Casarse: ideas para saber si es “la” persona

¿Cómo sé que la otra persona es la ideal para casarme? ¿Cómo acertar en esta decisión? ¿Cómo descubro que es él, o es ella, con quien quiero compartir mi vida?

En Próxima estación: noviazgo mencioné cuatro pistas para saber cuándo y con quién empezar un noviazgo. Esos cuatro puntos, con matices añadidos, siguen estando vigentes para descubrir si podéis dar el siguiente paso: casaros. Os cuento:

  • Estar enamorado. Como suelo decir: no nos enamoramos a través de una check-list completada, ni por un razonamiento filosófico. El amor tiene algo de regalo. Si no estás enamorado: no te cases. Pero también: si estás enamorado —si solo estás enamorado— no te cases (os recomiendo pinchar en el enlace para ver el vídeo que explica esta sabia verdad).
  • Que la otra persona sea alguien «que te tire para arriba». Que te haga querer ser mejor, como dice Salinas: «Es que quiero sacar / de ti tu mejor tú». La autora de este artículo explica así cómo supo que su novio era él: «No se trataba de que fuera perfecto, o de que tuviéramos todo en común, ni ninguna de esas razones por las que la gente suele “saberlo”. Yo supe que mi marido era el adecuado para mí porque él me alentaba a ser la mejor versión de mí misma. (…) Y no lo hacía para su beneficio, sino para el mío propio».
  • Compartir un proyecto común. Seguro que habéis oído mil veces la frase de Saint-Exupéry de «Amar no es mirarse el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección». No solo es una frase bonita, sino que es verdad: el enamoramiento es la etapa de embelesamiento y en la que, como cantan decenas de canciones, «I can’t take my eyes off you». Pero para dar el salto a un amor del bueno, hay que ser capaces de levantar los ojos y comprobar si ambos estamos mirando en la misma dirección. Si no, en el momento en que dejes de encontrar el encanto y la chispa de los primeros meses en las pupilas del otro —por rutina, por cansancio, por hormonas revolucionadas—, puede que te des cuenta de que tú estás mirando al este, y la otra persona al nordeste. Puede parecer una pequeña desviación, pero vuestras miradas —y vuestros caminos— estarán abocados a separarse.
  • El noviazgo es para que se termine: o porque os casáis, o porque lo dejáis. En su propia esencia está el hecho de que es una etapa temporal. Lo que pasa es que últimamente el noviazgo está sobrevalorado. Esto no quiere decir que no sea importante: ya sabéis, con las personas no se juega, ni se las «prueba» a ver si funcionan. Si para ti el noviazgo no es un simple pasatiempo, en algún momento la relación llegará a un punto en el que hay que decidir: dar un paso más, o cada uno por su lado. Lo que no tiene sentido es mantener durante meses y años un noviazgo cuyo rumbo no ves claro. [Ya hablaremos en otro post]

¿Qué otros aspectos creo que hay que tener en cuenta para saber si la otra persona es la persona?

  • Cásate si ya has conocido sus defectos —y que sean defectos de los que puedas reírte—. Ya os lo contaba en Nuestras cosillas: todo el mundo tenemos fallos, cometemos errores, acumulamos manías —aunque sean pequeñas—, tenemos nuestro carácter… y tu amante no es la excepción. Si no le ves los defectos: no te cases. Si ya le has visto su peor cara: cásate con alguien cuyos defectos no te causen un estrés permanente. Nadie quiere pasarse 60 años apretando los dientes.
  • ¿Estáis entrenados en el perdón y en el consenso? Los roces, los desacuerdos, las primeras decepciones suelen aparecer con la relación ya en marcha. Por eso el noviazgo es un momento genial para crecer juntos en estos dos aspectos, que son fundamentales en el matrimonio. Despedirse cada día sin haber hecho las paces tras una discusión es uno de los claros enemigos de vuestro noviazgo. No es algo que vaya a mejorar solo. Hay que entrenarse. Si tú —o la otra persona, o ambos— sois de tendencia rencorosa y vengativa, os animaría a explorar la vía del perdón antes de dar ningún paso más. El perdón y el respeto son un must de las relaciones. Lo mismo pasa con el consenso, que no es simplemente ceder. ¿Sabéis llegar a acuerdos ante un conflicto? No solo ante una decisión gorda —que por supuesto— sino en cosas tan simples como elegir la película que vais a ver al cine el viernes. Saber escuchar y acoger la postura del otro —aunque no la compartas—, debatir sin atacar, exponer tus razones y, finalmente, tomar una decisión entre los dos que no hiera a ninguno. ¡El arte del consenso se merece otro post!
  • Que os lo paséis genial juntos. Y que sepáis sufrir juntos. La primera frase del enunciado es sencilla de entender y se da por descontado. La segunda es la que puede resultar un poco más conflictiva pero la E.P.A. ha demostrado (con historias tristes pero también historias bonitas) que es un punto fundamental. Dear Katy lo explica muy bien en este vídeo: «Pregúntate: ¿Puedo sufrir con esta persona? Que el hombre al que entregas tu vida sea alguien que no corre en dirección contraria en los momentos difíciles, sino alguien hacia quien tú quieres correr en esas situaciones complicadas». Si tu novio/novia es encantador/encantadora salvo cuando surge un problema, si tiene complejo de doctor Jekyll y Mr. Hyde, si cuando está muy agobiado con los exámenes ya no está tan cariñoso (todos tenemos nuestros días, pero si es algo frecuente y contra lo que no hace el menor gesto de superarse, preocúpate), si cuando surge una complicación importante hace la avestruz… eso ya dice mucho de él/ella. Y no os recomiendo la vida con alguien así. Creo que esto es parte de ese «Te casas con alguien cuando sabes que estás más seguro en sus manos que en las tuyas» que suele decir mi amigo JR.
  • «Lo importante no son sus cualidades, sino que la otra persona sea capaz de amar». Frase del sabio Jon. Saber amar lo es todo. Se dice pronto, pero cuesta lo suyo. Es de esas cosas que se aprenden por el camino. José María Contreras, en Si de verdad me quieres, profundiza en esta idea: «Lo que uno tiene que comprobar en un noviazgo es su propia capacidad de entrega y la capacidad de entrega de la persona con la que se va a casar. Es decir, si están preparados para quererse. (…) Todo camino de amor es un camino de entrega, funcionen o no los sentimientos. Es muy bueno preguntarnos si nuestras relaciones están centradas en mí o en el otro».

