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Hacer el amor: conversaciones para uniros más

¿Hablar sobre sexo? ¿No es la manera definitiva de quitarle todo romanticismo y espontaneidad al asunto? Esther Perel comenta que los hombres y las mujeres a veces caen en la trampa de pensar que si hay que hablar sobre este tema eso significa que no hay buena conexión sexual: «¿Qué tal si lo repensamos? ¿No tiene más sentido que si sientes que puedes comunicar de manera abierta y con confianza lo que quieres eso es un signo verdadero de una buena conexión sexual?». La comunicación sirve para conocerse sin miedo, y esto, como dicen en "Sexo para inconformistas", ayuda a que los dos estén relajados «ya que no se tiene que fingir lo que no se es».

Hacer el amor: cantidad o calidad, falta de tiempo y fijación por el placer

El sexo es bastante sencillo: pero sacarle todo el potencial que contiene por diseño, vivirlo de una manera que nos haga querer más y mejor, disfrutando con todo nuestro ser, que nos sintamos queridos, deseados, acogidos, en cada centímetro cuadrado de piel y de alma… eso no sale solo. Una vez desterrado el mito de la espontaneidad, convencidos de que el tiempo es un aliado y de que podemos construir el deseo, podemos encontrarnos con otras cuestiones para resolver: ¿mejor cantidad o calidad? ¿Qué hacemos ante la falta de tiempo? ¿Cuál es el papel del placer en nuestras relaciones?

Hacer el amor: el mito de la espontaneidad y cómo construir el deseo

Las películas nos muestran relaciones sexuales “perfectas” (según ciertos estándares): surgen espontáneamente, a los dos les apetece al mismo tiempo, en general siempre están disponibles y con energías suficientes para ello (por eso es muy fácil que surja en cualquier momento y lugar y que un pestañeo o una leve caricia sea la chispa que prenda todo). ¿El truco? Es ficción. Vale, ¿entonces fuera de las pantallas estamos abocados a lo contrario? No, para nada. Pero hacer el amor, como un buen baile en pareja, no se improvisa.

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Apadrina a una madre (primeriza o no)

Hay circunstancias tan variadas como madres en el planeta, eso es verdad. No todo el mundo tiene cerca y disponibles a las familias de origen (que suelen suponer un apoyo en estos momentos). Los permisos de paternidad van ampliándose (al menos en España) y eso facilita afrontar el posparto de manera muy diferente a cuando te veías sola con una nueva criatura a las dos semanas de haber dado a luz. Pero sea como sea, incluso con abuelos hacendosos y maridos totalmente volcados, creo que poder contar con una red de apoyo (amigos, vecinos...) es algo que no deberíamos perder. Desde mi primer hijo, llevaba dándole vueltas a una idea que llamo «Apadrina a una madre primeriza». O aunque no sea primeriza, porque puede que también lo necesite. Os lo cuento en este post.