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Apadrina a una madre (primeriza o no)

«Al convertirme en madre me asolaba la incertidumbre sobre cualquier cosa […]. Los consejos venían de cada rincón, cruzándose y contradiciéndose entre sí. Estaba sola con mi bebé, casi nunca salía del piso porque me encontraba agotada o me preocupaba no saber gestionar su llanto inevitable y los desastres de pañal».

Así cuenta una de las autoras de Theology of Home II su experiencia con su primer hijo. La suya es la vivencia —o muy parecida— de muchas otras madres.

Con su segundo hijo pasó algo distinto. Un día, a la salida de una misa entre semana, se le acercó en el parking una mujer que llevaba también un bebé y se presentó. Se llamaba Hope. La invitó a un grupo de madres que se reunían en un parque una tarde a la semana. Aquel grupo fue su «formación en la maternidad» durante los diez años que duró. «Intercambiábamos recetas, compartíamos contratiempos, nos animábamos unas a otras, y nos enfrentábamos a los problemas grandes o pequeños de la vida. Fue bonito y aleccionador abrirse camino por la vida con tanta sinceridad e intimidad». Y la autora añade: «El poder de las mujeres para influir en otras es profundo. Para bien o para mal, nos afecta la compañía que elegimos. La amargura es contagiosa. Pero también lo es la amabilidad».

Hay circunstancias tan variadas como madres en el planeta, eso es verdad. No todo el mundo tiene cerca y disponibles a las familias de origen (que suelen suponer un apoyo en estos momentos). Los permisos de paternidad van ampliándose (al menos en España) y eso facilita  afrontar el posparto de manera muy diferente a cuando te veías sola con una nueva criatura a las dos semanas de haber dado a luz.

Pero sea como sea, incluso con abuelos hacendosos y maridos totalmente volcados, creo que  poder contar con una red de apoyo como la que describen en Theology of Home es algo que no deberíamos perder.

Me encantó leer algo así en este libro porque, desde mi primer hijo, llevaba dándole vueltas a una idea que llamo «Apadrina a una madre primeriza».  O aunque no sea primeriza, porque puede que también lo necesite.

Una red de “madres de cabecera” y “amigas coach”

Uno de los grandes aprendizajes en mis pospartos ha sido la importancia de hacerse con una red de “madres de cabecera” y “amigas coach”. Como os contaba en ese post: sobre todo con el primero, me ayudó muchísimo tener cerca (o a tiro de whatsapp) madres amigas a las que podía acudir para dudas tipo de «¿esto que me sucede es frecuente? ¿es normal que me sienta así? ¿qué hago con el niño cuando le pasa que…? ¿tú cómo hacías…?». Mujeres más experimentadas con las que poder hablar de estas cosas en confianza, que sabes que no te van a juzgar. Unas amigas que sobre todo van a estar a escucharte, a comprender, a animar, no tanto a extender consejos prefabricados.

También he tenido cerca a amigas aún-no-madres que me acompañaron esas primeras semanas especialmente, estando pendientes, enviando ánimos, teniendo detalles de todo tipo.

Algunas de estas mujeres que han sido clave han venido de la mano de Instagram, donde he conocido chicas con las que compartía la etapa del embarazo. Luego hemos vivido en paralelo nuestros pospartos con mensajes a altas horas de la madrugada dando de mamar y esos audios con ruidito de bebé de fondo como banda sonora.

Por supuesto, el mundo offline ofrece muchísimas posibilidades de conectar con otras madres en la misma situación. A veces basta una sonrisa de complicidad-ánimo-te entiendo en la distancia, otras veces es tener la mirada atenta para adelantarse a sujetar una puerta para que pueda pasar bien el carrito. Otras habrá que vencer cierta resistencia interior y ofrecer la ayuda o pedirla (según sea el caso). En ocasiones no hay que hacer nada, sino simplemente comenzar una conversación. Como hizo Hope. Tal vez la otra madre no necesite de un oído atento a quien contar la última mala noche de su bebé… pero tal vez sí, y mostrar ese “estoy aquí” puede ser un primer paso.

Si te parece que apadrinar a una madre primeriza (o no primeriza) puede ser algo que quieres empezar a hacer, te dejo algunos puntos en este post que intentan contestar a la pregunta: 

«¿Qué necesita una madre?»