Este último podría ser el primer y único punto del post. Saber amar engloba lo demás: saber sufrir, saber pasarlo bien, respetar siempre al otro con sus cosillas —pero querer que saque su mejor versión—, ser capaz de enterrar el hacha de la discordia de manera —más o menos— rápida, construir una comunicación fluida —de esas que, pasados los años, no necesitan casi palabras—, compartir un proyecto en el que los dos volcáis lo mejor de vuestras vidas.


Foto de cabecera de sept commercial en Unsplash

12 comentarios en “Casarse: ideas para saber si es “la” persona

  1. Juan Cianciardo dijo:

    ¡Gracias Lucía! Pienso que esto que dices sirve sobre todo para detectar los casos en los que él o ella no son. Quizá por idealista o romántico prefiero pensar que cuando él y ella son todos los test sobran. Si fuera como digo, un test para saber si es “la” persona bien podría ser que hayas o no necesitado un test.

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    • Luzmaral dijo:

      Toda la razón, Juan. Muy bien visto. Es verdad que cuando sabes que te quieres casar con alguien, aunque puedes dar razones de por qué le has elegido y quieres pasar tu vida con esa persona, la decisión la tienes clara por algo más que la suma de esos motivos… Creo que voy a añadir algo así al post para dejarlo claro. Jeje.
      Aunque hacerse estas preguntas (o similares) me parece un buen ejercicio de todos modos… porque a veces esa “intuición” de “es él/ es ella” puede que no sepamos si es una verdadera intuición o simplemente ganas o un mero sentimiento, ¿no? ¿Qué te parece? Tú que tienes más experiencia y seguro que conoces casos diferentes, me fío mucho de tu criterio.
      ¡Gracias por comentar!

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      • Juan Cianciardo dijo:

        Me parece que tienes razón, y que eso que prefiero pensar sirve sólo a algunos. Hay otros que encuentran la seguridad luego de tener muchas dudas. Influye quizá la edad, el temperamento, ser varón o mujer…
        Otras cosas que quizá ayuden a quien pasa por un período de dudas: a) tener en cuenta que por su transitoriedad consustancial todo noviazgo tiene un costado tormentoso: pende sobre él como espada de Damocles la posibilidad constante de no ser…; b) por esto mismo, el amor matrimonial tiene poco que ver con el del noviazgo: la entrega incondicional no es ése amor del noviazgo reforzado, es otro amor distinto, incomparablemente distinto (¡que hoy permanece casi oculto, porque pocos se casan, y de los que se casan pocos se casan así, sin condiciones!); c) factores para analizar o descomponer aquello que hizo que te enamoraras, por orden de importancia: que vea las mismas cosas buenas que tú ves, que te sorprenda intelectualmente, que te guste físicamente. Si alguno de estos factores no apareció o desapareció… Quizá es que no es.

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      • Luzmaral dijo:

        Wow. ¡Buenísimo comentario, Juan! Muchas gracias por compartirlo en el blog. Los tres puntos que enumeras son como para enmarcar. ¡Gracias mil!

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Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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