Aventura oxfordiana: acogida, amigos, idioma, rutinas, planes, nostalgia

En el anterior post sobre la aventura oxfordiana, contestaba a algunas de estas preguntas: 

  • ¿Por qué fuisteis? ¿Cómo fue la mudanza? 
  • ¿Cómo se toma una decisión así? ¿Cómo te enfrentas al miedo / pereza de comenzar en un sitio nuevo, encajar y hacer amigos?
  • ¿Cómo hacer para que no afecte a la pareja?
  • ¿Cómo elegisteis casa? ¿Estaba amueblada o llevasteis vuestros muebles?
  • ¿Cómo fue la adaptación de los niños?
  • ¿Qué fue lo que más te costó?

En esta segunda parte, van estas otras:

  • ¿Habéis sido bien acogidos? ¿Os ayudaron otras personas?
  • ¿Qué planes hacéis?
  • ¿Cómo vivís la fe?
  • ¿Qué tal el inglés?
  • ¿Qué tal el choque cultural?
  • ¿Qué tal el clima?
  • ¿Cómo se lleva tener a la familia lejos?
  • ¿Cómo haces para llevar los momentos más nostálgicos?

¿Habéis sido bien acogidos? ¿Os ayudaron otras personas?

En el artículo «Prejuicio y sensibilidad» escribí también sobre esto. Nos han acogido fenomenal. En primer lugar Marta y Víctor (quienes nos habían ayudado tanto por videollamadas de whatsapp). El primer sábado en Oxford, saliendo de St Aloysius —la iglesia donde predicaba Newman, donde Hopkins fue sacerdote y donde Tolkien solía ir a misa—, se nos acercó un matrimonio chileno, Magdalena y Clemente, con sus dos hijos, a darnos la bienvenida. Enseguida intercambiamos teléfonos y el viernes siguiente estábamos merendando en su casa. Al día siguiente, otro matrimonio (ella chilena y él inglés), nos dieron la bienvenida también a la salida de la misma iglesia y nos dijeron que teníamos que fijar una fecha para que fuéramos a comer a su casa (el marido es un cocinero excelente). 

Por Magdalena conocí a Nathalie, que me invitó a un plan de amigas en su casa de “reencuentro de verano” sin haberme visto nunca. Y allí estaban también Bea y Rocío. Unas semanas después, Rocío y su marido, Dominic, nos prepararon una rica cena de pollo asado con coles de Bruselas y Yorkshire pudding.

Tenemos además la suerte de que dos de mis hermanos viven en UK: Álvaro en Londres y Pablo en Bristol. Estamos a un tiro de piedra. El primer finde de nuestra llegada, vinieron a echarnos una mano y gracias a ellos conseguimos dejar la casa bastante adecentada en tiempo récord. (Recuerdo esos primeros días recorriendo la casa deshaciendo cajas y con el bote de Sanytol como extensión de mi mano. De vez en cuando oía a alguno de los niños: «¿Dónde está mamá?». Y la respuesta siempre era: «Deshaciendo cajas»). Nos han visitado más veces y para mí es mucha paz tenerles tan cerca. También es muy bonita la relación que se ha creado entre ellos y sus sobrinos; nunca se habían visto tanto durante tanto tiempo, porque cuando nacieron nuestros hijos, mis hermanos ya se habían ido de España. 

Un detalle bonito: al llegar a nuestra casa, había muchas cartas. La mayoría dirigidas a la dueña, claro, o de propaganda. Pero entre todo eso… aparecieron unas postales y unas cartas a nuestro nombre. Mi hermana Teresa había tenido la idea de pedir a familiares y amigos que nos enviaran postales para que estas nos dieran la bienvenida al llegar a nuestro nuevo hogar. Aún me emociono cuando recuerdo ese momento de ir abriendo sobres sentada en las escaleras de moqueta.

¿Qué tal el inglés?

Voy más lenta de lo que desearía. También es verdad que al final solo uso el inglés con vecinos, padres del colegio, algunas de mis amigas de aquí (otras son españolas o latinoamericanas), repartidores y dependientes. Así que voy avanzando poco a poco. Entiendo más que antes, pero siempre que pienso que entiendo casi todo conozco a alguien que habla con acento rarillo (ojo con los escoceses) y ya no sé qué pensar. Pero desde el comienzo decidí que tenía que lanzarme a hablar aunque pareciera tartamuda.

Hay ocasiones en las que me veo con más calma y más confianza (creo que depende de la reacción paciente y cariñosa de mi interlocutor) y otras me equivoco muchísimo y ya me río de mí misma. Tengo envidia del inglés de Jaime, que me corrige la pronunciación e incluso a veces le tengo que pedir que me ayude a entender a alguna persona. Toca asumir las limitaciones.

¿Notáis el choque cultural?

No tanto. O a lo mejor es que me esperaba más. Los ingleses, al menos los que hemos conocido, han sido amables y acogedores con nosotros. Obviamente no es la calidez hispana, pero no me he encontrado la frialdad que recordaba de mi única inmersión en Inglaterra (hace mil años, con el colegio, una semana, casualmente en un pueblo a 40 minutos de donde vivo ahora). 

