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8 + 12 ideas de conversaciones para el tiempo amorfo

Definición de tiempo amorfo:

“tiempo amorfo” = ese limbo de una relación en la que sois más que colegas pero aún no-novios 

El tiempo amorfo es una etapa en la que, como os contaba en este post, es mejor no eternizarse ya que por definición, es temporal: el conocimiento mutuo que vais ganando os tiene que llevar a decidir si la relación pasa a la siguiente fase o dais un paso para atrás. No hay una duración ideal, cada persona es única y en cada circunstancia puede necesitar unos tiempos u otros. Lo importante es ser sincero (con uno mismo y con el otro) sobre las intenciones, y saber que si estamos aún en ese limbo no es por cobardía ni por cualquier excusa barata (os hablo más de esto en el post). 

En medio del enamoramiento y las emociones que suelen acompañar esta etapa, hay que meter cabeza y voluntad para ser conscientes de que también es el momento para conocer más al otro y darnos a conocer a nosotros mismos.

¿Cómo crecemos en ese conocernos? Una de las grandes herramientas a nuestro alcance para esto es la comunicación. De la comunicación en el noviazgo y en el matrimonio he hablado ya varias veces (temas para antes de casarte, cómo fomentar conversaciones calidad, cómo aprender a discutir y a tomar decisiones), pero, como me comentó una chica por Instagram hace unos meses, faltaba un post sobre ideas para las conversaciones en el tiempo amorfo. ¿De qué hablamos? ¿Cómo? ¿Cuáles son los temas que sí o sí tienen que salir?

En este artículo os comparto primero 8 ideas marco, más generales, y después, 12 cuestiones más concretas, fruto de la EPA (Experiencia Propia y Ajena). 

8 IDEAS MARCO

Intenciones claras, relaciones sanas

En un artículo para Revista Centinela escribí, a propósito del hardballing (podríamos traducirlo como “tener citas con intención”):

La comunicación deficiente alimenta expectativas con una base hecha de humo. Si las relaciones sanas se construyen sobre el aprender a ser expertos en el otro, y para conocerse la comunicación es clave, anclarse en la ambigüedad es como estar construyendo sobre arenas movedizas. Así se explican no solo las frustraciones —al ver las expectativas desvanecerse— sino también la desconfianza: una mirada de sospecha hacia el otro y un escudo siempre preparado protegiéndose a uno mismo.
Con este panorama, es más que comprensible que el hardballing sea tendencia. Y, a la vez, supone un signo de esperanza: nos estamos dando cuenta de que hay otro modo de hacer las cosas. Ante la falta de compromiso y sinceridad, la ambigüedad, los juegos de poder… lo lógico es apostar por la comunicación honesta, clara, serena. Poner las cartas encima de la mesa desde el comienzo no te garantiza que vaya a salir bien, pero sí puede ayudar a vivir el proceso sin dramas, sin agobios, sin presiones.

Además, si la comunicación es clave para las relaciones, qué mejor que empezar a entrenarse para ser los mejores conversadores desde el comienzo. Justo en un momento en que es más fácil que la comunicación fluya, es una etapa especial de descubrimiento del otro, queremos saberlo todo de él y contarle toda nuestra vida… Es una situación ideal para aprovechar el impulso del enamoramiento y ponerlo al servicio de una mejor manera de comunicarse.

Sinceridad no es sincericidio

No se trata de ir con una lista de preguntas como si fuera un interrogatorio policial. Obviamente viene bien saber de qué temas sí o sí necesito hablar con el otro antes de decidir si es alguien con quien puedo empezar a construir un noviazgo.

Por otra parte, también hay que desterrar el mito de la espontaneidad. A veces las conversaciones fluyen (sobre todo, como decía, en esos momentos de arrobamiento) pero también puede pasar que por cansancio, modos de ser, o cualquier otra circunstancia, un día, en una de vuestras citas, la conversación se atasque. ¿Mala señal? No, es lo más normal del mundo. Por eso, tener en mente qué temas de conversación te parece interesante poner encima de la mesa es de gran utilidad. Para no hablar solo del tiempo y de las fiestas y de lo que has hecho o no has hecho desde la última vez que os visteis.

