4 mitos y 4 realidades sobre los métodos naturales

Los motivos por los que usar métodos métodos de reconocimiento de la fertilidad (o planificación familiar natural —PFN—) para vivir una paternidad responsable pueden ser variados. Hay quienes los usan buscando algo que sea respetuoso con el propio cuerpo, otros también valoran el hecho de no introducir elementos extraños en la relación sexual; algunos empiezan a usarlos por convicciones religiosas, otros por convicciones ecológicas y otros por una mezcla de motivaciones. 

Sin embargo, como decía en el anterior post, estos métodos son en realidad para todos. Y es clave desenmascarar mitos que a veces se extienden sobre ellos y tener el conocimiento necesario sobre lo que aportan para poder decidir en libertad. 

MITO 1 — «No son eficaces»

Falso. 

Algunas personas se han quedado desfasadas y piensan que los métodos naturales son el Ogino o “la marcha atrás”. Pero hay que actualizarse: desde hace décadas existen el método Billings, el sintotérmico, el Creighton…

Según datos de la OMS, el método sintotérmico en un uso constante y correcto tiene una tasa de embarazos menor a 1 por 100 mujeres en un año; 2 embarazos por 100 mujeres en un año con un uso común. Con un uso común los embarazos por cada 100 mujeres en un año usando otros métodos son: 13, con preservativo; 0,8 con el DIU; 7 con la píldora anticonceptiva. 

La eficacia teórica del Creighton es de 98,7-99,5 %, y su tasa de uso típico es 83-97 % (fuente). Otros estudios sobre su eficacia: aquí y aquí

Uno de los estudios más importantes sobre la efectividad del Billings, hecho en China, muestra una eficacia del 99,5 %  (aquí el informe). 

Para la eficacia de los métodos naturales es clave su buen uso (como para la eficacia de los métodos anticonceptivos, de hecho). Pero el aprendizaje que se necesita para los métodos naturales lleva un poco más de tiempo que para los otros métodos. ¿Esto es una desventaja? No debería serlo. Dedicamos años de nuestra vida a formarnos profesionalmente, ¿cómo no vamos a dedicar unas horas, unos días, a formarnos para el bien de nuestra salud?

MITO 2 — «Son solo para católicos»

Falso.

Poder reconocer la propia fertilidad y la fertilidad de la pareja es algo para todos. Este mito parece que asume que los católicos tienen un cuerpo diferente o hacen el amor de distinta manera. Pero no. La planificación familiar natural es para todos, apta para cualquier persona. 

Sí, es cierto, los métodos naturales implican unos días de abstinencia sexual en cada ciclo, pero ¿eso no está al alcance de cualquiera también? 

Lo explican Rachael and Gregory Popcak  en «The Terrible Horrible No Good Very Bad Burden of Natural Family Planning»:

«Cuando alguien me dice que la PFN “no funciona” para ellos porque se frustran sexualmente, tengo que responderles que, de hecho la PFN está hecha para ellos. ¿Por qué? Porque cualquier deseo sexual que si no se satisface amenaza con excluir todas las otras cosas buenas del matrimonio es un deseo desordenado que podría destruir a la persona, a la pareja o a ambas». 

¿Es la abstinencia periódica un planteamiento poco realista? Este artículo que he mencionado defiende que no: explica que el impulso sexual es parte del sistema neuroendocrino, el mismo sistema del cerebro responsable del hambre y de la ira; y que si no animamos a la gente a comer de manera descontrolada ni a enfadarse indiscriminadamente, ¿por qué hacerlo con el impulso sexual? Afirma que las personas que logran controlar esos deseos —no reprimirlos, ojo, sino tener control sobre ellos, poder elegir conscientemente cuándo y cómo darles cauce— son más humanos y más libres que aquellos que no son capaces de controlarlos —quienes “necesitan” comer en cuanto sienten un poco de hambre y si no pierden los nervios, o quienes montan en cólera cada vez que algo les “pincha”, por pequeño que sea—. 

«Y aquí está la ironía —sigue el artículo—: aunque la sociedad hace una distinción entre los impulsos sexuales y los impulsos del hambre y la ira, el cerebro no hace esas distinciones. La sociedad ve con buenos ojos un impulso sexual sin restricciones al mismo tiempo que criminaliza a las personas con sobrepeso. Pero la misma área del cerebro es responsable de esos tres deseos. Adquirir control sobre nuestro impulso sexual, es decir, ser capaces de elegir conscientemente emplearlo solo cuando está ordenado hacia el bien de otra persona, nos hace más humanos y más libres que la persona que se deja llevar por los impulsos».

