MAKELOVEHAPPEN mendigar amor

El amor se lucha pero no se mendiga

¿Qué haces si te gusta alguien pero “no mueve ficha”? ¿Y si mueves ficha tú pero recibes un “no”? ¿A partir de cuántos “noes” hay que darlo por perdido?

Aquí va un post con alguna de mis reflexiones al respecto. Tenía un esquema pensado en 2015 y cuando lo retomé hace unas semanas para ponerme con este artículo vi que no me servía casi nada. Os confieso que es un tema sobre el que me gustaría pensar más —porque, quién sabe, de aquí a 6 años podría escribir algo diferente a esto— así que ¡estaré encantada de leer vuestras opiniones y experiencias!

Lo que esté en tu mano, hazlo

Si te gusta mucho la otra persona, ¿por qué no lanzarte a pedirle un café?  Hay que ir preparados para el no, pero también para el sí. Y haberte lanzado ya es un paso. Incluso aunque la respuesta sea “no” creo que eso es mucho mejor que esperar meses y meses de indirectas, de miraditas, de «ay, me ha contestado a un story», de «a ver si coincidimos en el cumple de Rigo dentro de tres meses y entonces…». 

En algunas situaciones podemos notar con bastante certeza que la atracción es mutua y pensar «¿Y por qué no mueve ficha?». Eso mismo puede estar pensando el otro de ti. ¿Por qué no mueves ficha tú? Tal vez tengáis los mismos motivos. Y si es por miedo al rechazo, a fracasar, o algo parecido… pues el miedo se vence siendo valientes, ¡así que a por ello!

Si has conseguido un primer café y te lo has pasado bien… ¿por qué no repetir? Recordemos la importancia de la sencillez

Mi consejo es esperar un poco a ver si es la otra persona la que da el paso en esa situación; así también se puede intuir si para el otro ha sido un buen rato, si puede estar interesado en volver a quedar… Si pasa el tiempo y nada… ¿por qué no llamas tú? Obviamente también puedes decidir no llamar, pero entonces tiene que ser un acto de desprendimiento total de ese posible “fiche”. Si vas a hacer un «Si él no llama, yo ya paso», que sea un “paso” de verdad, no un comerse la cabeza, sufrir inútilmente y angustiarse por un rechazo que ni siquiera se ha producido (al menos no explícitamente).

El amor no se mendiga

Cuando te gusta alguien y estás en el “ahí ahí” de no saber si es un amor correspondido, de si lanzarte a pedirle un café —por primera vez o segunda o tercera—, es importante no perder la cabeza y no sufrir innecesariamente.

El enamoramiento tiene algo de obsesión, de solo pensar en el otro, de que todo te recuerde a él, de verlo en todas partes, el mundo entero te habla de la otra persona y parece que eso solo contribuye a alimentar esa fijación. Forma parte de la dinámica del enamoramiento, pero no hay que dejar que se desboque. Tenemos corazón, pero seguimos teniendo cabeza y libertad aunque el flechazo nos haya dado fuerte. 

Una chica le cuenta a Dear Katy sobre un chaval que le escribe mucho pero no tiene ninguna iniciativa en persona. Parte de la respuesta de Katy es esta: «No te desesperes: necesitas tener una vida satisfactoria fuera del deseo de llamar la atención de ese chico. Que no sea lo único en lo que puedes invertir tu tiempo. Persigue tus sueños, disfruta con tus amistades, con tu trabajo o tu estudio. Si no tienes más vida que únicamente esperar a ese chico, entonces le estás dando lo que quiere sin que tenga que esforzarse». En resumen: no parecer desesperada, pero no por aparentar sino porque realmente no estés desesperada.

Además, empezar a mendigar amor por una persona en concreto te mete en una pendiente resbaladiza en la que es fácil que acabes mendigando amor en general, te vale cualquiera que te haga el caso que quieres… En una situación así, tus estándares se tambalean —o se evaporan, directamente—, pierdes de vista lo que vales —vales alguien que te quiera incondicionalmente— y acumulas papeletas para acabar en una relación de novio/a oprimido/a.