Además, uno espontáneamente puede ser muy hablador, pero a lo mejor es demasiado hablador y no está dando a la otra persona la oportunidad de darse a conocer. O al revés, si uno por naturaleza tiende a ser súper callado y hay que sacarle la información con sacacorchos… pues si quieres que la otra persona te conozca, tal vez tengas que esforzarte por dejarte ver por dentro un poco más. 

Sinceridad con uno mismo

Si estás en el tiempo amorfo quizá antes te has preguntado «¿Qué quiero cuando quiero salir contigo?» (y si no, pincha en el link si necesitas saber más). Es una pregunta que no se contesta una vez y ya para siempre. Me parece interesante tenerla en mente y volver a ella a lo largo del tiempo amorfo.

  • ¿Lo que me gustaba al principio es lo que me sigue gustando?
  • ¿Qué cosas nuevas he descubierto?
  • ¿Esas cosas nuevas me impulsan a ir hacia delante o hacia atrás?
  • ¿Sigo quedando con la otra persona simplemente porque me gusta su compañía y nos lo pasamos bien pero no tengo muy claro adónde vamos?
  • ¿Me gustan muchas cosas de él pero ya he conocido un par de aspectos que creo que nos llevan a que no tengamos futuro?

Estas y otras preguntas que uno se pueda ir planteando en el proceso primero hay que resolverlas personalmente. No se trata de ir actualizando a cada minuto al otro sobre nuestros progresos o retrocesos en nuestra evaluación de la situación común que tenemos, pero sí, por ejemplo, si vemos claro que esto no va a ninguna parte, hablar cuanto antes. O si vemos, al contrario, que el tema “progresa adecuadamente”, hacerlo saber (o directamente, o con gestos y palabras que muestren —estilo show don’t tell— que tu interés es creciente y tus intenciones avanzan).

«Los ogros tienen capas»

¿Os acordáis de Shrek diciendo «Los ogros tienen capas. Las cebollas tienen capas»? Las personas también las tenemos y lo normal (y más sabio) es no desvelarlas todas de golpe. Darse a conocer de forma sincera no quiere decir carecer de filtros y descuidar la propia intimidad, exponiéndola a cualquiera que nos hace un poco de casito. Como os decía en este post, comparando noviazgo y matrimonio, pero que puede servir también para comparar tiempo amorfo con noviazgo: 

«Hay conversaciones, intimidad, tiempos, proyectos y demostraciones de cariño que compartes con tu novio… y hay otro grado de conversaciones, de intimidad, de tiempo, de proyectos y de demostraciones de cariño que compartes con quien ha puesto su vida en tus manos y tú has hecho lo propio con la tuya. No vale la pena quemar etapas, ni vivir lo propio del matrimonio antes del matrimonio. Carpe diem, disfrutad el momento. Esto, entre otras cosas, es bueno porque, si llega el día en que es mejor cortar la relación —y a veces llega, y a veces es lo que tiene que ser—, doler dolerá siempre, pero lo que es terrible es la sensación de: “Nuestros caminos se separan y él se va con cosas de mí que jamás deberían haber sido suyas”»

El punto (no siempre fácil de conseguir) es alcanzar el equilibrio entre sinceridad, naturalidad, prudencia y adecuación al momento de la relación en el que estáis. 

Construir una amistad

Ya os hablé de la importancia de esto en «Mi mejor amigo, pero más que un amigo», así que ahora solo rescato esta cita de Micaela Menárquez en su libro Solo quiero que me quieran: «El proceso de conocimiento del otro necesita tiempo, porque debe madurar como maduran las relaciones de amistad, que requiere un acercamiento progresivo hasta dar paso a la plena confianza».

