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Hijos: sí, no, cuándo y cómo. Paternidad responsable y apertura a la vida

En otros posts he hablado de la importancia de reconocer la propia fertilidad por el simple hecho de conocerse mejor a una misma y por motivos de salud; también sobre las ventajas de aplicar esos métodos de reconocimiento de la fertilidad como planificación familiar natural y los mitos que suelen oírse.

En este post quiero profundizar en algo que comenté un poco por encima en el anterior artículo, cuando hablé de la paternidad responsable y la actitud de apertura a la vida desde la mentalidad de pensar que un hijo es un regalo. 

Así, el método no es solo un método. Hablamos de una cuestión de actitud vital, de qué buscamos y cómo lo buscamos, de vivir el amor en plenitud, sin miedos y sin condiciones. De cómo entendemos al ser humano y cómo entendemos la sexualidad y el amor matrimonial. De generosidad y de comunicación en el matrimonio. 

Lo que voy a exponer a continuación lo he aprendido de la Iglesia católica y por eso muchas de las citas provienen de fuentes de personas que comparten esta fe, pero creo que es un planteamiento vital abierto a cualquier persona que, profundizando en esta propuesta, se dé cuenta de su grandeza.

A la actitud de apertura a la vida y la mentalidad del hijo como don, se une, en el planteamiento católico, la idea de que los seres humanos no somos los dueños del mundo y de la vida sino simples administradores de todos esos bienes que Dios ha creado y dejado en nuestras manos para que los cuidemos. 

 «La procreación es esencialmente distinta de la reproducción. Los seres humanos procrean, los animales se reproducen. La diferencia es que la palabra procreación es un recordatorio de que en toda llegada de un ser humano a esta vida hay una colaboración de Dios en ese acto. En el momento de la concepción, Dios está dando un alma a ese ser humano. Dios ha querido que el acto de la procreación sea el escenario en el que Él cree, que el lugar digno para que el hombre sea concebido sea un acto de amor. Y los padres son colaboradores de Dios en la creación. No siempre que hay un acto conyugal se da una vida, pero la anticoncepción es como si el hombre se antepusiera a la voluntad creadora de Dios».

José Ignacio Munilla, en la sesión «El amor que da vida»

«No es una cuestión puntual de si anticonceptivos sí o no. Hay todo un concepto del hombre, del amor y de la sexualidad que está en juego: una antropología subyacente. Entender al hombre como criatura y la sexualidad como don»

José Ignacio Munilla, en la sesión «El amor que da vida»

En la anticoncepción «la sexualidad se concibe como algo perteneciente al tener y no al ser de la persona: es vista como un bien instrumental del que se puede disponer según criterios de placer y utilidad»

A contracorriente y por amor, Augusto Sarmiento

La Iglesia apuesta por el uso de los métodos naturales de planificación familiar ya que, usados con la mentalidad de apertura a la vida, son los que van más acorde con la naturaleza del ser humano y del amor conyugal, y los que encajan realmente en la denominación de paternidad responsable.  El amor, precisamente porque es amor —y no egoísmo o indiferencia—, se hace responsable de los gestos que se realizan en su nombre. El acto conyugal no puede ser un gesto irresponsable, indiferente ante las consecuencias que puede tener, como os contaba aquí

Pero vayamos paso a paso.

¿Por qué esta aparente “obsesión” con la apertura a la vida?

En Si tú me dices “ven”. Una visión cristiana del éxito en el amor, Stéphane Seminckx defiende que no se puede entender el verdadero sentido de la paternidad responsable si no se entiende el sentido del amor conyugal y del matrimonio.

Puede que hayáis oído a veces esa frase de que el acto conyugal “debe ser unitivo y procreativo”. Y sí pero no: en primer lugar no es que el acto conyugal “deba ser” nada, sus aspectos unitivo y procreativo no son exigencias que alguien impone desde fuera porque se le ha ocurrido sino que responden a su propia naturaleza. Seminckx lo explica genial: 

«El acto conyugal posee un objeto único, a la vez amoroso y (potencialmente) procreador: la unión amorosa y abierta a la vida. No es un acto destinado a manifestar en determinados momentos el amor y en otros la apertura a la vida. No es tampoco un acto de reproducción de la especie que, además, exprese un amor de persona a persona, ni un acto de amor que, además, puede suscitar una nueva vida. […] Unión y procreación están unidas indisolublemente en la verdad del don de sí»

Si tú me dices “ven”. Una visión cristiana del éxito en el amor, Stéphane Semincks

Augusto Sarmiento en A contracorriente y por amor explica que solo es amor conyugal si es plenamente humano: «Y solo es humano si es total y precisamente por eso definitivo —fiel y exclusivo y abierto a la fecundidad—. El amor conyugal en su realidad más profunda es esencialmente “don”, rechaza cualquier forma de reserva y, por su propio dinamismo, exige abrirse y entregarse plenamente». 