MITO 3 — «Alejan a los esposos si tienen que estar unos días sin tener relaciones»

En este punto hay que recordar lo que cantaba Nacho Cano: «Las cosas se complican si el afecto se limita a los momentos de pasión». Tal cual. Si la única manera de sentirnos cerca entre marido y mujer es a través del sexo… nos estamos perdiendo algo. Debemos amar con el cuerpo todos los días, aunque no todos los días hagamos el amor. Vamos a recuperar la ternura. De hecho, los días fértiles en los que se viva la abstinencia (si es el caso de no buscar un embarazo en ese momento) son una ocasión perfecta para practicar la ternura, ese sentirse cerca totalmente desinteresado.

Además, vivir la planificación familiar natural fomenta la comunicación de la pareja, ya que se recomienda que los métodos naturales los aprendan ambos. ¡Qué pasada poder conocerse a una misma tanto pero también que el otro nos conozca hasta en estos aspectos! Y un mayor conocimiento ayuda a una mejor comprensión y, por tanto, a amar mejor, en todos los aspectos de la vida, también en la sexualidad. Como dice Eva Corujo: «Conocer los ciclos mejora el sexo».

Por último, la fertilidad no es “un tema para las mujeres”. Es un tema de la pareja. Creo que desde hace décadas se ha visto como una responsabilidad de las mujeres, cuando, irónicamente, nosotras somos fértiles 5 días al mes (una media general) y los hombres lo son… todos los días del mes. Siempre me ha parecido horrible —además de injusto— que, ante un embarazo no previsto, suela darse el reproche hacia la mujer con expresiones tipo «pensé que te cuidabas». Horrible por varios motivos: por dejar toda la responsabilidad en la mujer; por llamar “cuidarse” a chutarse hormonas con efectos secundarios potentes; por la mentalidad anticonceptiva que parece sugerir que un niño es una enfermedad —y te “aparece” cuando no te “cuidas”, como te aparecen unos granos, caspa o yo qué sé—.

MITO 4 — «Métodos naturales igual a familias numerosas»

No tiene por qué. Ya he hablado antes de la efectividad de la planificación familiar natural —eficacia alta, aunque también tiene su margen de error, menor que otros métodos, por otra parte—. 

«Vale, pero entonces, ¿por qué las familias que conozco que los usan tienen taaaaaantos hijos?».

Quizá no es tanto una cuestión de que el método falle sino una cuestión de qué actitud tienen ante la vida y las nuevas vidas las parejas usuarias de estos métodos. Profundizaré un poco más sobre esto en otro post, pero a modo de adelanto: generalmente, las personas que viven su paternidad responsable con los métodos naturales suelen entender que un hijo, una nueva vida, siempre es un regalo, siempre es algo bueno en el mundo. Esto se contrapone a una mentalidad anticonceptiva que piensa más bien en el hijo como un deseo-derecho —y su dignidad depende de cuánto le quiero yo, no de sí mismo—, algo de mi checklist de autorrealización, algo que no debe sacarme de mi zona de confort sino darme solo satisfacciones —y si no es así, es un estorbo, es prescindible, “no me encaja en mis planes”—. Por el contrario, quienes piensan en los hijos como seres con una dignidad absoluta, como ese nuevo comienzo que se da en el mundo —que decía Hannah Arendt—, es lógico que, en la medida de sus posibilidades, no se queden con uno solo. Como le leí a una chica en instagram una vez: ¿a quién no le gustan los regalos?

VERDAD 1 — «Son gratuitos»

En la planificación familiar natural pagas, como mucho, lo que cueste el curso con un monitor de métodos naturales que os enseñe. Y, en muchos sitios, incluso existen centros de orientación familiar que enseñan gratuitamente.

No cuesta dinero (o poco) pero sí esfuerzo. ¿Eso es malo? No. Seguro que la carrera que hemos estudiado nos ha costado euros y sudores. ¿Cómo no vamos a invertir un poquito en esto que tiene tantas ventajas? Aparquemos la mentalidad de “a lo fácil”. Los beneficios son potentes. Una inversión de algo de dinero y un poquito más de esfuerzo y tenemos un aprendizaje para toda la vida —hasta la menopausia, al menos—.