No solo escuches, mira

El tiempo amorfo y el noviazgo, con sus diferencias obvias, son momentos de una relación en los que la cuestión sobre si sí o si no (si dar el paso al noviazgo o si dar el paso al matrimonio, respectivamente) planea sobre vosotros. Por eso el conocimiento mutuo es tan importante en cualquier etapa (por eso y porque supone sentar las bases para un matrimonio con amor del bueno). Y en este conocerse más es muy importante no solo ser un buen escuchador sino también un buen observador. Me repatean los dichos populares tipo “se llama novio porque ‘no-vio’ los defectos / lo que se le venía encima / lo malo de la relación…”. Eso es justo lo que NO debería ser un noviazgo (ni un tiempo amorfo). Así que no solo te fijes en lo que dice, en lo que cuenta, en lo que comparte contigo, sino también en cómo actúa, cómo afronta lo bueno y lo malo, cómo encaja las contrariedades, cómo trata a sus amigos, a su familia, al camarero, al dependiente de una tienda, cuál es la actitud ante sus estudios o su trabajo…

Apostar por la comunicación cara a cara

Comunicación cara a cara, siempre que se pueda. A lo mejor vivís en ciudades distintas, o en una ciudad grande en la que las distancias complican la cosa. Pero que eso no sea una excusa para apalancarse en el whatsapp. A buscarse la vida. No hay nada como mirar a los ojos, ver cómo se desenvuelve la otra persona pidiendo un café, si pisa un charco o una caca de perro, si de repente recibe una llamada (con una noticia buena o mala). Os hablaba más de esto en «Enamorar sin pantallas».  

A veces, a través de las redes, podemos saber mucho de lo que el otro ha hecho en la última semana o el último mes. En ocasiones podríamos saberlo casi hora a hora: qué ha comido, con quién se ha tomado un café, qué música está escuchando… Sabemos el qué, pero no sabemos el cómo lo ha vivido. Eso solo lo sabremos en una conversación de tú a tú.  

No tienes que saberlo todo

No tienes que agotar los temas, las conversaciones siguen en el noviazgo… y en el matrimonio. Las personas no paramos de crecer y cambiar, y en eso la comunicación es la perfecta herramienta para no dejar de seguir conociendo a nuestro compañero de aventura. Como decía no me acuerdo quién: «Lo más importante es que lo más importante sea lo más importante». Pues eso: elige cuáles son los temas básicos que necesitas hablar con alguien, sobre qué asuntos te interesa conocer cómo piensa, qué quieres saber del otro antes de avanzar en la relación, qué aspectos son claves tener en cuenta para saber si vais en la misma dirección.

Y aquí van algunas ideas concretas…

12 IDEAS DE TEMAS PARA CONVERSACIONES EN EL TIEMPO AMORFO

Avisico: No se trata tanto de una check-list como de una serie de ideas que pueden serviros para estas conversaciones. Cada conversación se parece más a una pincelada de un cuadro que vas componiendo que a pasarse niveles en un videojuego o a hacer un test de compatibilidad. Cada uno que las adapte a su situación, modo de ser, modo de ser del otro y circunstancias. La actitud en estas conversaciones tiene que ser de disfrute. Sí, estás recabando información, pero no eres un detective. Eres alguien enamorado buscando construir un amor del bueno. Así que a disfrutar, sin olvidarse del sentido del humor. 

Cada uno tiene sus prioridades así que según ellas decidirá poner sobre la mesa ciertos temas antes que otros, habrá algunos que sean imprescindibles y otros no… Aquí va solo una selección de algunos de los temas más señalados por la experiencia general:

Empecemos por lo fácil…

Trabajos, estudios, hobbies.

Qué os gusta, dónde os veis trabajando en 10, 20, etcétera años. Qué queríais ser de pequeños. Cuáles son vuestras sanas ambiciones. ¿Cómo entendéis el trabajo? ¿Sois un/a workaholic? ¿Qué os gustaría conseguir en vuestra carrera profesional? También, como decía la canción mega antigua: «A qué dedica el tiempo libre». Aficiones, gustos musicales, de pelis, series y libros, deporte, voluntariado, viajes…

Amigos y familia.

Tal vez los conozcas porque sois del mismo grupo, porque vivís cerca o cualquier cosa. Pero tal vez os habéis encontrado y procedéis de entornos que no se tocan. Sea como sea, resulta muy interesante escuchar al otro hablar de sus amigos y de su familia. Lo que te cuenta sobre ellos, el cariño que ponga (o no)… todo eso da mucha información valiosa. Sí, además, tienes la oportunidad de verle interaccionar con ellos, fenomenal.

