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Una segunda virginidad es posible, si sabes cómo

En «Sexo de verdad (o por qué esperar al matrimonio)», el último punto era una pregunta clave: «¿Y qué pasa si no has esperado pero te habría gustado?». En este post voy a intentar profundizar un poco más en este tema de la segunda virginidad. Como ya adelanté entonces, «siempre estás a tiempo de esperar. Las segundas oportunidades existen y en el amor del bueno caben hasta las enésimas».

Tanto si sois unos novios viviendo vuestra segunda virginidad conjuntamente, como si acabas de dejar una relación que iba torcida en este punto y te propones que para la siguiente sea diferente, o si ya no eres virgen y tu pareja sí y quieres esperar con ella —o, al revés, tú eres virgen y tu pareja no, y queréis esperar juntos—, espero que estas líneas te den algunas ideas.

1. No olvides que vale la pena

Refuerza tus argumentos para la decisión que has tomado. Lee, aprende, habla con gente que pueda apoyarte en este camino. Busca ejemplos, cerca o lejos, donde sea, de que vivir así es posible. Como dice Ana Samuel, la directora académica de CanaVox, en nuestras vidas necesitamos teoría y testimonios porque «los estudios apelan al intelecto y nos forman, y las historias apelan al corazón y nos inspiran».

2. No desesperes

Puede que vivir la segunda virginidad cueste más que la primera. Porque nuestros cuerpos tienen memoria y porque la repetición de actos desarrolla hábitos. Haber “cruzado la línea” dificulta las cosas —por eso es recomendable no cruzarla— pero, si ya lo has hecho, eso no implica que todo esté perdido. ¡Ni mucho menos! Ser consciente de que es posible y de que puedes conseguirlo aumenta las probabilidades de éxito en tu propósito. Empezar la lucha con una mentalidad de “total, no va a servir para nada, ya me conozco, no puedo con esto…”, no augura nada bueno. Cualquier batalla por la madurez de uno mismo tiene que darse desde un punto de partida positivo, desde una esperanza fuerte y una sana autoestima. Esperar al matrimonio para tener relaciones no es un objetivo para vidas perfectas, como explican en este vídeo: esta decisión va sobre hoy, sobre las elecciones y decisiones que tomas hoy, teniendo en cuenta siempre que tu debilidad y tus caídas no definen quién eres.

3. Conócete. Conócele

Conócete tú a ti mismo. De un modo global, y, en el caso que nos ocupa, en cuanto a tu manera de vivir la sexualidad. Cuáles son tus convicciones sobre este tema, cómo reaccionas ante diferentes situaciones, qué cosas no te ayudan en tu propósito y qué cosas sí. Y, con este conocimiento propio, actúa en consecuencia. Sería ingenuo e inútil dirigir tus pasos hacia una pendiente resbaladiza diciéndote las típicas frases de: «Esta vez no pasará», «Ya he aprendido», «Yo controlo…». El optimismo y el realismo deben ir de la mano. Y no es tan grave reconocer dónde tenemos nuestro talón de Aquiles. Más bien, reconocerlo y vivir conforme a ello es parte de la madurez.

Si estás viviendo tu segunda virginidad en una relación, es importante también que conozcas bien al otro. Y, como comentaba en «Ideas para vivir una sexualidad satisfactoria en el noviazgo», conocer asimismo «cómo se funciona en común. Decirse con sinceridad y sin tabúes raros qué cosas os ayudan a amaros de verdad y qué cosas no. Hablarlo». Vivir tu/vuestra segunda virginidad no puede ser una lucha titánica que consuma vuestras energías. Tenéis que hablar lo necesario para aseguraros de que estáis los dos apuntando en la misma dirección, de cómo os vais a ayudar y apoyar mutuamente cuando el otro tenga un momento de no-lo-veo-tan-claro, pero sin que sea un motivo de discusión continua.

4. Unos objetivos y un plan de acción concretos y realistas

A tu intención general de volver a esperar hay que darle forma. “Esperar” es tu objetivo, ¿cómo vas a alcanzarlo? Tener un plan de acción te ayudará a llegar donde quieres llegar. El amor es creativo y encuentra maneras de solucionar obstáculos. Muchos de los aspectos que te propongas pueden constituir metas útiles y concretas del tipo «no voy a volver a ponerme en esta situación», «voy a decirle que deje de acariciarme la oreja porque es que entonces ya no hay nada que hacer…»— . Cada uno que piense los suyos, los que os van bien a los dos, aunque por lo general, hay algunos aspectos más o menos comunes; como que la EPA avala que en un 99,9% de los casos dos personas que se quieren mucho, a las 3 de la mañana, solas, en un coche, no están hablando sobre la teoría hilemórfica de Aristóteles.

Que estas metas se formulen en negativo no quiere decir que esto se trate de reprimirte —no va de eso—.  Por eso es importante no perder la idea de fondo: ¿Por qué quieres vivir una segunda virginidad? Para aprender a amar más y mejor, con el alma y con el cuerpo y con todo tu ser. Y aprender a amar así se construye en múltiples ocasiones no solo en los momentos críticos, ni en los momentos de debilidad. El foco es que quieres amar más y mejor a quien puede ser tu compañero de por vida, que tal vez sea quien tienes enfrente o tal vez aún no lo hayas encontrado, pero amar a alguien implica querer su bien, incluso aunque aún no le conozcas. Si tienes pareja, además, eso se concreta en muchísimos aspectos: acciones de pensar más en el otro y no ir solo a tu bola, aprender a comunicaros cada vez mejor, pensar en su felicidad, ser rápidos en pedir perdón… Y, entre esos actos de amor: el de apoyaros mutuamente en la decisión de esperar, idea que enlaza con el siguiente punto.

