«La pornografía no es una extensión del individualismo sino una expresión categórica del vínculo con los otros». Lo leí hace unos meses en una revista. El intento de argumentar esta afirmación estaba lleno de frases grandilocuentes (como la que he citado) que pueden sonar bien (sobre todo cuando quieres que suenen bien porque están justificando una conducta que en el fondo sabes que deberías cambiar) pero que encierran demasiada falsedad. Simplemente hay que acostumbrarse a pensar dos veces antes de “comprar una idea” que suena muy pomposa.
¿Cómo puede ser que el porno sea una expresión del vínculo? Seguía dando vueltas a esa idea, para escribir este post, y me encontré con una afirmación de Jokin de Irala que lo sintetiza mucho mejor de lo que yo habría podido hacer: «El plato fuerte de una relación sexual es la palabra ‘relación’, mientras que en la pornografía toda ‘relación’ brilla por su ausencia».
Miguel Ángel Martínez, en su libro Salmones, hormonas y pantallas, lo explica también magistralmente: «Todo lo que mantiene a una persona en tensión continua, que no la deja disfrutar de paz y tranquilidad, la priva de la capacidad de gozar en el amor, de la paz interior, y le impide llegar a la unión perfecta del amor tiene con frecuencia la misma raíz: la tendencia innata a encerrarse en uno mismo y buscar solo los intereses propios, ninguneando a los demás o meramente usándolos. Eso es el ego. Y la pornografía engorda de continuo el ego». Y añade que, en ese planteamiento «meramente lúdico y egocéntrico» sobre el sexo, que no es capaz de abarcar el conjunto de toda la persona, hay claramente una «disociación entre sexo y verdadero amor».
Lo han repetido muchos sabios en las últimas décadas: lo contrario del amor es el uso. Si nos acostumbramos a usar, nos alejamos de nuestro aprendizaje de amar.
Así que el porno es malo para tu relación porque te aleja del amor del bueno. Y esto, que a mí me parece de sentido común, también está avalado por los datos: en un porcentaje muy importante de rupturas de pareja y divorcios (según algunos estudios, más del 50 %), la adicción al porno de uno de los dos había sido la causa. E incluso sin llegar a la separación: el uso de pornografía también está relacionado con menor estabilidad y con sentirse menos satisfecho en la relación.
Ran Gavrieli cuenta, en la charla TEDx que os comentaba en el anterior post, que en sus fantasías antes del porno «había siempre una narrativa de sensualidad y correspondencia. Después del porno perdí mi capacidad de imaginación». Comprender cómo afectaba su consumo a su vida sexual fue uno de los motivos por los que decidió dejarlo.
En el artículo que os mencionaba al comienzo de esta entrada, la frase seguía así, en su intento de argumentar que el porno tenía que ver con crear vínculos: «Toda erótica es un diálogo y como tal, integra una relación de interdependencia y de reconocimiento recíproco». Y entonces me acordé del filósofo Byung-Chul Han: «El porno es la antípoda del Eros, aniquila la sexualidad misma […]. Lo obsceno en el porno no consiste en un exceso de sexo, sino en que allí no hay sexo».
¿Cómo hablar de esto con mi pareja?
¡La comunicación! Por supuesto es un tema del que hay que hablar. Con delicadeza, respeto, comprensión y sinceridad. Las conversaciones serán muy diferentes dependiendo de muchos factores: no es lo mismo si tu pareja consume esporádicamente (aunque eso hay que hablarlo también) que si tiene un problema de adicción; no es lo mismo si quiere dejar ese consumo y/o superar la adicción que si no quiere…
Muchas mujeres sienten como una infidelidad que su novio/marido consuma pornografía. Y tienen razón en experimentarlo así. Porque lo es. Infidelidad no es solo acostarte con la/el compañera/o de curro. Y una infidelidad es de lo que más daño hace a una relación, porque va contra las bases de lo que es esa relación (te quiero, quiero estar siempre contigo, solo contigo). Por supuesto, el consumo de porno por parte de las parejas crea muchos problemas de autoestima en las chicas y mujeres; la pregunta sobre «¿Por qué no soy suficiente para él?», la comparación constante… son elementos que no caracterizan una relación sana.
De manera similar a lo que escribía en el artículo sobre la segunda virginidad, hay que hablar de esto de manera sencilla, sin entrar en detalles, claro. No hace falta hurgar ni caer en el morbo. Seguramente no sea algo que se hable en las primeras citas, pero tampoco hay que esperar a que pase una década.
A quien su pareja le cuenta de pronto esto, tiene que escuchar con mucha comprensión, sin juzgar al otro, porque lo más importante no es lo que haya hecho esa persona, sino cómo quiere vivir en el momento presente. De ese post rescato también la reflexión de un amigo que creo que sirve para este tema: «Es un riesgo, como es un riesgo abrirse con otra persona. Creo que la persona que lo asume se expone mucho pero por eso mismo está dando pie a ser querida de una forma nueva y con un amor mucho más profundo». Y es que, si alguien quisiera menos a otra persona por algo de su pasado de lo que se arrepiente o de algo de su presente que quiere cambiar, su amor sería muy pobre.
