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7 consejos para elegir tu vestido de novia

Cuando oía a amigas casadas hablar sobre cómo habían elegido su vestido de novia, o leía blogs sobre el tema, había un estribillo recurrente: «Vas a saber que es el tuyo en cuanto te lo pruebes». Así que siempre pensé que sería algo fácil. Pero no. No fue mi caso.

Partimos del hecho de que es el vestido de novia. No se trata de cualquier elección. Puede que hayas soñado con ese momento desde hace 20 años. Quieres ir guapísima para el día del comienzo de tu mayor aventura. Y la inversión que supone no es como comprarte un trapito en Primark. Todos ellos, factores a tener en cuenta.

En mi caso, fueron dos semanas de dudas, de búsquedas por internet tipo «cómo saber que es tu vestido ideal», con whatsapps y llamadas a amigas incondicionales que me aguantaron el rollo, y con un reconcome que no se fue hasta que tomé la decisión. Creo que el único momento real de agobio en la preparación de la boda fue ese. En esos días, hasta lloraba —me río al recordarlo—, y estuve a punto de enseñarle las fotos de las pruebas a Pablo, en un arranque de desesperación e indecisión.

Así que os comparto algunos de mis aprendizajes de todo aquello y fruto de la E.P.A., por si os son de utilidad:

1. Primer punto para no perder el norte, como me dijo mi amiga Lu —una de las que me sufrieron esas semanas—: «De todas formas, el vestido es importante, pero que tampoco se te vaya mucho de las manos, vas a estar espectacular aunque lleves un saco». Pues eso. Novias del mundo, no os obsesionéis.

2. Que seas tú de novia, no tú disfrazada de novia. Para mí este punto fue uno de los más importantes. Lo había visto en otras bodas: lo radiante que está la novia cuando es ella misma. En mi caso, tenía claro desde siempre que quería un vestido con un toque hippie —a mi estilo— y que llevaría una corona de flores. En la primera tienda, apareció uno que, haciéndole unos arreglos, se adecuaba a lo que tenía en mente. Era yo de novia. En la segunda tienda, me probé uno que fue el que desató las dudas: un estilo totalmente diferente a lo que siempre había pensado, pero que me quedaba requetebién, era Sissi Emperatriz en todo su esplendor —y esas pelis me las había vestido decenas de veces y sí, me hacía ilusión “ir de princesa” una vez en mi vida—. De nuevo, uno de los sabios consejos de Lu: «Con el primero dirán: “Oh, qué preciosa va”; y con el segundo: “Oh, qué precioso vestido”». Y yo quería que dijeran lo primero, claro. Semanas después me encontré con una antigua profesora y hablamos un poco de los preparativos, le comenté que ya tenía vestido, a lo que ella dijo: «Te imagino perfectamente: con una corona de flores, y con el vestido así y así, y las mangas así…», ¡y describió mi vestido elegido como si lo hubiera visto! Me pareció buena señal. [La corona de flores la podéis ver aquí]

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Meme que me dedicó Lu en su paciencia infinita

3. Es útil ir con una idea previa de lo que te gusta, haber ojeado algunos catálogos y webs, pero sin obsesión. A no ser que te lo vayas a hacer a medida, cuanto más concreta sea tu idea y más enganchada estés a ella, más difícil va a ser encontrar algo que te convenza. Amplía el abanico y pruébate vestidos que en principio habrías descartado. En mi caso, en la primera tienda la chica dijo: «Voy pasando las páginas del catálogo y me dices si ves alguno que te guste». Nos quedaba menos de un cuarto y yo no había abierto la boca. Le conté a la chica el tipo de vestidos que había llevado a otras bodas, mi estilo en el día a día… y fue ella la que a partir de ahí me enseñó algunos que pensaba que podrían encajar, entre ellos, el que sería mi vestido: «Te voy a sacar este». Yo con cara de cero convencida. Y ella: «Dale una oportunidad».