5. Esta decisión va a mejorar vuestra relación

Garantizado. No hagáis ni caso a quien os diga cosas tipo «Si dejas de acostarte con él, te va a abandonar» (una idea falsa además de machista). El cambio que notaréis en vuestro noviazgo es 100 veces mayor que la mejoría experimentada después de dejar de discutir por whatsapp. Al final se trata de apostar por un amor sin remordimientos, como cuentan Jason y Crystalina Evert. Un amor sin miedos, sin tener que plantearte preguntas tipo «¿qué pasa si le he dado todo lo que no había dado a nadie antes y se va?», «¿y si lo único que nos une es el sexo?», «¿seré capaz de dejarle si veo que las cosas no funcionan después de toda esta intimidad compartida?». Un amor libre, sin dejar que te condicionen las decisiones tomadas o el efecto de las hormonas.

6. Siempre se está a tiempo

Nunca es demasiado tarde. Enhorabuena si estás en tu segunda virginidad. A tope con ello. También a tope si es tu tercera o decimonovena. Lo dicen muy bien los autores de Una decisión original:

«La virginidad no se limita a un dato fisiológico, a la presencia del himen en la mujer. Es una realidad profunda, que consiste en reservarse para una entrega plena y verdadera. Podéis haber entregado en alguna ocasión vuestro cuerpo; pero, si no ha sido expresión mutua de un amor definitivo, eso no significa que hayáis perdido vuestro tesoro para siempre. Estáis a tiempo de reservaros ese gesto del cuerpo hasta que sea, de verdad, expresión de un amor maduro. Estáis a tiempo de volver a cuidar el don inmenso de que vuestro cuerpo manifieste sincera y verdaderamente lo que vive vuestro corazón»

«El futuro, nuestros planes, lo que queremos hacer, adonde queremos llegar, nos condiciona más que el pasado. Lo que quieres alcanzar, tu fin, es lo que te moldea en primer lugar», como nos explicaba un profesor. Sin olvidar que lo que nos facilita ese empezar de cero de manera real y no solo metafórica es un auténtico arrepentimiento.


Cuando estaba preparando este post, lancé una pregunta en Instagram sobre qué aspectos concretos de la segunda virginidad interesaban más. Casi todos los tenía ya en mi esquema previo y son los que he intentado explicar con mayor o menor éxito arriba. Hubo dos puntos que no había pensado demasiado hasta el momento y, aunque cada uno de ellos da para una entrada única, no quería dejar de, al menos comentarlos un poco:

  • Hombres y mujeres vivimos esta realidad de manera diferente

    Eso no quiere decir que la virginidad femenina sea más importante que la masculina. Para nada. Dejémonos de arcaísmos. Tampoco quiere decir que a una chica le afecte y a los tíos les resbale. No es así. Pero nos ayudará a entendernos a nosotros mismos y a entender al otro saber que nuestra vivencia del lenguaje del cuerpo es distinta. Pensándolo un poco, es normal que a una mujer le suponga más ese darse entera: por cómo funciona nuestro cuerpo, por cómo tenemos integrada nuestra corporalidad con nuestra afectividad y porque lo que arriesgamos en una relación sexual es mucho más. (Interesante para saber más sobre esto el breve folleto de la doctora Grossman: Sentido común y sexualidad).

 

  • «¿Hay que contarle a tu pareja que ya no eres virgen?»

    Fue una pregunta frecuente en Instagram. Esta cuestión se complementa con la de «¿Cómo encajar esta noticia cuando tu novio/a te lo cuenta?». Sobre el primer interrogante, me he encontrado con respuestas diversas. Pero mi primera propuesta sería que sí, que hay que contarlo. Creo que forma parte de la sinceridad que se deben los novios y que se trata de algo que atañe a la relación. Puede que dé igual que no le cuentes a tu pareja que cuando tenías seis años robaste unos chicles, pero aquí hablamos de algo que abarca a toda la persona. Es un dato, no el más importante, pero que forma parte de tu biografía y que ayudará a la otra persona a entenderte más, a conocerte más, y puede que también os ayude a vivir la espera que queréis vivir.

¿Cómo contarlo? Se cuenta una vez, de manera sencilla, sin entrar en detalles, claro. Y ya está. No hace falta volver a hablar del tema. Seguramente no sea algo que se hable en las primeras citas, pero tampoco hay que esperar a que pase una década: escoged el momento adecuado.

¿Cómo acogerlo cuando te lo cuentan? Quien escucha tampoco se pone a preguntar circunstanciales ni se dedica a hurgar. Se acoge con amor del bueno, con comprensión, porque lo más importante, como he dicho antes, no es lo que haya hecho esa persona, sino cómo quiere vivir en el momento presente.

Sobre el hecho de contarlo, os copio lo que me comentaba mi amigo Sergio: «Es un riesgo, como es un riesgo abrirse con otra persona. Creo que la persona que lo asume se expone mucho pero por eso mismo está dando pie a ser querida de una forma nueva y con un amor mucho más profundo».

Y es que, si alguien quisiera menos a otra persona por algo de su pasado de lo que se arrepiente, su amor sería muy pobre.


Foto de Toa Heftiba en Unsplash

Un comentario en “Una segunda virginidad es posible, si sabes cómo

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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