En segundo de la ESO en mi cole era ya una tradición el baile al final de una semana cultural, muy esperado, sobre todo por las chicas. Yo, en particular, lo llevaba deseando desde que lo había vivido mi hermana (6 años mayor que yo), un deseo avivado por las pelis de institutos americanos con bailes de promoción, patitos feos que acaban con el guaperas de turno, etc… [inciso: para que luego digan que Disney ha hecho daño a las relaciones, ¡esas pelis son las culpables!]. Total. Que llegó el día. Yo llevaba toda la semana deseando que Pepe me sacara a bailar. Empezó a sonar la última canción, la lenta. Pepe no hacía ningún movimiento. Algunas parejas se lanzaron a la pista. Yo me empezaba a poner nerviosa. Miraba de reojillo a Pepe. Nada. Pasaban los minutos. Al final lancé al aire, tímidamente, una pregunta, esperando que el susodicho se diera por aludido: «¿Quién se anima a bailar?». ¿Y qué pasó? No sucedió como en las pelis. De la nada apareció Paco, un chico majete, de otra clase, pero que no me interesaba nada… y dijo: «¡Yo!». Así que sí, acabé bailando con Paco. Hubo pitorreo en el cole durante unas semanas pero la cosa no fue a más (menos mal). Y yo aprendí. Si quieres salir con alguien, pero al final por tratar de conseguirlo te cuelgas un cartel luminoso de “disponible” y vas un poco con el corazón en la mano a ver quién lo quiere… pues corres el riesgo de que se lo acabe llevando el primer espontáneo que aparece por ahí y dice «¡Yo!».

¿Qué hacer después de un “no”?

A veces sufrimos porque nos instalamos en la fase “amor platónico”, nos quedamos enganchados en el “amor imposible”: «Te seguiré amando aunque no me quieras», «Te querré siempre aunque me hayas dicho que no quieres nada conmigo», «Te esperaré aunque estés con otro/a»…

Eso nos puede causar un sufrimiento poco sano —que lo intentamos disfrazar diciéndonos que el amor duele…—. Hay formas de amor que no requieren de la reciprocidad, pero el amor del que hablamos aquí —el que inicia un noviazgo con vistas a un matrimonio— sí necesita de ella, si no… no hay nada que hacer. No hay amistad si uno no quiere —yo puedo seguir queriendo mucho a un amigo que ha decidido distanciarse pero, estrictamente hablando, en esos momentos no se da una amistad—. Del mismo modo, no hay noviazgo ni matrimonio si uno de los dos no quiere.

Hay que saber encajar los golpes, darse un tiempo para llorar si es necesario —mantita, tarrina de helado y peli lacrimógena—… pero no podemos quedarnos lamiéndonos las heridas. 

¿Insistir? Cada uno que haga lo que quiera y vea que es mejor. Conozco casos de perseverancia que han acabado en un éxito feliz. Pero así de entrada no lo recomendaría. Conozco más casos de mucho sufrimiento inútil por insistir contra toda esperanza, por darse una y otra vez con la pared… Insistir y mantener esperanzas cuando el otro te ha dicho repetidas veces que no o ha mostrado cero interés te hace estar demasiado centrado en esa persona y dejas de ver a otros alrededor… y eso es un problema. Puede haber gente maravillosa cerca y tú por empeñarte… no ves más y te acabas creyendo que esa es “la” persona, que no podrás ser feliz de otra manera, etc etc etc.

Pero a veces no hay un “no” claro…

También hay algunos que lo que les pasa es que les encanta tenerte ahí, disponible, pero ellos sin mojarse. Son los que luego, cuando desvías el foco de atención empiezan a demostrar un interés insospechado (también se da de chicas a chicos). Personalmente, no me fío mucho de esos arranques tipo niño pequeño que solo le interesa su juguete abandonado cuando de repente ve a otro niño haciéndole caso. El perro del hortelano de toda la vida, vaya

Si no se ha dado un “no” claro pero tampoco un “sí”, si tú ya has demostrado tu interés varias veces y el otro sigue sin mover ficha o mueve medias fichas y no es muy claro… puedes o directamente olvidarte (pero olvidarte de verdad, como decía antes) o hacer un último intento y probar a poner las cartas boca arriba: «Oye, me interesas como algo más, ¿tú qué sientes, qué piensas? Si es que no, pues nada, ciao pescao, pero si es que sí, ¿qué te parece si nos ponemos un poco en serio con esto en vez de marear la perdiz?». Ya sé, romanticismo menos cero, pero mejor eso que sufrir sin sentido.

