barbie-makelovehappen

‘Barbie’: la mujer en busca de sentido

Disclaimer 1:
Siento que no voy a aportar mucho más con estas líneas aparte de lo que han dicho personas expertas que han pensado mucho más que yo sobre la peli, pero espero que os sirva. Os dejo abajo algunos links de referencia.
Disclaimer 2:
Creo que tengo que verla al menos una o dos veces más para seguir sacándole todo el jugo. Os avisaré si actualizo esta entrada. 
Disclaimer 3:
Este artículo contiene SPOILERS de la película.

Barbie me ha gustado. Mucho. Puede que en primer lugar porque siempre fui una niña mucho más de Barbies que de Nenucos y de otros muñecos tipo bebé. No sé cuántas barbies llegué a tener, y jugué con ellas hasta una edad que no voy a confesar —lo que sí os puedo confesar es que jamás sufrí por el hecho de que mi cuerpo no se pareciera al de mis muñecas ni pensé que ese fuera el ideal a seguir, como le han criticado muchos a este juguete—.

El cariño y la nostalgia de la infancia han hecho, obviamente, que disfrutara mucho con las referencias y los guiños de este tipo: la “barbie rara” con la cara pintarrajeada y el pelo mal cortado; el hecho de que, como dice mi amiga Gema, todas sabemos que el verdadero novio de Barbie siempre fue Action Man; todo el universo Barbie recreado tan al milímetro…. Y varias veces me reí a carcajada limpia.

Pero Barbie no es una peli tonta para echarte unas risas. Ni mucho menos. Es una peli muy inteligente. Porque su directora, Greta Gerwig, es muy inteligente. 

Todo es rosa y purpurina en Barbieland hasta que Barbie —la prota— tiene “pensamientos de muerte”. Ahí empieza todo. Gustave Thibon escribió que el ser humano es un ser «que piensa, que ama, que va a morir y que lo sabe». Y eso es lo que caracteriza a las personas: su capacidad de razonar (de filosofar), de amar (de entregarse, de autotrascenderse) y su capacidad de reflexionar sobre su mortalidad (que es una reflexión sobre la finitud, y que lleva a plantearse preguntas sobre el más allá y sobre el creador, pero no adelantemos acontecimientos). Poco más adelante en la peli Barbie dirá: «Me siento como consciente de mí misma».

Mujeres al borde de un ataque de falta de sentido

Barbie también me ha gustado porque, como dice Gema, afronta cuestiones sobre las mujeres millennials (la propia Gerwig es una de ellas y es un tema que ha tratado en otras películas). Las crisis, los interrogantes, el buscar un sitio, la pregunta por el sentido (no es nada casual, por supuesto, la canción del final, de Billie Eilish: «What Was I Made For?» —«¿Para qué fui hecha?»—). 

Barbie representa (nos representa) a toda mujer que en algún momento ha sentido «no me hallo». Justamente de “no hallarse” os hablaba en mi post sobre ser madre de tres, y una de las cosas que más me ha sorprendido y más me ha gustado de los comentarios a ese artículo han sido los mensajes que me han escrito mujeres (de mi generación, o algo más jóvenes también) no casadas y sin hijos que me decían que se habían sentido igualmente reflejadas en esas reflexiones. Porque tal vez esa sensación esté fuertemente vinculada a nuestra generación, independientemente de nuestra situación familiar.

En esa línea, el discurso del personaje de America Ferrera creo que plantea muchas cuestiones con las que podemos sentirnos identificadas. Esas tensiones que hacen que, como os contaba aquí, «nos sintamos a veces como estiradas por diferentes fuerzas en direcciones opuestas. Las que se sienten presionadas porque la tía de turno no para de preguntarles que para cuándo la boda / o el bebé / o el novio; las que están hasta el moño de miradas que juzgan porque te casas muy pronto / has cogido una excedencia / ¿otro hijo más?… Y entiendo que la reacción natural a veces sea enrocarse, y quedarse quietecita en uno de los extremos, cortando amarras todo lo que puedas con el polo de enfrente, para dejar de sentir esa tensión. Pero uf, qué agotador vivir así. Además de ineficaz». 

El camino no es enrocarse. Es enfrentarse con las tensiones, con las contradicciones (aparentes o reales) y es ganar en libertad interior.

Barbie también expresa que hay muchas maneras de ser mujer, que no nos bastamos con unos estereotipos o unas etiquetas. Y que, así como no ganamos nada con la lucha de sexos (luego hablo de eso), tampoco ganamos nada con la lucha entre nosotras.

Eso me recordó a unos fragmentos de Erótica y materna, de Mariolina Ceriotti, que os compartí en este otro post hace un tiempo:

«La envidia nace de un sentimiento de exclusión. Por eso se combate aprendiendo a valorar siempre los dones del otro, y ejercitándose en poner los que uno tiene a disposición de los demás.  […]
»Ninguna de nosotras puede ser perfecta en todos los campos, y está bien que sea así. […] Cada una de nosotras tiene, en cambio, sus dones, sus capacidades, sus inclinaciones y pasiones; y puede, si quiere, ponerlas al servicio de las demás. 
»Esta última posibilidad nace de la solidaridad femenina. […] cada una puede poner a disposición de todas eso de lo que es capaz, al servicio de las demás. […] Es suficiente estar abiertas al intercambio, porque son muy numerosas las ayudas que las mujeres saben y pueden darse mutuamente, en todos los campos, con aquel “plus” de atención y premura que les caracteriza»

Ser humano y el arte de la fragilidad

Vuelvo al tema de la finitud, de la vulnerabilidad. La fragilidad va en nuestro ser persona. Las muñecas no lloran. A la protagonista se le escapa su primera lágrima al poco de llegar al mundo real y comenta que duele pero que a la vez lo siente como algo bueno.

