Hay una pregunta que Pablo lleva haciéndome años. Siempre me pareció un detalle de amor y de cariño por su parte. Pero últimamente la preguntita en cuestión me ha estado persiguiendo y quería compartir mis re-descubrimientos con vosotros.
El cuerpo de una madre (parte 2)
En un momento en el que, como sociedad, estamos muy concienciados sobre no opinar sobre el cuerpo de otras personas e intentar romper estándares de belleza opresores, se da una excepción a esta corriente: las mujeres embarazadas (y las de posparto, aunque de eso ya escribí un poco aquí). Por lo visto, de ellas sí que puede opinar quien quiera. Desde un familiar a un compañero de trabajo, una amiga o una señora random que pasaba por ahí. Por algún motivo que desconozco, si estás embarazada, algunas personas se creen no ya con derecho a apearse de la tendencia social de huir del body shaming, sino a renunciar a un mínimo de educación y respeto. Frente a los comentarios negativos sobre el aspecto de las embarazadas, propongo repensar nuestra manera en la que hablamos de ellas, y, un paso más: empezar a piropearlas más a menudo.
¿Es más difícil enamorarse a los 30 que a los 20?
A los 20 todo es más fácil: menos exigencias, más ilusión, cero manías. Conoces más gente, tienes menos miedos y más ganas de lanzarte. La vida aún no te ha dado tantos golpes y creces junto a quien amas. A los 30 hay más cabeza, más filtros… y más cicatrices. El amor puede ser más sereno, sí, pero ya no tan ingenuo o tan impulsivo. ¿Es más difícil entonces enamorarse a los 30? Si es así, ¿podemos hacer algo para que no sea tan difícil?
«No puedo vivir sin ti»: ¿bien o mal?
«Te necesito como el aire para respirar» y otras ideas similares son frases que encontramos en muchas canciones de amor. Algunas voces se rebelan contra esto, queriendo ver reflejos de relaciones tóxicas y/o dependencias dañinas. Pero ¿será verdad que no nos necesitamos? ¿La necesidad es siempre sinónimo de que algo no va bien en mí mismo o en la relación? ¿De qué necesidad estamos hablando?