Del futuro.

Pero no de un futuro juntos (aún), sino de cada uno. Ya no solo laborales sino en amplio. Inquietudes vitales, sueños, proyectos…

Del pasado.

Esto realmente creo que suele salir casi solo: cuando conocemos a alguien y nos deslumbra es como que, en cierto modo, a ese sentimiento de “quiero estar siempre contigo” se le une uno de “por qué no he estado contigo antes”, y nace el deseo de compartir nuestro pasado con el otro, contarle cómo se llamaba nuestro osito de peluche, aquella bronca de tus padres que no se te olvidará nunca, el día que te perdiste en el supermercado, el primer suspenso… Aquí creo que no hay que perder de vista el punto que comentaba más arriba de que no hace falta desvelar todas las capas de la cebolla en dos conversaciones. Y no cualquiera tiene que conocer tooooooodo tu pasado. Seguramente haya cosas de tu vida que quieras confiarlas solo a alguien de manera exclusiva y no al primero que te encandila. 

De la propia vida, de la propia cotidianidad.

Os lo comentaba arriba así que no me extiendo mucho más: lo importante no es qué ha pasado, sino cómo lo habéis vivido. Un hecho es un hecho y diferentes personas lo podemos vivir de diferentes modos. Conocer las reacciones y los sentimientos del otro ante esos hechos es fundamental. Y darse a conocer. A veces hay que ensayar el arte de preguntar y repreguntar.

Pero no habléis solo de vosotros.

No me refiero a hablar del tiempo ni mucho menos a dedicarse a chismorrear, sino a sacar temas que están en la actualidad, asuntos que tal vez te preocupan, y conocer así qué piensa el otro de eso en concreto, cuáles son los hechos que más le mueven (el cambio climático, el paro, la crisis, las injusticias, la cultura del descarte…).

A veces también surgen conversaciones interesantes a raíz de una película o una serie: «Oye, ¿y tú qué habrías hecho en una ocasión así?», «¿Qué te parece cómo reaccionó el prota?», «¿Te parece normal que esto acabara así?»… Etc. Es una manera natural de conocer sus valores y su actitud ante la vida sin necesidad de ir con el cuestionario en la mano. También de saber si vive centrado solo en sus cosas o si tiene una mirada más amplia. 

«He visto esto y me he acordado de ti».

Un clásico que no por ser un clásico es menos válido. Aquí además estamos demostrando que hemos sido buenos escuchadores de nuestras conversaciones y que lo que el otro nos cuenta nos interesa, porque no solo lo retenemos sino que además damos uso a esa información valiosa, en este caso: enviándole algo (un post, una foto, un artículo, un meme) que nos ha recordado a él/ella. 

«¿Qué plan hacemos hoy?».

En una cosa aparentemente tan pequeña puedes conocer mucho de la otra persona. Si tiene iniciativa, si sabe ceder (o llegar a consensos), si es creativo, si es de los de siempre “no sé, elige tú”… Y también el tipo de planes que le gustan.

Pero también hay que hablar de temas más profundos…

¿Para qué el noviazgo y el matrimonio?

Tal vez no en la primera cita, pero más pronto que tarde hay que hablar sobre cómo entendemos las relaciones, qué significa el noviazgo para cada uno de nosotros y si el matrimonio está en nuestro horizonte. Para saber si estamos en la misma onda o no. «Si esa relación parece que tiene futuro, habla sobre ello cuanto antes. Si esa relación parece que no tiene futuro, ¿por qué estás en ella?», comenta la youtuber Lauren Chen, en este vídeo. No tengas miedo a “espantar” por plantear la cuestión, así en abierto. Si la otra persona se espanta simplemente por tratar este tema, tal vez no era la persona que buscabas.

El lenguaje del cuerpo.

Es un tema de esos íntimos, por eso tal vez tampoco sea para el primer o el segundo café. Pero creo que sí que hay que saber, antes de empezar el noviazgo, cómo entendemos cada uno la sexualidad y el valor que le damos. Y cómo hemos decidido vivir nuestra sexualidad en un futuro noviazgo.