A veces parece que nos quedamos enganchados a esas personas que nos han rechazado. No sé explicar por qué mecanismos psicológicos pero nos pasa. Lo he vivido en ambas direcciones; lo he visto en amigos y en amigas. Todos estos movimientos en este acercarse, alejarse, pedir, no pedir, pensarlo, darse un tiempo… lo ideal es que vayan acompañados de una sana independencia afectiva, algo que es tarea de toda la vida, no hay que agobiarse, y que a algunos nos puede costar más que a otros. Pero hay que aprender a soltar

Los tiempos, la seducción y la conquista

Cada vez soy más partidaria de apostar por la sencillez y la claridad en las relaciones chico-chica, pero entiendo que es normal que, en esos primeros momentos de conocer a alguien se dé un cierto “juego de seducción”, de conquista, con su emoción, su intriga, sus incertidumbres… okey, vale. Pero cuando ese cortejo nos empieza a hacer sufrir malamente, o nos lleva a empezar a jugar con las personas por no ser claros en nuestras intenciones… se vuelve dañino y es mejor optar por la sinceridad. Sobre todo porque según la EPA (Experiencia Propia y Ajena), esta sinceridad previene malentendidos, comeduras de cabeza y hacer daño con mayor o menor culpa.

Es verdad que hay que contar con los tiempos de cada uno y las maneras de ser, y no pasa nada si quieres asegurarte un poco una respuesta positiva antes de lanzarte a pedir un café, de hecho, creo que es un buen modus operandi. Hay muchas maneras en las que puedes ir mostrando interés por la otra persona y con eso valorar cómo reacciona, si hay feedback.

Por otra parte, el “no” como táctica para espolear las ganas del otro no me termina de convencer. Durante mis primeros años universitarios una amiga me pasó una canción como consejo, todavía ahora me causa sentimientos encontrados su letra: «Dime que no / Me tendrás pensando todo el día en ti / Planeando la estrategia para un sí / Dime que no / Y lánzame un sí camuflajeado / Clávame una duda y me quedaré a tu lado». 

Por una parte creo que esto puede funcionar así en la realidad, sí, pero ¿es la mejor forma de relacionarnos? ¿Qué tipo de amor es el que necesita siempre una sensación de “voy a traspasar este límite” para moverse, para hacer algo? No parece que sea una dinámica sostenible en el tiempo si lo que queremos es una relación madura, serena, de amor del bueno. 

Por otra parte pienso que a veces hay motivos para decir que no, que son válidos y comprensibles, pero en este caso no es el no como estrategia, no es hacerse de rogar por hacerse de rogar, es ir viviendo unos tiempos en los que no hace falta correr, quemar etapas, es ir tomando decisiones libres y conscientes, no al ritmo de lo que marcan las emociones y los sentimientos del momento. Por ejemplo: si quieres aclararte con tus sentimientos antes de darle esperanzas a la otra persona, si tienes una ruptura muy cercana que aún duele, si en ese momento no estás pensando en comenzar una relación…

Hay otra frase de la canción que os decía antes que veo con menos desconfianza: «Que si se pone fácil, el amor se hace frágil y uno para de soñar». Esta idea la compro, si nos referimos a no mendigar amor, a no ir con el corazón con su letrero luminoso de “disponible”, mirando a los ojos de todos los que me cruzo como diciendo «¿Quién me quiere a mí?». No se trata de hacerle pasar al fiche las doce pruebas de Hércules, ni de adoptar una actitud de damisela medieval en su torre de marfil, pero sí de estar atento a las señales, sobre todo para evitar dolores evitables: ¿el otro tiene interés de verdad por mí o soy solo un nombre en una check-list interminable? ¿Cómo está demostrando ese interés?

Hombres y mujeres no nos enamoramos igual, vivimos ese proceso de manera diferente (generalizando), y esto es algo a tener en cuenta en esta etapa. En mi año preuniversidad una amiga me compartió dos de sus teorías —realmente la misma teoría con dos versiones—:

Versión gráfica lineal:

