 😉 )
      Y de las molestias del embarazo, ¡podría contar muchas más! Así como de las cosas buenas que vives en esta etapa… (en experiencia con embarazos vividos en primera persona, creo que te gano, sorry…)
      Cuando el peque nazca, ya os contaré qué tal.
      Por lo que llevo viviendo hasta ahora, presiento que la idea que quería mostrar de fondo en el post, permanecerá una vez haya nacido: Que las noches sin dormir son una mierda, sí. Pero que él lo vale todo, sí, y mucho más.
      ¡Un saludo!
      Y gracias por pasarte por el blog.

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      • lourdesquedaverano dijo:

        ¡Por supuesto que lo vale! Muchas gracias por este texto, que retrata con tanta dulzura esta experiencia maravillosa de la maternidad. Por supuesto que es duro. Durísimo. Pero a mí me faltan las palabras para describir el amor y la felicidad que trae aparejada la maternidad! Espero que todo vaya super bien en la recta final del embarazo y… ¡Nos veremos en el parque!

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      • Luzmaral dijo:

        Muchas gracias, Lourdes, por tu comentario y tu testimonio.
        Vale mucho, viniendo de una madre veterana como tú 😉
        Mil gracias por los ánimos y espero de verdad que nos veamos pronto.

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    • Luzmaral dijo:

      Muchas gracias, Ana. ¡Y enhorabuena por tu bebé! Y mucho ánimo en esta recta final. Tienes más entradas sobre mis reflexiones de madre en el apartado “Ser mamá mola”. Un abrazo

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Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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