Notamos y vivimos las diferencias culturales, pero la verdad es que no he tenido experiencia de “choque” con ellas.

¿Cómo es vuestro día a día allí? ¿Os habéis vuelto británicos en horarios y comidas?

Nos levantamos prontísimo para que yo pueda trabajar parte de mi jornada sin niños (y la otra parte cuando viene la chica que nos ayuda). Cuando termina el cole, voy a buscar a Jaime dándome un paseíllo con los dos peques. Por la tarde: jardín o parque o juegos en casa o hacer algún recado cuando Pablo termina de trabajar.

En España ya cenábamos bastante pronto, así que eso no ha cambiado. Sí hemos adelantado la hora de la comida (a las 12,30h). Nos hemos adaptado muy fácilmente al horario British, la verdad.

También al calendario británico de los colegios. No empiezan vacaciones de verano hasta finales de julio y luego vuelven, parecido a España, a comienzos de septiembre. Eso sí, durante el curso, cada 6 semanas aproximadamente, tienen lo que llaman el half-term: una semana de parón a mitad de trimestre (además de las vacaciones de Navidad y Pascua). Al principio me parecía un rollo organizativo eso de parar una semana cada x tiempo, pero después de un año creo que este sistema me gusta. Incluso para los padres (teniendo resuelto el tema de con quién se quedan los niños) me parece que es un parón necesario: sigues trabajando, claro, pero desprenderte durante unos días del horario escolar, las carreras matutinas arreglando al personal, el ir y volver del cole, etc… supone un poco de descanso.

Nos hemos hecho también a la comida: no es tan diferente a la española y en los supermercados encuentras casi de todo. Solo echo en falta cosas puntuales como espárragos en conserva, croquetas, aceitunas ricas (las que he conseguido en supermercados estándar son más bien malillas), jamón serrano e ibéricos en general (of course), etc. Mi hermano Álvaro nos surte de productos de la semana española del Lidl cada vez que viene a vernos. Desde el comienzo me ha hecho ilusión aprender los platos típicos de aquí también y descubrir nuevas comidas. En una de sus primeras visitas, mis hermanos se partieron de la risa al verme meter en el carro de la compra con toda naturalidad una bolsa de Yorkshire puddings, en plan «Estás muy dentro».

Al poco de llegar, Marta y Víctor nos invitaron a comer a su casa y Marta me hizo un tour por sus armarios y despensas explicándome qué comprar y dónde (tanto de comida como de productos de limpieza y cosas similares, en plan “cuál es el equivalente a este detergente que solía usar en España”, “cómo se llaman los pescados en inglés”, y truquillos variados que me fueron muy útiles y me ahorraron mucho tiempo de ensayo-error).

Planes para hacer

En esto no os puedo decir muchísimo de momento porque aún estamos en fase de exploración. Los primeros meses, con la adaptación y todo, no tuvimos mucho tiempo de turisteo. Pero os cuento algunos de los planes que nos han gustado:

  • Blenheim Palace (lo habréis visto repetidas veces en mi Instagram), lo tenemos a 10 minutos en coche de casa. Nos hicimos el pase anual aunque también tiene partes a las que puedes entrar gratis. Es un palacio precioso, que ha sido escenario de muchísimas películas. En otoño se viste de unos colores espectaculares. Por una serie de eventos y circunstancias no pudimos ir avanzada la primavera para ver la zona de rosales, pero me han dicho que es una maravilla.
  • Paseo por el centro, Cornmarket Street, Covered Market… y subir por 3 pounds a la Carfax Tower desde la que se ve una panorámica de toda la ciudad.
  • Vivimos al lado de un río pequeñito y el paseo por ahí con las bicis les gusta mucho a los niños. Además, en donde vivimos estaba situado antiguamente el zoo de Oxford y justo al poco de llegar hicieron por toda la localidad diferentes rutas con huellas de diferentes animales. Así puedes recorrer Kidlington siguiendo las huellas del mono o del oso y ver adónde te llevan.
  • En Grandpont House hemos hecho barbacoas familiares y planes de canoa por el río. A los niños les encanta.
  • Wytham Woods. Marta y Víctor nos llevaron al poco de llegar. Un bosque de 423 hectáreas perteneciente a la Universidad de Oxford.
  • St Giles’ Fair: la feria anual de Oxford a comienzos de septiembre. Dos días en los que esa zona de la ciudad se transforma totalmente con las atracciones, los puestecitos de todo tipo y las riadas de gente.
  • Ashmolean Museum. Solo hemos explorado de momento la planta baja, dedicada al mundo antiguo: Egipto, Mesopotamia y otras civilizaciones. Es gratuito.
  • Colleges. ¡Quiero conocerlos todos! De momento hemos visto cuatro: St John’s, Magdalen, Nuffield y Somerville. Un buen momento para visitarlos es en el Oxford Open Doors, un fin de semana en el que muchos colleges y otros edificios emblemáticos de la ciudad abren sus puertas a los visitantes.
  • Meadows. Tenemos pendiente todavía explotar algunos de los más míticos de la ciudad, pero el último que nos ha gustado es el de Christ Church. 
  • Londres está muy cerca. Aprovechando esa cercanía (y que tenemos a uno de mis hermanos ahí), fuimos a ver las luces de Navidad el pasado diciembre y, hace unos meses, al Natural History Museum (los niños alucinaron). Bristol, que también está cerca, es uno de nuestros pendientes.
  • Seguiré actualizando el listado, si os interesa 😉

¿Qué tal el clima?