  • La línea vertical es el grado de emoción/enamoramiento cuando conoces a alguien.
  •  La línea horizontal es el tiempo.
  • La línea verde es el proceso que suelen seguir los chicos.
  • La línea amarilla es el proceso que suelen seguir las chicas.
  • Interpretación de la gráfica: muestra una dinámica en el caso de un chico y una chica que se gustan; la emoción del chico suele dispararse en poco tiempo, sube rápidamente, está en la fase de «por ti iría al Polo Norte en pantalón de deporte». Y así de rápido como sube su emoción, puede iniciar el camino de bajada si no considera que hay suficiente interés o correspondencia por la otra parte. Las chicas vivimos el proceso, por lo general de manera diferente: tenemos nuestros picos, podemos ir en ascenso pero dentro de eso tener varias subidas y bajadas de diferente intensidad, «sí, me gusta, pero…», «no sé si me gusta», «¿me gusta o es solo cariño?», «¿me gusta o es solo atracción física?»… Por nuestra cabeza y por nuestro corazón van apareciendo preguntas que nos pueden crear dudas —muy razonables, por otra parte—, y vamos subiendo en ese enamoramiento, también según le vamos conociendo más… Pero ¿qué ha pasado en esta gráfica? Cuando la chica ha llegado al punto de emoción máxima, el chico ya va de bajada, ha perdido el interés, ya no iría al Polo Norte ni a la tienda de la esquina… y esto enlaza con la siguiente versión de la teoría de mi amiga.

    Versión que llamo “rueda de hámster”

    Comienza el proceso de seducción/conquista. El chico está ya montado en una rueda que gira y gira. Él corre, todo motivado, manteniendo la rueda en movimiento. La chica mira desde tierra. Le encanta contemplarle, le emociona imaginarse a los dos ahí, corriendo juntos, un proyecto común, pero aún no lo tiene claro, no se siente lista, quiere conocerle más, no quiere irse dando golpes a lo tonto. Él la va animando: «Venga, sube. Vamos, que sí, que estoy aquí. No me voy a ir a ningún lado…». Pasado un tiempo ella se lanza. Ojalá sea por propia decisión y no por insistencia del otro. Pero, si ese momento coincide con la curva descendente de él… de repente ella ve con horror que él se baja de la rueda, y la que se queda sola, motivada, haciéndola girar… es ella, y con el corazón destrozado. «Ey, que tú empezaste esto, no me dejes tirada». Pero así ha sucedido.

    ¿Siempre pasa así? No, menos mal. ¿Hay algo que podemos hacer para que las dos líneas coincidan en el mismo nivel, o parecido? Sí, claro, por eso tenemos libertad. Y aquí es donde cobra importancia el respeto a los tiempos propios, no forzarse a algo porque sientas que “ya toca”, o “a ver si se le va a pasar la emoción”…  También es clave  conocer los tiempos del otro, y combinar paciencia —si crees que vale la pena esperar a la otra persona— con claridad y sencillez

    Un chico impaciente que no está dispuesto a esperar, a esforzarse un poquito, a entenderte en tu momento… pues tal vez lo mejor que puede pasar es que se pire; si no es capaz de construir sobre ese sentimiento y vive a golpe de emociones… aún le queda un trecho por crecer. Una chica que parece la montaña rusa con más loopings del mundo y que después de dos siglos no es capaz de aclararse ni consigo misma… pues tal vez tenga que trabajar algo de sí misma antes de empezar una relación. 

    Tú vales todo, vales alguien que te quiera incondicionalmente. A veces hay que arriesgar, a veces hay que ser paciente… pero nunca hay que sufrir de forma inútil. No tengas miedo de pedir claridad y sencillez a tu crush. No tengas miedo de ser claro y sencillo. Luchar por amor no es mendigar amor. 


    Cuando estaba terminando de escribir el post me encontré con este vídeo de The Culture Project que creo que da buenas ideas partiendo de nuestras maneras distintas de vivir el proceso de las citas. La chica del vídeo destaca la importancia de la claridad; de pedir una cita a la cara y de tener esas citas con un propósito, no simplemente “por pasar el rato” (dos aspectos que os contaba aquí); de que a las chicas nos atrae la valentía de un hombre que se lanza y se expone al posible rechazo en vez de marear la perdiz. Hacia el final, afirma que a los hombres les han vendido la mentira de que para ganar el amor de una mujer tienen que realizar gestos grandilocuentes, pero no es así: lo que marca la diferencia es la claridad en las palabras y en las intenciones.

    Y os dejo otro vídeo con el que me he topado antes de subir esta entrada, por si os da más ideas: Making the First Move


    Foto de Jonathan Pendleton en Unsplash

    2 comentarios en “El amor se lucha pero no se mendiga

      • Luzmaral dijo:

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