Todos tenemos nuestras luchas, cada uno con su talón de Aquiles. Todos arrastramos heridas que sanar y defectos que nos hacen incapaces de amar tan bien como nos gustaría. El punto es si queremos trabajar en esos defectos, en esos vicios, en esas adicciones, para poder construir un amor del bueno.
¿Qué pasa si tu pareja no ve que su consumo de porno sea un problema para la relación?
Personalmente, creo que pone a la relación en un punto complicado, porque, para empezar, ambos tenéis concepciones distintas sobre algo tan básico como el sexo, el amor, la fidelidad; y, para seguir, como ya he comentado antes: el porno afecta a la relación, queramos o no. Además, como señala este artículo, «estas diferencias de opinión no harán sino acentuarse con el tiempo, creando abismos emocionales y psicológicos entre tú y tu pareja».
Que la respuesta a esta situación sea, desde algunas voces, como critica este otro texto, «Lo que tienes que hacer es ver porno con él» me parece machista y humillante. ¿Si no puedes con tu enemigo únete a él? ¿Ayuda a cavar la fosa de tu relación? Soltar frases condescendientes como «Todos lo hacen», «Los hombres son así», «No vas a encontrar a un chico que no vea porno»… es lo mismo que hace unas décadas se hacía con la infidelidad de los hombres (y que aún pasa en algunos países y contextos): «Todos lo hacen», «No puedes cambiarlos», «Hay que aceptarlo así y dar por supuesto que va a pasar y vivir con ello»… Situaciones que ahora nos parecen horribles e injustas, con razón, pero sin darnos cuenta de que estamos cayendo en las mismas.
¿Y si no tengo una relación?
Pues afectará a tus relaciones futuras y, en primer lugar, el consumo de porno está impactando, de hecho, en tu capacidad para empezar esa hipotética futura relación.
Muchos autores (yo se lo he leído a importantes investigadores sociales de estos temas como Eva Illouz y Mark Regnerus, en sendos libros) hablan de la «ecología de la elección» (Illouz) o la «paradoja de la elección» (Regnerus), que podríamos resumir (con sus matices en cada autor) así: con la explosión de opciones sexuales que vivimos en las últimas décadas se ha empezado a inhibir el verdadero compromiso.
Y las opciones sexuales no son solo las que puedes encontrar en Tinder sino también la pornografía (de hecho, hay un tema que tengo pendiente investigar más, pero del que veo que se va hablando con mayor frecuencia que es la «recesión del sexo» en los jóvenes, porque muchos están teniendo menos relaciones sexuales y, en gran parte, es por el aumento de la pornografía). Maria Ahlin, CEO de Changing Attitudes —una organización que lucha contra el porno y todo lo que sea sexo de pago— señala, en el documental de Dale una Vuelta, que preferir el porno a la realidad acaba siendo una consecuencia lógica de su consumo: «Si vas a ligar con alguien, tienes que hacer todo el trabajo que implica, pero con la pornografía no tienes que hacer nada. Estás en casa y tienes acceso a 500 personas en 20 minutos».
Sin esfuerzo, sin necesidad de comunicarte, sin tener que preguntar por los sentimientos del otro ni preocuparte por sus intenciones, sin tener que mover un dedo para enamorar y “conquistar” a la otra persona, sin tener que gestionar luego “malos rollos” que puedan surgir de esos encuentros, sin tener que mostrarte vulnerable… Es tentador, ¿no?
Miguel Ángel Martínez lo expresa con gran agudeza: «Ese creciente consumo de pornografía está limitando seriamente la capacidad de que los jóvenes tengan interacciones sanas y satisfactorias con el sexo opuesto. El porno es como un cortocircuito que proporciona una recompensa por un esfuerzo mínimo. Ya que se tiene el placer del porno tan al alcance de la mano, ¿por qué jugársela a quedar ridiculizado o rechazado por una mujer?, pensará el chico».
A nada que uno lo piense dos veces y tenga la información correcta a mano, se dará cuenta de que no quiere que el porno impregne sus relaciones, no quiere que le impida comprometerse con quien ha visto que puede construir un proyecto en común, no quiere que le encierre en sí mismo y le dificulte aprender a amar mejor, no quiere ir destrozando su autoestima ni la autoestima de sus parejas.
Si no te has metido aún por ese camino, ahora ya sabes un poco más de por qué no te compensa no hacerlo. Si lo has recorrido ya: no estás determinado, puedes salir del porno. No tienes que hacerlo solo; si te sientes sin las fuerzas necesarias, pide ayuda. Todos estamos embarcados en esta aventura de aprender a amar con amor del bueno, sin sucedáneos.
Foto de Manuel Meurisse en Unsplash
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2 comentarios en “¿Cómo afecta la pornografía a las relaciones de pareja?”