Son solo unas pocas ideas, centradas sobre todo en los primeros meses tras el nacimiento —aunque creo que algunas son extrapolables más allá—, ¡pero espero que sirvan! 

Poder hablar y desahogarse

Una madre necesita poder hablar sobre pañales, calostro y otros fluidos, noches sin dormir… pero también alguien que le saque temas de conversación distintos. O, como decía un compañero de trabajo: «En ocasiones simplemente necesitas escuchar a alguien capaz de construir frases subordinadas»

Y no solo temas de conversación, más aún: como recogía en «La otra conciliación: cuidar a los hijos y cuidar a los amigos», quienes nos han conocido antes y después de ser padres pueden hacer de guardianes de nuestros hobbies y de nuestras ambiciones, que tal vez hayan quedado relegados ante el nuevo papel que estamos desempeñando. Quizá no vas a volver a entrenar triatlón a la semana de haber dado a luz, pero tus amigas te conectan con esos otros aspectos tuyos que no tiene por qué quedarse relegados tras estrenar maternidad.

Oír «Lo estás haciendo bien» 

Mis “amigas coach”: las llamo así porque, de vez en cuando, sin venir a cuento, se descolgaban con algún mensaje tipo «¿Qué tal estás? Eres una super mamá. Lo estás haciendo genial». Esto viene fenomenal, porque con la hormona verbenera, el cansancio acumulado y muchos otros factores que se pueden juntar, una a veces no lo ve tan claro o no tiene esa sensación. Pero —sobre todo en las primeras semanas tras el nacimiento de un bebé— el aparentemente conformista «Hago lo que puedo» ya es «Estar haciéndolo bien».  

Esto no debería excluir que una amiga dé algún consejo que pueda servir. El tema “consejos no pedidos” en la maternidad siempre es algo espinoso, pero creo que es muy diferente el comentario de señora en la cola del supermercado —tal vez con buena intención pero con poco tacto— de lo que nos pueda decir una amiga que nos conoce, nos quiere y quiere lo mejor para nosotras. Hay que aprender a dar consejos (y no escupirlos) y también aprender a recibirlos. Personalmente intento no meterme en cómo se gestiona cada familia con el nuevo bebé, porque cada uno es un universo y cada niño viene con sus circunstancias, y en la propia familia lo que te sirvió con el primero no te vale para el segundo, pero compartir sabiduría práctica o truquillos cuando ves que a alguien podría venirle bien, creo que no está de más. Si a mí algo me ha servido ¿por qué no voy a compartirlo contigo? Un consejo no es una imposición ni un juicio. Y así deberían darse y del mismo modo acogerse (y luego haces lo que te parezca mejor). Sencillez y cariño, al fin y al cabo.

Compartir vivencias en un ambiente seguro

Sin compararse, sin prejuicios ni juicios, sin envidias. Es habitual escuchar a madres comentar que se sienten juzgadas al compartir las vivencias de su maternidad. Esto no debería ser así, y menos en un ambiente de amistad. Si al compartir lo que vivimos no nos sentimos acogidas ni comprendidas… tal vez no haya que compartirlo con esas personas

Por otra parte, puede que nadie nos esté juzgando pero seamos nosotras mismas las que, ante la vida de otras, nos comparemos malamente y acabemos con resentimiento. Esto tampoco ayuda.

En Erótica y materna, Mariolina Ceriotti dedica un apartado a hablar de la comparación entre las mujeres y la envidia. Os copio algunas de sus ideas que creo que son luces que hay que rescatar para la sociedad en general:

«La envidia nace de un sentimiento de exclusión. Por eso se combate aprendiendo a valorar siempre los dones del otro, y ejercitándose en poner los que uno tiene a disposición de los demás.  […]

»Ninguna de nosotras puede ser perfecta en todos los campos, y está bien que sea así. […] Cada una de nosotras tiene, en cambio, sus dones, sus capacidades, sus inclinaciones y pasiones; y puede, si quiere, ponerlas al servicio de las demás. 

