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Vulnerables, sí

No siempre amo con un amor del bueno como me gustaría. Me imagino que a vosotros también os pasará. Puede dar corte reconocerlo, pero es la realidad.

En ocasiones somos débiles, nos dejamos llevar por otras cosas, permitimos que el cansancio y el orgullo sean más fuertes, en definitiva, no amamos como estamos llamados a amar. Tenemos defectos y hacemos cosas mal. No todos nuestros fallos son simples errores de cálculo, ni iban todos con buena intención, como escribí en «”No me arrepiento de nada” y otros faroles».

Vulnerabilidad y coherencia

Me ha parecido interesante aclarar esto porque en ocasiones me da la sensación —por comentarios o mensajes a raíz de alguno de los posts del blog o en Instagram— de que alguien puede pensar que yo vivo al pie de la letra lo que escribo. Y no es siempre así. ¡Ya me gustaría!

«Pero, entonces, ¡esto es incoherencia!»

Sí y no. Sería profundamente falsa si no creyera en las cosas que escribo. Pero creo en ellas con toda mi alma. Y es el tipo de amor al que quiero tender. No siempre lo consigo y ahí es donde se cuela la incoherencia, pero una incoherencia causada por la vulnerabilidad con la que las personas venimos de serie. Esto no nos quita la parte de culpa que tengamos, claro, que para eso está la libertad, pero exigirnos —o exigir a los demás— una coherencia perfecta… no es real ni justo.

Si no aceptamos esto, acabamos cayendo fácilmente en algo bastante extendido: ese cierto resentimiento que se mueve con razonamientos como «Creía en el amor para siempre. Yo no lo logré. Así que declaro que el amor para siempre no existe». Hacer de la debilidad personal una norma universal en vez de un trampolín para llegar a ser más, para llegar a ser mejor.

Otro punto interesante relacionado es que nuestros fallos no nos deslegitiman a la hora de poder hablar o escribir sobre lo que creemos. Es verdad que los testimonios, la teoría hecha vida, tienen una fuerza enorme, pero esos propios testimonios, si son reales, tienen siempre heridas, dolor o sombras. No somos pura luz.

«En ese avanzar por la existencia [el ser humano] va reconociendo sus límites y coleccionando heridas, llagas, miedos y resistencias. El hombre es un caminante vulnerable. Pero esta vulnerabilidad, que puede empequeñecerle y como aherrojarle, muchas veces se convierte en gran fuente de realismo, en criterio y jerarquía de valores, en puerta de apertura al otro, en capacidad de dejarse amar y cuidar, gozándose en el hecho de ser un bien para el otro». 

Isabel Sánchez, en Mujeres brújula en un bosque de retos.

Vulnerabilidad y cuidado

Hace unos pocos meses tuve la oportunidad de hablar con Mikel Ostiz preparando un reportaje para la revista en la que trabajo. Mikel, ingeniero y filósofo, es profesor de la asignatura Sociedad e Inclusión en mi universidad. En ella intenta explicar a sus alumnos la finitud y la interdependencia de las personas, todo un reto, creo yo, en una sociedad que valora tantísimo el éxito, la independencia, el control y el brillar. 

Compartió conmigo unas reflexiones a raíz del testimonio que dio en una de sus clases un padre con un hijo con pluridiscapacidad: «El ser humano es un ser tan indefenso, tan indigente, que necesita vivir en sociedad. Las personas con discapacidad tienden a sacar de nosotros las facetas de cuidado y, de esa manera, nos hacen más humanos, porque nos hacen desarrollar lo que necesitamos para sobrevivir: vivir en sociedad y cuidar unos de otros». Mikel añadía que a veces «el cuidado se ve como algo peyorativo, pero todos necesitamos cuidado en algún momento de nuestra vida. Somos seres necesitados en el día a día».  [De interdependencia y vulnerabilidad os hablé también en «Dependencias que te hacen libre»]

«Negar nuestra vulnerabilidad no borra nuestra vulnerabilidad. Simplemente nos aísla entre nosotros, dejándonos solos y sin ancla», afirman las autoras de Theology of Home II. Y añaden: «La ternura es una virtud que nos permite tratar con delicadeza lo delicado. Pero primero tenemos que conocer nuestra propia vulnerabilidad para saber responder con ese cuidado a la vulnerabilidad de los demás».

