Un café no es una propuesta matrimonial

En Qué quiero cuando quiero salir contigo nos quedamos a las puertas de invitar a un café/caña/gin-tonic a nuestro fiche. Ha llegado el momento. ¿Cómo das el paso? Muy fácil. Te acercas y le dices: «Hola, Rigoberta, ¿te gustaría tomar un café/caña/gin-tonic conmigo?».

–¿Pero qué dices? ¿Así, de sopetón? ¿Sin anestesia?
–Sin anestesia.

Mi amigo Jon es un sabio y tiene toda la razón del mundo cuando dice que hoy en día no tenemos ni idea de ligar. Dominamos el tema de arrumacos-en-la-discoteca-saturday-night, pero eso es un burdo sucedáneo de lo que es ligar de verdad, conquistar, seducir, al más puro estilo ser humano. ¿Los motivos? Son variados: miedo al fracaso, falta de confianza, autoestima en declive, dar prioridad a lo físico sobre otros elementos…

Pero hay que lanzarse. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Que te diga que no? A ver, respiremos con calma y recordemos el consejo de Jon: «Un café no es una propuesta matrimonial». Un café es un «quiero conocerte más porque me gustas y creo que podríamos congeniar, pero en las copas en las que coincidimos es difícil hablar con un poco de calma entre la música y las 30 personas más merodeando por ahí así que me parece buena idea quedar para un café de tranquileo». Por eso no hace falta planear una estrategia como si fueras el ganador mundial del Risk, ni que pase un mes desde el primer «hola» hasta la invitación a una caña. La idea de Jon me recuerda a un chiste que utilizaba mi profe de primero de la ESO para explicarnos la tilde diacrítica en monosílabos: «Entra un señor a un bar y le dice a la camarera: “Té quiero”. La camarera le pega un bofetón». Chiste malo donde los haya, pero queda claro que no es lo mismo un «té quiero» que un «te quiero». Que no panda el cúnico.

Una de las claves es la sencillez. Nos falta sencillez por un tubo. Las relaciones personales serían mucho mejores si todos ahondáramos en esto. Ya ni te cuento las relaciones chico-chica. Es verdad que toda esa fase de conquista, de miradas cargadas de significado, de cosquilleo ante el «me mola, ¿le molaré yo a él?», de incertidumbre, de buscar “pistas” para saber si eres correspondido… todo eso tiene su encanto, su emoción, su romanticismo, pero… no hace falta retroceder al lenguaje de los abanicos, por favor.

Y quien dice lenguajes encriptados en abanicos, dice mensajes de whatsapp. Que nos hemos vuelto unos descifradores de códigos ocultos profesionales: cuántas comeduras de tarro con cosas tipo «ha puesto “jeje” en lugar de “jajajajaja”», «no ha añadido un emoticono sonriente al “ok”, ¿será que está enfadada?», «solo ha escrito una exclamación… creo que no le mola el plan…». Y eso por no hablar del doble tick azul, de observar atentamente el “escribiendo…” durante minutos para que luego solo aparezca un “vale”, o de la tiranía de la “última hora de conexión”. El asunto del whatsapp da para mucho, pero en síntesis: ¡apostemos por la comunicación cara a cara siempre que podamos! Así sabremos si su risa es verdadera o falsa, si el plan le emociona o le es indiferente, si sonríe con los ojos y no solo con la boca —mi amigo JR dice que cuando sonreímos sinceramente, los músculos de la zona de los ojos se activan involuntariamente, por eso, si alguien sonríe solo con los labios… puede que no sea una sonrisa de verdad—.

La sencillez viene acompañada de la sinceridad. Tal vez no haga falta soltar en el primer café: «Mira, oye, no te estreses, ¿eh? Esto es solo para conocernos, y tal, que no me he imaginado ya yendo al altar contigo, ¿vale?». O tal vez sí. Cartas sobre la mesa, evitemos equívocos, expongamos nuestras intenciones si vemos que eso puede ayudar a la relación.

Como un café no es una petición de compromiso, uno puede tomarse cafés con varias personas y no por eso es un donjuan ni una donjuana. Lo importante es ser sinceros, con uno mismo y con los demás. No vale hacer creer a la otra persona que el anillo de compromiso llegará pronto si esa no es tu intención, no vale hacerle creer —con palabras o gestos— que es única para ti, si solo estás en la primera fase de conoceros…  No vale jugar con la gente, en definitiva. A veces puede ocurrir que el fiche se emocione más rápido que tú y no sepas cómo gestionar unas citas que para ti aún no están a ese nivel… una vez más: sencillez y sinceridad.

Según la EPA (Experiencia Propia y Ajena) existe otro tema a tener en cuenta: los peligros de lo que llamo “tiempo amorfo”. Ese limbo de una relación en la que sois más que colegas pero aún no-novios (los no-no’s, como dice un amigo mío). [Para profundizar sobre esto, echad un vistazo a El tiempo amorfo]

Ahora dejad de leer ya e invitad a vuestro amado a un café/caña /gin-tonic. 😉

–¿Pero qué dices? ¿Así, de sopetón? ¿Sin anestesia?
–Sin anestesia.
–Pero… si yo soy la chica. ¡Que me invite él!
–No seas decimonónica. Es un café. No una propuesta matrimonial.

22 comentarios en “Un café no es una propuesta matrimonial

  1. Belén dijo:

    Vaya, vaya, vaya…. Jajaja son las 6.50 de la mñn y yo sin dormir intentando descifrar un whatsapp, 5 noches de locura quesiquemoquelaabuelafuma, y refunfuñando “coño! Ya m lo podía pedir el!” pues eso… Yo que siempre he sido la Celestina de mi cuento, consejos doy que para mi no tengo jajaj! DUERMO, Y A X ESA CAÑA!

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