»Esta última posibilidad nace de la solidaridad femenina. Una vez que escapan a la trampa de la envidia, las mujeres son más capaces que los hombres de crear redes verdaderamente solidarias. En ellas, cada una puede poner a disposición de todas eso de lo que es capaz, al servicio de las demás. […] Es suficiente estar abiertas al intercambio, porque son muy numerosas las ayudas que las mujeres saben y pueden darse mutuamente, en todos los campos, con aquel “plus” de atención y premura que les caracteriza»

Un relato realista de la maternidad

Hace unos meses compartía en Instagram esta reflexión a raíz de que la red social me sugiriera una publicación que comparaba un momento del posparto con una peli de terror. Yo comentaba que no acertamos si contamos aspectos de la maternidad/paternidad como si fuera una peli de terror. Pero, diréis, ¡ser padres tiene momentos complicados! ¡No vamos a pintarlo todo de color de rosa! Por supuesto, pero el relato, el cómo nos contamos a nosotros mismos y cómo lo contamos a los demás, nos influye también en nuestra manera de afrontar la realidad. No es más realista el que cuenta una vida más gore. Lo bueno también forma parte de la realidad, y la madurez consiste en saber dar el peso adecuado a lo bueno y a lo menos bueno. Podemos exagerar lo malo por hacer la gracia, echarnos risas, etc… pero atascarse ahí me parece peligroso. 

Por otra parte, reflexionando, desde mi propia experiencia, pensé en mis momentos más chungos siendo madre. Y llegué a la conclusión de que más bien se parecen a un drama bélico que a una peli de miedo:

Mi último parto (precipitado y sin epidural, sin tiempo a pasar al paritorio) se parecía más esa escena del desembarco de Normandía de Salvar al soldado Ryan que a Saw. Las noches durmiendo poco y alerta son más 1917 que Scream. Enfrentarse a situaciones desconocidas tiene más de Dunkerque que de Sé lo que hicisteis el último verano.

Sí, en las pelis de guerras hay sufrimiento, hay sangre, hay dolor, hay tensión… Pero hay algo que las hace muy diferentes de las pelis de terror: hay un sentido para todo eso (en concreto, en las tres que he mencionado, se trata de salvar vidas). Y del sentido depende cómo vivas.

Algo más: el protagonista suele tener un compañero al lado gracias al que consigue ir superando todos los obstáculos que se encuentra en el camino. E incluso a veces es difícil decir si de hecho hay un único protagonista. Sentido y compañero de aventura.

La maternidad no siempre es una comedia romántica, a veces es un drama bélico. Pero nunca es una peli de terror.

Realmente, sobre este punto, lo mejor es que leáis este post en Instagram de Emily Stimpson, os copio aquí solo un párrafo:

«I don’t want to forget any of the hard. Ever. I want to hold it close to my heart so I can walk with those who suffer and love those who suffer and comfort those who suffer. I want to remember that every season and every stage of life is full of both beauty and struggle, that nobody has it easy, and that suffering can never be judged or weighed from the outside. I don’t want to pity myself at another’s expense»

Saber que puede contar contigo

Hay personas que te dicen «Para lo que quieras, llámame» y sabes que es verdad de la buena. Incluso antes de que te lo demuestren. No es una frase hecha ni de mera cortesía. Para una llamada, para un favor, para acompañarte al pediatra o al gine, para una duda… para lo que sea. Tal vez nunca llames, pero saber que estás bien rodeada, que tienes una red de apoyo que no te dejará caer, es un regalazo.

Poder tener un tiempo para ella

En este post daba ideas para regalar a padres a punto de ser padres, y en la lista había un apartado especial para la mamá (algunos regalos eran susceptibles de ser compartidos con el papá también).

Añadiría algo que estaba ya implícito: tiempo, y en concreto, tiempo para una misma. «Voy a tu casa y me quedo con el niño mientras te duchas con calma», «Les doy un paseo mientras tienes un rato de leer un buen libro», «Te acompaño de compras y así yo cuido el carrito mientras te pruebas la ropa», «Te llevo un tupper de croquetas y comemos juntas, yo me encargo de acunar al niño»…

¿Te han servido estos puntos? ¿Te han dado ideas para “apadrinar a una madre”? Cuéntame en comentarios, qué cosas te han servido en tu vida, qué cosas has valorado o echado en falta en la vivencia de tu maternidad, de qué maneras cuidas a las madres que tienes cerca…

¡Te leo!


Foto de Dakota Corbin en Unsplash

Un comentario en “Apadrina a una madre (primeriza o no)

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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