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Dando voz al matrimonio: CanaVox

En el otoño de 2013 yo vivía una época complicada. Acababa de sufrir un desgarro en el corazón muy grande y me encontraba en proceso de reconstrucción. Ese curso, además, terminaba la carrera, y mi futuro profesional —hasta aquel momento ligado al futuro personal— era una nebulosa amenazante y en la que casi prefería no pensar. En medio de esas ruinas interiores, una muy buena amiga me dio un consejo: «Piensa dónde quieres estar: el año que viene, dentro de cinco, dentro de diez y de veinte… Y piensa qué temas te gustan, en qué proyectos te gustaría comprometerte para poder mejorar el mundo. Y haz un plan que te lleve hasta donde quieres ir».

En la libreta donde apunté todas aquellas ideas, uno de los principales temas era: matrimonio, familia, noviazgo, afectividad, sexualidad. ¿Pasos a dar? El primero y más asequible: abrir un blog —#MakeLoveHappen fue una realidad dos años y poco después—. Más a largo plazo estaba estudiar un Máster en Matrimonio y Familia —aún en la lista—, dar sesiones sobre noviazgo —estamos en ello— e involucrarme en alguna organización que apoyara esta causa. El largo plazo yo lo veía en diez-quince años. Pero, como dice una frase muy sabia: «Si quieres hacer a Dios reír, cuéntale tus planes».

En el verano de 2016, casi tres años después, recibí un mensaje de Ana Victoria, una chica de Carolina del Norte y miembro del staff de CanaVox. Habían conocido mi blog por el post Los otros preparativos para una boda, en el que hablaba de su iniciativa, y les había gustado. Estaban buscando líderes internacionales para unirse al equipo y me preguntaban si estaba interesada.

Y así es como acabé —mucho antes de lo imaginado— involucrada en un proyecto fascinante, siendo una de las representantes de CanaVox en España.

Pero ¿qué es CanaVox?

CanaVox nació en Princeton en 2013, de la mano de un grupo de mujeres que, preocupadas por el debate social sobre el matrimonio y la familia, vieron la necesidad de aportar nuevas voces al respecto en la opinión pública. Como expresa su lema, CanaVox quiere «dar voz al matrimonio». ¿Cómo? Creando grupos de lectura por todo el mundo en los que se abordan textos sobre los diferentes temas relacionados, todo basado en la ley natural, las ciencias sociales y el sentido común. Muchas de las personas que formamos parte de esta iniciativa somos creyentes —de diferentes religiones—, pero no se trata de algo confesional. Como se señala en la web: «el matrimonio es un regalo para toda la humanidad», no un tema que alguien pueda apropiarse en exclusividad.

¿Cómo funciona?

Generalmente los grupos de lectura  nos reunimos una vez al mes para comentar los textos que antes ha leído cada cual por su cuenta. Yo suelo decir que es un chollazo: 1 hora de lectura + 1 hora de conversación en grupo = 1 idea clara sobre un tema relacionado con el matrimonio y la familia. No es lo mismo lo que oyes, lo que simplemente lees o te cuentan, que lo que has leído, pensado y debatido con otros. Los textos que solemos leer son tanto ensayos asequibles como testimonios reales. Ana Samuel, la directora académica de CanaVox, lo explica así: «Los estudios apelan al intelecto y nos forman, y las historias apelan al corazón y nos inspiran». El listado de temas con sus correspondientes lecturas se puede consultar de manera gratuita en la web.

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En CanaVox queremos crear una conversación mundial sobre estos temas que tanto nos interesan y nos importan. A día de hoy se han lanzado 200 grupos de lectura repartidos por 32 estados de EE. UU. y en 23 países. Como dice este vídeo de Humanum: «Tu matrimonio es tu propio proyecto para el mundo», un proyecto que crea una reacción en cadena, unas ondas concéntricas que se expanden… Y queremos fortalecer y apoyar ese «ripple effect».

¿Qué promueve CanaVox?

Entre los siete principios que defendemos está el apoyar el matrimonio como unión entre un hombre y una mujer para siempre desde una perspectiva esperanzadora y realista. Somos conscientes de que «todas las parejas se enfrentan a retos —con frecuencia durante muchos años—, pero esas dificultades no son razón para abandonar nuestros matrimonios o el ideal de permanencia. Más bien, al afrontar juntas los obstáculos, las parejas tienen la posibilidad de avanzar hacia una mayor entrega, hacia una forma de amor más potente». Los derechos de los niños, la importancia de los lazos familiares y el papel de la familia en la sociedad son algunos de los otros principios.

Hay dos aspectos que me encantan de CanaVox: el espíritu decididamente alegre en sus raíces y el reconocimiento de la propia vulnerabilidad. Los grupos de lectura no son reuniones en las que triunfa la cultura de la queja y el efecto dementor, sino todo lo contrario: hablamos sobre los textos y sobre la realidad de manera optimista, sin negar lo que no funciona —en el mundo o en nuestras propias vidas— pero sin quedarnos ahí, sino profundizando en soluciones creativas y accesibles: «Tenemos verdades, tenemos los estudios, las ideas y el amor necesarios para ayudar a curar las heridas. Nuestro optimismo no es un optimismo ingenuo o artificial, sino que está fundado en la convicción de que las conversaciones que comunican esas verdades ayudarán a curar los corazones rotos y a reparar nuestra cultura del matrimonio».

Reconocer que todos hemos cometido errores en el pasado —y que aún los cometemos— nos tiene que llevar a aprender de ellos, por una parte, y a una mayor empatía con quien ha vivido situaciones similares, por otra. Reconocer la propia vulnerabilidad no es alimentar una sensación de fracaso vital, sino apostar por las segundas oportunidades, y por un crecimiento continuo en nuestro día a día, ya que nunca dejaremos de aprender.

Recuerdo muchas veces ese otoño de 2013 intentando re-ilusionarme con la vida. Yo entonces aún no tenía ni idea, pero CanaVox acababa de nacer ese verano. Y ahora formo parte de una conversación mundial sobre los temas que más me apasionan; estoy rodeada de este increíble grupo de líderes de países, culturas, situaciones vitales y creencias diferentes, pero con los que comparto una misma pasión; dedico unas horas cada mes a seguir formándome en algo que toca mi vida —¡nuestras vidas!— muy de cerca; y, tras las reuniones con mi grupo, el cansancio del final de la semana se evapora y queda una sensación de gratitud inmensa y de satisfacción, como después de haber terminado un buen trabajo en equipo.

Además de las sabias palabras de mi amiga aquel otoño, otros dos motivos hacen posible esto: mi afición por seguir el consejo que me dieron al comenzar la carrera, «déjate liar en cosas que valgan la pena»; y él, mi amante, el que me empuja cuando algo grande me da miedo; no, mejor aún: el que me coge de la mano y salta conmigo, y se lía la manta a la cabeza y siente mis movidas como propias. El que no falla a ninguna reunión, el que me ayuda con la logística, el que primero rompe el hielo en las conversaciones del grupo, el que me avisa si me paso de hora, el que aporta las ideas más luminosas. Mi canavoxero favorito. Gracias. Y gracias a todos los que vivís esto conmigo.

Para saber más sobre CanaVox:


En la foto que encabeza el post estamos algunas de las líderes estatales que nos reunimos el pasado junio en Princeton. La foto pertenece a CanaVox.

2 comentarios en “Dando voz al matrimonio: CanaVox

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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