4. Como dice Séneca: «Las opiniones se pesan, no se cuentan».
Seguramente irás con gente de confianza (madre, hermanas, amigas del alma…) a la búsqueda del vestido. Escucha las opiniones, pero que cada una tenga su valor adecuado. Generalmente, como te quieren, te aconsejarán lo que creen mejor para ti, pero tu vestido no se elige por democracia. En mi casa pedí opinión a todos —varias veces, ¡la paciencia que tuvieron conmigo!—. Había dos bandos: el de sé-tú-misma y el de Sissi-emperatriz. A las voces de tus seres queridos se suman las de las encargadas de las tiendas. Hay dependientas que te aconsejan, te dan seguridad, se nota que controlan de lo que hablan. Hay otras que —sin negar que puedan saber mucho— no te pillan el estilo, te cuestionan tus gustos, y si rechazas de entrada palabras de honor y escotes de espalda hasta la cadera te miran ya raro, y puede que incluso insistan en su empeño: «Con lo bonito que tienes el escote, ¿por qué no lo enseñas?». Sin comentarios.

5. Valora alternativas diferentes. Acudir a una modista puede ser una opción, porque no encuentras nada que te guste en las tiendas, porque no tienen tu talla, porque tu tía cose que te mueres… o, como les pasó a algunas amigas mías, porque organizaban su boda en cuatro meses —prometo post sobre organizar bodas en menos de medio año, temazo— y, en muchas tiendas te dicen que no se comprometen a tenerlo en ese plazo. Una de esas novias acudió a una modista —si optas por diseñadoras conocidas, ten en cuenta que te topas con el problema de los plazos de nuevo (por no hablar del precio…)— y el resultado fue espectacular: en dos meses tenía su vestido, de tela de buena calidad, y a un precio estándar.
Simplemente saliendo del circuito de típicas tiendas de marcas conocidas, tus posibilidades de encontrar un bonito vestido en poco tiempo y a buen precio aumentan. Lo han comprobado varias amigas mías, entre ellas, una que organizó su boda ¡en dos meses! Consiguió su vestido en una tienda de un pueblo, la modista se dio prisa en los arreglos, y en 30 días lo tuvo.
Otra amiga me ha descubierto el mundo de los outlets para estas ocasiones: en el vestido prestado con el que se iba a casar, la mancha de café —casi imperceptible en un primer momento— sacó todo su esplendor después de pasar por la tintorería, un día antes de coger el avión hacia el país donde se celebraba la boda. ¿Solución? Vestido al 90% de descuento en un outlet. Alquiler de vestidos, vestidos prestados o heredados, tiendas de vestidos low-cost… las opciones son variadas.

6. Un vestido para todo el día y toda la noche. Para mí era importante que el vestido además de bonito fuera cómodo, con el que pudiera moverme fácilmente, abrazar y besar a la gente sin tener que hacer contorsionismo, poder desentenderme de si la cola estaba bien o mal colocada, cenar a gusto, bailar toda la noche. No contemplaba la opción de cambiarme —que ahí está para quien quiera— porque me hacía ilusión vivir todo el día B con mi vestido de novia. —Con estas premisas, sumaba muchos puntos el vestido 1 sobre el vestido 2—.

7. Hay algo de intuición. No suele servir de nada hacerse un cuadro con pros y contras para estas cosas —ya lo intenté—, porque, como las opiniones, las diferentes ventajas y desventajas no tienen todas el mismo peso. Con mi vestido fue así: no me convencía en el catálogo, me lo puse, le añadieron las mangas, y pensé: «Soy yo de novia». Mi hermana iba haciéndome fotos, y en las imágenes se ve mi cara de bueno, no está mal, en fin, para nada, con los primeros vestidos y de repente: ¡una sonrisa! Luego vinieron las dudas al ir a la segunda tienda. Pero para terminar de decidirme, volví a la primera, y ahí estaba la sonrisa de nuevo. Una sonrisa que se fue ampliando en cada una de las siguientes pruebas hasta el día B. Tu sonrisa te dirá mucho sobre tu elección.

Novias y novias potenciales: espero que estas pocas ideas os ayuden a que vuestro proceso de elección del vestido para vuestra boda sea feliz y sin agobios —¡ni llantos!—. Ya sabéis que «el fin no justifica los nervios» y que hay que disfrutar de los preparativos de la boda y no morir en el intento.

Novias ya casadas: ¿qué otros consejos añadiríais para ayudar a novias indecisas?


Foto de cabecera por Luo ping en Unsplash

4 comentarios en “7 consejos para elegir tu vestido de novia

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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