Por tanto, si en el acto conyugal se da la totalidad de lo que cada cual es, la posibilidad de convertirse en padres forma parte de ese ser, ya que es algo constitutivo de la persona. He puesto “posibilidad de convertirse en padres” porque respetar el aspecto procreativo de esa unión no quiere decir que siempre que haya relación sexual tenga que darse de hecho la procreación (algo imposible, entre otras cosas porque la mujer solo es fértil unos días al mes) ni que tengas que hacer el amor pensando siempre en bebés (creo que generalmente en esos momentos uno no está pensando en pañales) sino que «la apertura a la vida es una realidad del orden de la intención, de la disposición del corazón» (Seminckx). Esto apunta a que no se trata solo del método —como decía antes— sino también de la intención, de la actitud.

Usar los métodos naturales no implica necesariamente que se tenga una actitud adecuada de paternidad responsable pero usar métodos anticonceptivos siempre implica una mentalidad anticonceptiva. El método no lo es todo, pero hay métodos que de por sí ya expresan una actitud y una opción concreta. Luego lo explicaré más.

Sobre cómo la anticoncepción afecta a esa unión total y plena que debería ser la unión conyugal, dice Munilla:

«Con la anticoncepción lo que se ve afectada no es solo la procreación sino también la unión esponsal. Cuando en el encuentro sexual se han puesto barreras contra la fecundidad esto también acaba afectando a la finalidad unitiva. Hace que la entrega del corazón del uno al otro esté también lastrada, no sea plena»

José Ignacio Munilla, en la sesión «El amor que da vida»

Es decir: si quieres que tu acto de amor exprese un amor total, completo… para que sea total no puede ser contraceptivo porque, como decía antes, está dejando afuera un aspecto intrínseco. 

Esto enseña la Iglesia basándose en cómo es el ser humano y el amor conyugal, pero en el fondo es una enseñanza universal, como decía antes, para cualquiera que entienda el amor matrimonial en toda su integridad.

Entonces, ¿paternidad responsable igual a cientos de hijos?

Partimos de que un hijo es un don, un regalo, un bien. Y de un bien así de inmenso solo te privas por motivos graves. [Irse de vacaciones a Cancún no puede ser más importante que la vida de un ser humano, por ejemplo].

De esto habla —explicándolo mil veces mejor que yo— Pablo VI en Humanae vitae, una encíclica que ha resultado ser profética en muchos aspectos y que explica este tema con realismo y profundidad: «En relación con las condiciones físicas, económicas, psicológicas y sociales, la paternidad responsable se pone en práctica ya sea con la deliberación ponderada y generosa de tener una familia numerosa ya sea con la decisión, tomada por graves motivos y en el respeto de la ley moral, de evitar un nuevo nacimiento durante algún tiempo o por tiempo indefinido».

La apertura a la vida, la paternidad responsable, no es igual a tener muchos hijos. Puedes tener una gran apertura a la vida y tener solo dos hijos (por circunstancias x) o tener muchos hijos pero no una actitud de apertura real ni de paternidad responsable.

«Humanae vitae defiende que la llamada a ser generosos en la transmisión de la vida es una llamada inherente del amor humano. Nace esta llamada de que el amor de Dios es desbordante y de ahí se nos llama a ser generosos. Y esa generosidad cada uno tiene que concretarla de qué manera se lleva a cabo»

José Ignacio Munilla, en la sesión «El amor que da vida»

El método que eliges para la paternidad responsable no da igual

¿Por qué no da igual? En el supuesto de un matrimonio que tuviera los motivos graves que comentábamos antes para no tener un hijo más… ¿qué más da evitar ese embarazo con un método natural o con un anticonceptivo? 

Por un lado, «el fin no justifica los medios». El fin puede ser, efectivamente bueno, pero los medios también deben serlo. Y los anticonceptivos atacan directamente una de las líneas esenciales del acto conyugal (que es unitivo y procreativo como decía antes), su fin es hacer infértil un acto fértil. Y no es lo mismo hacer un acto que no es fértil —si tenemos relaciones en un momento no fértil del ciclo— que hacer infértil un acto

Por su parte, los métodos naturales de planificación familiar no modifican en nada el acto sexual, son totalmente respetuosos. Lo que se modifica no es el acto sino la actitud de la pareja ante las etapas del ciclo de la mujer: decidir abstenerse o no en los momentos fértiles.