Cuando se da esta conversación quizá nos encontramos que no veamos las cosas de la misma manera. Si eso sucede, creo que hay que ser muy claros y honrados por ambas partes con las propias convicciones y con lo que podemos asumir o no, ceder o no. Puede ser que «Me parece difícil de narices vivirlo como me planteas, no puedo, ciao, adiós» o «Nunca me lo había planteado así ni lo he vivido así. Pero si me explicas más… quiero entender tu punto de vista y vivirlo así contigo, porque creo que vale la pena intentarlo».

Una actitud intermedia que me parece peligrosa es cuando uno no comparte, por ejemplo, la decisión de esperar al matrimonio y tampoco mueve un dedo por comprenderlo ni mucho menos ayudar a la otra persona en su decisión, una especie de: «Vale, tú has escogido esto, pero como yo pienso diferente voy a continuar con mis intentos de cruzar las líneas que vas marcando»; creo que es una actitud peligrosa y poco respetuosa: sé claro, o sí o no. Pero si quieres a la otra persona y la respetas, la quieres con todo el pack, y encaminar tus acciones hacia algo que a la otra persona le va a hacer sentir incómoda, violenta, etc…, que le puede llevar a ir en contra de sus convicciones más íntimas, me parece más bien egoísmo que amor del bueno.
Esta actitud de «sí pero no» se puede dar también en cualquiera de los otros temas que tocan aspectos muy profundos de cada quien. Por eso la sinceridad es importante (con uno y con el otro) y tener los ojos bien abiertos para tomar las mejores decisiones con la información que tenemos. Más vale un «No soy capaz de vivir tu estilo de vida» a tiempo que una postura descafeinada, ambigua, de nadar y guardar la ropa, que al final acaba haciendo aguas por todas partes y creando mucho dolor. 

¿Hablar de hijos? ¿Tan pronto?

Seguramente parezca un tema más para un noviazgo avanzado pero… si después de años y años de relación, sale este tema y descubrís, oh, sorpresa, que tenéis ideas totalmente diferentes… el chasco, el dolor, las decisiones que se puedan seguir de eso… son unos sufrimientos que creo que nos podemos ahorrar si hablamos de esto a tiempo. Obviamente aquí la pregunta no es tanto un «¿Cuántos hijos te gustaría que tengamos?» [en realidad, esa nunca es la pregunta adecuada, como os contaba aquí], sino más bien conocer qué opina sobre formar una familia, si le atrae la idea de ser padre/madre o lo ve como algo prescindible en su vida, etc. Y tener esa información se puede tener de manera indirecta comentando un hecho familiar, algo que habéis visto u oído… o también se puede preguntar directamente en caso de duda, claro. 

Fe.

Cuáles son sus convicciones, si cree en Dios o no, cómo vive su fe (si la tiene), qué importancia le da en su vida y cómo se concreta eso… Si nuestras convicciones son distintas, ¿lo son de tal manera que harán que nuestros caminos se separen en algún momento? (Por ejemplo: uno tiene muy claro que no quiere bautizar a los hipotéticos futuros hijos y el otro sí) O, por el contrario, ¿se trata de diferencias con las que podremos convivir? (Por ejemplo: aunque uno no tenga fe, apoyaría que la otra persona viva su religión de manera coherente). 

¿Qué te han parecido las ideas?

¿Añadirías o quitarías alguna?


Si necesitáis más, os dejo estas 36 preguntas más concretas, desarrolladas por el psicólogo Arthur Aron para un experimento en los años 90 sobre cómo crear intimidad. Os dejo algunas de ellas para que veáis de qué tipo son:

  • Si pudieras elegir a cualquier persona en el mundo, ¿a quién invitarías a cenar?
  • Antes de hacer una llamada telefónica, ¿ensayas lo que vas a decir? ¿Por qué?
  • Para ti, ¿cómo sería un día perfecto?
  • Si pudieras cambiar algo en cómo te educaron, ¿qué sería?
  • ¿Hay algo que te parezca demasiado serio como para hacer broma al respecto?

Foto de Matt W Newman en Unsplash

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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