Era otra de esas cosas que me esperaba peor, aunque cuando la gente me hacía el comentario de «Uy, prepárate para el mal tiempo», yo les miraba y pensaba: «A ver, que soy de Burgos y he estado 13 años viviendo en Pamplona». Y, efectivamente, la temperatura, la cantidad de lluvia, el frío… todo muy similar. También sus días de cielos azules y días primaverales que huelen a verano. Tres diferencias: el verano ha sido mucho más templado y gris que en España (aquí con 32ºC ya es “ola de calor”), en general se nota el clima más húmedo y los días en invierno son muuuuuy cortos (creo que, en cuanto al clima, esto es lo que ha sido para mí más costoso: semanas y semanas oscureciendo a las 4 de la tarde; aunque, esto combinado con horarios ingleses, ni tan mal. Si comes a las 3 y a las 4 se hace de noche creo que la sensación es peor que si has comido a las 12,30 y a las 4 oscurece…).

¿Cómo vivís la fe?

Una cosa que hemos descubierto aquí y que nos ha encantado es la comunidad que se hace entre los católicos en las parroquias. En muchas se organiza un sencillo café después de alguna de las misas dominicales y es un momento genial para construir amistades y hacer piña. Gracias a eso hemos podido conocer también a más gente. En nuestra parroquia lo organizan haciendo turnos algunos de los feligreses que se ofrecen voluntarios. Un finde no pudo encargarse el asignado y acabamos preparándolo nosotros. En ese momento le miré a Pablo y le dije: «Ya estamos muy integrados». En esta misma iglesia, los domingos antes de la misa los niños de entre 3-7 años tienen unas catequesis con método Montessori impartidas por una mujer adorable.

Vivir en un país en el que los católicos somos minoría me ha hecho rezar mucho más por la unidad de los cristianos y por las vocaciones sacerdotales. Esta segunda intención es interesada (en parte) porque conseguir ir a misa a diario aquí es casi una odisea. También para mí, este “estar en minoría” me ha hecho redescubrir con más fuerza que los primeros responsables de la fe de nuestros hijos somos nosotros: incluso aunque viviéramos en un ambiente 100% favorable a nuestras convicciones, la responsabilidad es de los padres y no podemos olvidarlo.

Jaime va a un cole católico y público. Como lo oís. Esto nos suena especialmente llamativo a quienes venimos de países en los que no se entiende lo del derecho de los padres a decidir la educación de los hijos ni el tema de la libertad religiosa, ¿verdad? Aquí, en un país mayoritariamente anglicano, no tienen ningún problema en que haya coles públicos católicos. 

Tenemos la suerte también de haber conocido a un sacerdote español que lleva en Inglaterra muchísimos años y al que acudimos para acompañamiento espiritual.

¿Cómo se lleva tener a la familia lejos?

Creo que los años de pandemia, con sus confinamientos y restricciones de movilidad entre regiones, nos habían entrenado (tristemente) a estar temporadas largas sin ver a nuestros familiares y en parte creo que eso hizo la separación más fácil. Por otro lado, ¡tampoco estamos tan lejos! Y nuestra idea es pasar la Navidad y parte del verano en España.

También es verdad, como os contaba en otra respuesta, que tener a mis dos hermanos pequeños cerca marca la diferencia.

Que nuestra adaptación haya sido tan buena se debe, sin ninguna duda, a nuestros nuevos amigos oxfordianos: amigos que acaban siendo familia. Amigos que son tribu, que son red. Que recogen a un niño en el cole un día de lluvia, con los que hacer intercambio de canguros para poder salir a cenar, que te guían por los entresijos de cosas cotidianas inglesas desconocidas, que te acercan un tupper de arroz caldoso a la puerta cuando estás con una horrible gastroenteritis. 

¿Cómo haces para llevar los momentos más nostálgicos?

Os confieso que no he tenido muchos a nivel nostálgico profundo. ¿Echo de menos cosas? Sí, pero como echo de menos las aceitunas españolas, el jamón o los espárragos en conserva. Del mismo modo echo de menos nuestro pisito nuevo en una urbanización con piscina, ver a los compañeros de trabajo más allá de una pantalla o lo bien que controlaba el transporte público de mi ciudad (en contraste con lo obtuso que me resulta aún el sistema que tienen aquí). Se echan de menos abrazos de amigos y familia, se acusa la distancia en momentos en los que te gustaría estar más cerca…Pero no ha sido nunca una nostalgia general ni una morriña triste. Creo que es por la certeza de que esta aventura oxfordiana suponía el transplante de un hogar: estamos los cinco juntos y «home is wherever I’m with you».

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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