Sentada en un banco en el parque, empieza a mirar a los demás. Es la primera vez que ve a humanos, y en esos segundos recorriendo la panorámica que tiene delante descubre un pequeño compendio de la vida: risas, llantos, enamorados, peleas, familias…

«El mundo real no es como pensaba», dice en un momento. «No lo es», le concede la creadora de Barbie y añade: «¿Y no es eso maravilloso?». Con esto me acordé de mi profesora de Estética en la carrera de Filosofía, María Antonia Labrada, cuando le pedimos el último día de clase que nos dijera algo sabio para la vida: «No tenemos derecho a que las cosas sucedan como las habíamos planeado. Hay que dejar que la vida te sorprenda. Aunque a veces piensas: ¡qué rollo de realidad! Porque a veces la realidad es muy cutre… Pero si aceptas la realidad con toda su cutrez, de ahí puedes empezar a crecer. Y es mucho más apasionante que las cosas sean así».

¿Hay lucha de sexos en Barbie?

La hay. Pero Gerwig se ríe de ella. La parodia. En una dirección y en la contraria. Creo que queda claro que el enfrentamiento y el tratar de imponerse de unos o de otras no es la solución para los problemas de las mujeres ni de los hombres. Que el único camino es ir juntos. En la peli, después de unas idas y venidas, cuando la gobernadora de Barbieland recupera su puesto, y el jefe de Mattel comenta aliviado «Por fin todo vuelve a como era al principio», ella rebate: no, no estamos como al principio. Han cambiado muchas cosas en esos minutos de película. 

«Siento haberte dado por sentado», le dice Barbie a Ken hacia el final de la cinta. Y creo que esa conversación habla de muchas cosas: del perdón (evidentemente), pero también de la complementariedad y de ese peligro constante de dejar de valorar como merecen a las personas que queremos y que tenemos más cerca, muchas veces por haber estado solo a nuestro rollo.

Pobre Ken…

Ken puede caerte mal, y lo entiendo, pero a mí me causa la misma ternura que la Barbie protagonista. Ambos recorren su camino, aunque ella parece que ha avanzado algo más que él; pero no pasa nada, el “the end” no es el punto final. A Ken se le presenta aún tarea por delante (a todos, de hecho). «Tienes que descubrir quién eres», le dice ella. Y a mí me parece una clara alusión al punto en el que nos encontramos de una crisis de la masculinidad, de la que habla María Calvo maravillosamente (por ejemplo, en esta entrevista) y otras mentes pensantes (esta conversación de Serena Sigilo con Richard Reeves es muy buena también). Barbie le dice a Ken que él no es la ropa que lleva, ni sus hobbies… que su identidad es algo mucho más profundo que una serie de convencionalismos externos.

Más sobre el papel de Ken, analizado por Gema Pérez.

La referencia al creador

El viaje de Barbie ha empezado con sus pensamientos de muerte y su visita a la Barbie rara que, cual Morfeo en Matrix, le hace elegir entre seguir con su vida tranquila o ir a descubrir la verdad en el mundo real (aunque, como la Barbie-Morfeo dice, cuando la prota intenta eludir el enfrentamiento con la verdad, realmente «solo hay una opción. Te di dos para darte sensación de control», y es cierto que, si quieres vivir una vida plena como persona, la única opción es enfrentarte a la realidad, buscar la verdad… ahí está la libertad verdadera). 

El viaje de Barbie cierra (comienza a cerrar) con un diálogo precioso con su creadora. Ahora tiene que elegir entre seguir siendo una muñeca o ser una persona. Tendría que volver a ver la peli para captar bien los matices pero diría que este momento más que una elección autónoma (en plan «yo elijo lo que quiero ser en mi vida, sin tener en cuenta nada ni a nadie») es un descubrimiento de la propia identidad. Uno podría acordarse de Pinocho y del hada buena convirtiéndole “en un niño de verdad”, pero aquí estamos ante algo distinto. Barbie descubre su identidad y su sentido en diálogo con su creador. Ver una verdad tan alucinante representada tan acertadamente en una película actual me emociona. Me recordó también al fragmento de la canción de The Cave, de los Mumford and Sons, que hace pensar a Elena, la protagonista de Por donde entra la luz: «Puedes entender la dependencia cuando conoces la tierra del creador». Dependencia, interdependencia, creador, criatura, vulnerabilidad.

Para que no penséis que me he venido muy arriba con esta interpretación de creadora-criatura, os copio una parte del artículo de Gema Pérez,  que, cuando comenta el primer encuentro de Barbie con su creadora, recoge unas declaraciones de la propia directora de la película al New York Times este verano: 

«Ese primer encuentro está recreado en una escena que se le sugirió eliminar, a lo que Greta respondió: “La idea de un Dios amoroso que es una madre, una abuela, que te mira y dice: ‘Cariño, lo estás haciendo bien’ es algo que siento que necesito y que quería darles a otras personas. (…) Si corto esa escena, no sé por qué estoy haciendo esta película. Si no tengo esa escena, no sé qué es o qué es lo que he hecho”».

Puede que las millennials que hayamos jugado con barbies en nuestra infancia disfrutemos especialmente de esta peli, pero no es una peli solo para nosotras. También entiendo que a algunos no les termine de convencer el estilo, el tipo de bromas o el enfoque. Pero independientemente de eso, no se puede negar el valor que tiene. Y que los temas que plantea son parte de una conversación que deberíamos seguir impulsando y enriqueciendo como sociedad. 

¡Espero vuestros comentarios!

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?