Querida yo a los 13

Querida yo a los 13,

Estás entrando en unos años geniales de tu vida. Sé que lo sabes y sé que te rebelas por dentro cada vez que oyes a alguien decir cosas como «la adolescencia es una enfermedad» o «a ver si se te pasa la edad del pavo». Sé que ya hay muchas cosas que conoces, y otras que has pensado, leído o hablado. Pero por si acaso, déjame decirte algunas de ellas, que irás descubriendo con la edad, y que tú misma debes descubrir, pero que no está nunca de más si alguien te allana antes un poco el camino.

Querida yo a los 13. Sé que te dirán que esperar con emoción al primer beso, y que ese primer beso sea de amor del bueno, es idealista. Sé idealista. No creas a quien te diga cosas como: «Baja de tu nube, chavala. Seguramente tu primer beso será con un tío que acabas de conocer, una noche, a la salida de un bar, en un callejón». No les creas. Sonríe y asiente y guarda en tu corazón la verdad que sabes. Si crees que ese individuo merece una respuesta puedes soltarle algo como: «Mira, nena, resulta que soy una persona con libertad y yo, y solo yo, decido con quién quiero que sea mi primer beso, porque tengo capacidad de sobra para tomar decisiones así, ¿okey makey?».

Querida yo a los 13. Muchas de las que ahora presumen de «adelantadas» por haber empezado a tener relaciones sexuales, serán las que, dentro de cuatro años, te mirarán con una envidia atroz cuando cuentes cómo, en tu primera cita con tu primer novio, él te habrá cogido de la mano mientras te acompañaba a casa. Las más sinceras te lo confesarán. Las que no puedan con el reconcome intentarán ridiculizarte. Porque ellas tienen 17 años y hace un tiempo ya que una caricia no les dice nada. Generación desencantada, cantaba Kate Ryan en tu verano de los 13.

Querida yo a los 13. Tal vez dentro de unos años, ese primer novio, al principio tan delicado, no aguante la presión de sus «amigotes». Tú, entonces, serás ya una adolescente casi mujer, y habrá muchas cosas que no sepas, pero sí sabrás hacerte valer y ser fiel a tu personalidad, a tus principios, a lo más profundo que tienes. Él cederá ante un par de frases pringosas —y muy poco respetuosas hacia ti y hacia las chicas en general—. Tú no cederás. Y eso hará que le pierdas. No te servirá de nada que alguien te diga «Es mejor así». Llora todo lo que quieras. Demasiado fuerte has sido ya frente a un mindungui que no ha sabido valorarte. Pero no pierdas la esperanza. Te aseguro, es más, te prometo, que en menos de diez años después de esa ruptura tan sangrante, tendrás al lado un hombre con el que vivirás una felicidad que no creías posible.

Querida yo a los 13. Te dirán que eso de «para siempre» es imposible y que mejor te centres en disfrutar del momento sin importar el qué vendrá, sin importar las consecuencias de tus actos —como si las consecuencias de un corazón herido fueran cosa que se cura rápido, y se olvida en un parpadeo; como si no se fueran quedando jirones de una misma en una senda descontrolada de novio a novio, de rollo a rollo…—. Cree en el «para siempre», aunque no lo hayas visto nunca. Cree.

Querida yo a los 13. Seguramente amigas tuyas te intentarán convencer de que no hay nada malo en emborracharse. Que así puedes desinhibirte y conocer a más gente, e incluso al hombre de tu vida. Que así puedes bailar sin ninguna vergüenza. Que así disfrutas más. Sé perfectamente que conoces la respuesta a estas chorradas, pero déjame darte algunas ideas de posibles contestaciones. Diles que eres libre, y que no dependes de ninguna clase de sustancia para pasarlo bien un saturday night. Diles que eres libre y encantadora, y que no necesitas no ser tú para conocer a más gente —y menos al hombre de tu vida, que quieres que se enamore de ti precisamente por ser tú, no un sucedáneo fruto del ron cola—. Que eres libre porque no dependes de que haga sol para levantarte con una sonrisa, ni dependes de las opiniones de la gente para seguir tus convicciones.

Querida yo a los 13. Algunas novelas, algunas series, algunas pelis, algunas revistas… te mostrarán un tipo de chica con una forma de comportarse con la que no te sentirás identificada para nada. Eso es bueno. Y ojalá nunca te veas en esos “productos” como en un espejo. Te van a bombardear por todas partes y es fácil que se te pegue lo que intentan imponer: un tipo de cuerpo, una forma de posar ante las cámaras, una manera de vestir… Sé tú misma. Y ojalá que cada uno de tus looks, cada una de tus acciones, cada una de tus palabras, refleje lo grande que eres por dentro.

Querida yo a los 13. Estás en unos años geniales. No te diré que no son los mejores de tu vida porque sé que en estos momentos es difícil que me creas. Pero sí pueden ser los mejores hasta ahora. Hazlos grandes. Hazte grande tú durante este tiempo. Escucha a tu corazón y aprende lo profundo que él puede enseñarte. Aprende también de tu esfuerzo, de tu cabeza, y de todos esos talentos que tienes. No tengas miedo de pedir ayuda por el camino. No tengas miedo de caerte, pero no te quedes en la cuneta.

Querida yo a los 13. Sé libre. Vive. Ama. De verdad.

2 comentarios en “Querida yo a los 13

    • Luzmaral dijo:

      Muchas gracias, Loreto. He estado curioseando un poco tu blog y yo también me he sentido muy identificada con muchas de las cosas que cuentas en el “Quién soy” y en “Bendita locura”. Te he empezado a seguir por instagram para no perderme las aventuras in the jungle 😉

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Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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