Todo esto me ha hecho pensar en una de las características fundamentales de los grupos de lectura de CanaVox : «El reconocimiento de nuestra mutua vulnerabilidad»:

«Una parte del espíritu de CanaVox incluye el reconocimiento de que todos hemos cometido errores en el pasado (¡y que aún los cometemos!) y que, en la medida en la que esos errores nos han marcado, pueden darnos no solo una comprensión privilegiada de la verdad, sino también una mayor compasión hacia los demás. En otras palabras, nadie en CanaVox tiene una vida totalmente limpia y nadie debería sentirse fracasado por no vivir de acuerdo con los ideales que estudiamos. Al contrario, en la medida en la que cometemos errores, podemos aprender enormemente de ellos. Creemos en segundas oportunidades y nos animamos unos a otros a vivir nuestras vidas con una mayor integridad».

«Para los participantes en los grupos de lectura CanaVox»

Somos frágiles, limitados; rompemos y nos rompemos; herimos y nos hieren; nos necesitamos… y es precisamente estas carencias con las que venimos al mundo lo que nos lleva a tender puentes unos con otros. Cuando las reconocemos y no intentamos ir de fuertes y controladores nos hacen capaces de aprender, de comprender, de compadecer —en su sentido original de “sufrir con”—, de acoger, de amar.


Aunque esta es una reflexión que sirve para cualquier momento del año, creo que pega de manera especial cuando terminamos un 2020 que no ha sido como ninguno esperábamos

Sobre todo en estos días a las puertas de la Navidad: «También Dios quiso hacerse vulnerable por nosotros. Es uno de nosotros y ha sufrido: no tener casa donde nacer, sufrió persecución, escapar a otro país, un emigrante; ha sufrido la pobreza. Dios se hizo vulnerable. ¡Y por eso podemos hablar con Jesús, porque es uno de nosotros!», según palabras del papa Francisco

Me ha gustado encontrarme con estas otras palabras del papa, de un discurso improvisado, hace un año, que van en la línea de lo que acababa de escribir más arriba: «Venir a pedir ayuda es decir: “Yo soy vulnerable”; y ayudar bien, se hace solamente desde la propia vulnerabilidad. Es el encuentro de heridas diferentes, de debilidades diferentes, pero todos somos débiles, todos somos vulnerables». 

«Cada uno tiene su propia vulnerabilidad, pero el apellido es el mismo: vulnerable. Y esto es grande y hermoso, porque, ¿qué significa? que necesitamos salvación, necesitamos cuidados. Y Dios no nos salva con un decreto. Dios no salva caminando con nosotros, acercándose a nosotros en Jesús. Esto es la salvación».

Papa Francisco, con ocasión del 40º aniversario de la fundación de la Cáritas diocesana en Roma, 29.11.2019

«El Maligno nos hace mirar nuestra fragilidad con un juicio negativo, mientras que el Espíritu la saca a la luz con ternura. La ternura es el mejor modo para tocar lo que es frágil en nosotros. El dedo que señala y el juicio que hacemos de los demás son a menudo un signo de nuestra incapacidad para aceptar nuestra propia debilidad, nuestra propia fragilidad. Sólo la ternura nos salvará de la obra del Acusador (cf. Ap 12,10)»

Papa Francisco. Carta apostólica Patris Corde

¡Feliz Navidad!


Foto de Ksenia Makagonova en Unsplash

5 comentarios en “Vulnerables, sí

  1. Laura dijo:

    Este post me ha recordado mucho a una charla TED que vi en Netflix que habla precisamente sobre la vulnerabilidad. Dejo el título para quien pueda interesarle “El test de Brené Brown”. Es una mujer que estudia la vulnerabilidad del ser humano y como es necesario recordarnos a nosotros mismos, que también somos vulnerables, limitados y con muchos fallos y que solo a partir de su reconocimiento como algo natural como humanos que somos, aprendemos de ellos para mejorar. En definitiva, que para ser fuertes también hay que estar dispuesto a ser vulnerables y como dice la autora de esta charla, “dispuestos a caer en el barro” (si no recuerdo mal). Muy interesante el tema.
    Un saludo !

    Le gusta a 1 persona

    • Luzmaral dijo:

      Muchísimas gracias, Laura. Justo un amigo me recomendó esa charla TED cuando publiqué el post. ¡Aún tengo pendiente verla! ¡Me interesa mucho!
      Es un tema que, además, últimamente, como que me lo voy encontrando en diferentes sitios. ¡Y me parece fundamental pensar y hablar sobre ello!

      Me gusta

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