Pero el método no lo es todo: la intención cuenta

Lo mencionaba antes y aquí lo voy a intentar explicar mejor. La intención cuenta y marca una diferencia. No es lo mismo tomarse las pastillas anticonceptivas para evitar un embarazo que tomarlas por problemas de acné. El acto externo parece el mismo pero se trata de dos acciones diferentes. 

«¿No hay parejas que practican los métodos naturales por egoísmo? Esa posibilidad existe, en efecto. El recurso a los métodos naturales no garantiza la generosidad de la donación. Así como la actitud de paternidad responsable supone siempre apertura a la vida, el recurso a los métodos naturales no excluye la posibilidad del egoísmo. Esta consideración ilustra una vez más la diferencia entre actitud y método». 

Si tú me dices “ven”. Una visión cristiana del éxito en el amor, Stéphane Seminckx

Por lo tanto, es cierto: pueden usarse los métodos naturales con intención anticonceptiva. Lo que tendría que haber de fondo siempre en las relaciones entre marido y mujer es amor, amor del bueno, por eso un acto que dice «te quiero, pero no quiero tu capacidad de ser padre/madre» no expresa un amor total, se está dejando algo fuera.

Además, hay otra diferencia importante: con la mentalidad de apertura a la vida, se acogerá siempre al hijo —aunque llegue “imprevisto”— como un regalo, aunque conlleve un esfuerzo extra. Sin embargo, la mentalidad de exclusión del hijo, como señala Seminckx, considera al hijo “no planeado” como un intruso. [Este tema de hijos “no planeados” o “no queridos” o “no deseados” da para otro post].

Tres objeciones frecuentes:

«Pero, si se trata de generosidad… ¿qué pasa si tengo familia numerosa pero recurro a anticonceptivos?»

Quienes se plantean esto defienden una especie de “fecundidad en total” de la vida de la pareja, es decir, que lo importante es que tengas varios hijos aunque los métodos que uses entre uno y otro sean artificiales. Pero no. Importa cada acto. Como me decía Pablo un día: en tu vida cuenta cada acto que has hecho, y por eso te arrepientes de cada acto malo o de cada omisión, no es “como también he hecho muchas cosas buenas eso se convalida o saco la media”. ¿Qué pensaríamos de alguien que nos dijera “En general soy fiel pero a veces soy infiel”? Además, con esta mentalidad de “fecundidad total” juzgaríamos la apertura a la vida por número de hijos. Y ya hemos visto que no es eso.

«Si no hay que separar lo unitivo de lo procreativo, entonces solo se deberían tener relaciones en los días fértiles»

Error. Como decía arriba, acoger el aspecto procreativo no quiere decir que siempre tenga que darse de hecho la procreación. Para empezar: muchas veces aunque estés en fase fértil no se sigue el embarazo. No puedes hacer depender la moralidad de tu acción de los resultados.

Por otra parte, creo que si Dios ha creado el ciclo de la mujer con solo unos días fértiles y todo lo que ha creado Dios es bueno, no podemos decir que existan algo como “días no buenos en el ciclo”.

«Si Dios hubiese querido que la sexualidad siempre fuera solo para procrear la habría hecho siempre fecunda. Pero no es así. En la gramática de la sexualidad está la voluntad de Dios. La atracción sexual animal existe solo en el momento de fertilidad, pero el ser humano no está creado así: hay una clara diferencia entre el reino animal y las personas. La dimensión unitiva en el ser humano es continua, la necesidad de amor entre esposo y esposa es continua. No solo si el acto es fecundo. Debe ser expresada en todo momento. Esto no acontece en el mundo animal porque los animales no se aman. Para amarse hay que tener alma»

José Ignacio Munilla, en la sesión «El amor que da vida»

¿Esta manera de vivir la sexualidad no mata la pasión?

«La espontaneidad y la pasión no excluyen el papel de la razón y la voluntad. […]
Las leyes del lenguaje son una verdad que nos hace libres para comunicar, decir cosas que tienen sentido. Lo mismo sucede con las leyes del lenguaje de la sexualidad, inscritas en nuestra naturaleza. La irracionalidad de las pulsiones y las emociones vuelve el amor incomprensible. 
La virtud nos hace asimilar progresivamente la gramática eterna del lenguaje del amor.  Cuanto más casta es la persona, más se posee, más podrá expresar el don de sí de forma espontánea, natural, plena, con toda la fuerza de los sentimientos. Porque conviene que la pasión participe del amor conyugal: todo el ser debe tender hacia el don, también en su dimensión afectiva, emotiva y sentimental» 

Si tú me dices “ven”. Una visión cristiana del éxito en el amor, Stéphane Seminckx

Y en este post ya escribí sobre el mito de que los métodos naturales alejan a los esposos si tienen que estar unos días sin tener relaciones sexuales. 