Pero ¿por qué parece tan difícil hablar de métodos naturales y explicarlos bien y aprenderlos? Nos hablan de preservativos y píldoras desde enanos y eso nos suena familiar… En cambio de esto no se habla y por eso cuando lo descubrimos se nos puede “hacer bola”, porque es casi como ponerte a estudiar chino a los 25… no fluye igual que si lo aprendes desde los 5 años. Sería muy diferente si lo fuéramos integrando en nuestra vida como vamos aprendiendo otras cosas según maduramos… 

Relacionado con esto no os perdáis esta reflexión de Eva Corujo: ¿Qué pasaría si se dedicara el mismo esfuerzo económico en educar en fertilidad que en hacer contraceptivos? 

VERDAD 2 — «No tienen efectos secundarios»

Cero efectos secundarios. Ni dolores de cabeza, ni hinchazón, ni náuseas, ni aumento de la presión arterial, ni retención de líquidos, ni cambios de humor bruscos, ni disminución de la libido, ni formación de trombos. Tampoco te ponen en riesgo de trastornos hepáticos, ni aumentan tus posibilidades de sufrir cáncer de mama o de cuello de útero.

Y, por supuesto, no tienen efectos negativos sobre la fertilidad (como sí pasa con los anticonceptivos hormonales). 

Como los métodos naturales son totalmente inocuos se pueden usar en cualquier momento, también durante la lactancia, la premenopausia, los meses del posparto…

VERDAD 3 — «Son ecológicos»

No producen desechos, no contienen químicos, no contaminan, no incluyen en tu cuerpo agentes externos potencialmente dañinos. Son ecológicos porque respetan totalmente la naturaleza del acto sexual, sin injerencias, sin intromisiones en ninguna de sus fases, y son respetuosos asimismo con los cuerpos tanto de la mujer como del hombre.  

VERDAD 4 — «No son “contraceptivos naturales”»

Este artículo lo explica muy bien: un contraceptivo «trata de evitar el embarazo anulando la posibilidad procreativa del acto sexual». Esto es algo que nunca sucede con los métodos naturales (por lo que decía del respeto en el punto anterior). La PFN es otra cosa totalmente distinta.

Además, una diferencia que me parece también esencial es que sirven tanto si buscáis como si no buscáis un hijo en ese momento. Eso no lo consigue un anticonceptivo. 

La naprotecnología, por ejemplo, ayuda a parejas con dificultades para conseguir un embarazo sin ser sustitutiva, ni invasiva; con total respeto por la persona en su integridad —cuerpo, mente, corazón—, con total respeto por la naturaleza del acto sexual y, por supuesto, por la dignidad del futuro bebé. Ante una infertilidad, la aproximación médica correcta debería ser buscar las causas, ¿no? Tristemente esto no es lo común y se va más a poner un parche, a conseguir un resultado, que a ver cuál es el problema de fondo. La Napro, por su parte, aborda la infertilidad con un enfoque verdaderamente médico y con unos datos, además, muy buenos: consigue identificar la causa de una infertilidad en el 99,5 por ciento de los casos

Unas cifras de la eficacia del método Billings para conseguir embarazo (visto en Letyourselves): de 384 parejas, 240 consiguieron un embarazo en el plazo de 2 años (62,5% de éxito): una tasa de embarazo mayor al 50% en parejas clínicamente infértiles —incluidas mujeres que anteriormente no tuvieron éxito con la reproducción asistida— y 73% en parejas fértiles. Aquí está el estudio completo

Los métodos naturales —a diferencia de los anticonceptivos— también tienen la capacidad de ayudar a la salud sexual y reproductiva de las mujeres que los usan. Al poder tener un conocimiento de tus ciclos a tiempo real —y con el acumulado histórico de lo que vas apuntando— es mucho más sencillo detectar un problema cuando aparece; y también facilita el diagnóstico al acudir al médico con una información de meses y meses (o años) sobre tus ciclos. Como dice este artículo: «Ningún anticonceptivo te da esa valiosa información».


Los métodos naturales permiten vivir la paternidad y la maternidad con serenidad, con frescura, sin miedo a los embarazos (sin miedo a los hijos), sabiendo lo que puede seguirse de cada relación sexual porque te conoces, os conocéis. Permiten disfrutar de la sexualidad sin nada que afecte el desarrollo normal de las hormonas en la mujer, sin introducir elementos extraños en la relación.

Son ecológicos, gratuitos, sin efectos secundarios, fomentan la comunicación en la pareja y potencian su unión, son eficaces para vivir la paternidad responsable —tanto si buscáis o no buscáis un embarazo—, son para todos.


Foto de Jonathan Borba en Unsplash

Un comentario en “4 mitos y 4 realidades sobre los métodos naturales

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