¿Cómo se toman estas decisiones de paternidad responsable?

En Más que juntos, María y yo lo explicamos así:

«Teniendo claro que
1) la vida es un don y un bien;
2) que uno solo se priva de un bien por motivos serios (como dice Seminckx: «Los motivos que justifican retrasar un nacimiento deben ser graves hasta el punto de tener más peso que el valor de una nueva vida, que es un bien muy importante»);
3) valorando el bien de ambos esposos, de los hijos que ya tienen y del hijo que pueda venir. 

Todo ello, con sinceridad, y ante Dios [en el caso de los creyentes]. La decisión de abrirse a recibir el don de una nueva vida no se toma de una vez para siempre: es una decisión revisable, según las circunstancias de cada momento de la vida, con generosidad y responsabilidad»

Esto es algo que corresponde únicamente al marido y a la mujer pensar, hablar y decidir. 

Una frase que puede ayudar a valorar la situación es la que le escuché a Munilla en la sesión que he ido citando a lo largo del post: «Paternidad responsable no es igual a paternidad confortable». El amor no es confort, es aventura. Y, como suelo decir, los hijos son la aventura dentro de la aventura.

Si es recomendable hablar de sexo eso incluye también hablar de cómo vivimos nuestra paternidad responsable porque está totalmente relacionado. Tanto la decisión de no buscar un embarazo en cierto momento como la de abrirse a una posible nueva vida es de los dos y la comunicación es clave. Así, pase lo que pase, venga lo que venga (o quien venga), lo que os acompañará será la paz y la tranquilidad de saber que estáis juntos en esto, dejando fuera las tensiones. Estas decisiones tienen que ser muy libres y muy desde la perspectiva del amor, no del miedo.

Fuera miedo, viva el amor libre

Desde mi experiencia personal, os comparto que entender a fondo la paternidad responsable a veces implica un camino… Yo ahora la entiendo mucho mejor que cuando me casé y muchísimo mejor que hace 10 años.

Es verdad que supone perder el deseo de tenerlo controlado todo todísimo … pero eso, que puede dar vértigo e incertidumbre…  en el fondo es una liberación. Me explico:

Veo a mucha gente agobiada intentando controlar el mejor momento para tener un hijo para cuadrar así con las vacaciones el permiso de maternidad, o encajar con no sé qué plan, o a ver si coincide que nace en la misma época que el hermano mayor y así usa su ropa, o a ver que nazca cuando el otro hermano ya no use pañal… Decenas de cositas, la mayoría no demasiado importantes… que, además, luego viene la vida ¡y te lo desordena todo! 

Porque los niños son lo más incontrolable que existe. Y de repente no te quedas embarazada cuando lo habías fijado en tu mente y ya se te descuadra todo el plan… ¿y qué? 

Podemos decir que no hay momento perfecto para tener hijos porque siempre hay cosillas por las que “no nos vienen bien”: la espera de la renovación de un contrato, las noches que no terminan de ser para descansar, el miedo a los posibles celos de un hermano… ¡Siempre hay algo!

Pero a la vez también podemos decir que Dios sabe cuándo es el momento perfecto. Y dejarle a él la última palabra da mucha paz y mucha libertad… Con cabeza, claro, que por eso se llama paternidad responsable. 

Amor, libertad, responsabilidad, generosidad, entrega, don de sí. No se entienden ninguna de ellas sin las otras.

 


PARA SABER MÁS: 

Humanae vitae, Pablo VI

«El amor que da vida». Resumen de una sesión de José Ignacio Munilla

Dos libros imprescindibles para entender la paternidad responsable

Si tú me dices “ven”. Una visión cristiana del éxito en el amor, Stéphane SeminckxA contracorriente y por amor, Augusto Sarmiento


Foto de Jonathan Borba en Unsplash

2 comentarios en “Hijos: sí, no, cuándo y cómo. Paternidad responsable y apertura a la vida

    • Luzmaral dijo:

      ¡Muchas gracias, Blanca! Me alegro mucho de que este post sea de utilidad. Me pasa como a ti… Y ponerme a escribir me ayuda a ordenar las ideas y los argumentos. ¡Un abrazo!

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