La vida tras la ruptura

«Dime, ¿de verdad se deja de echar de menos a esa persona algún día?». Me lo preguntaba una amiga hace unos años, con lágrimas en los ojos, tras la ruptura de su noviazgo. La respuesta, claro está, es «sí», pero ¡qué difícil creer que así será cuando tienes el corazón totalmente desgarrado por un dolor tan fuerte!

Que cueste confiar en ese «sí» no quiere decir que sea mentira. La EPA lo avala. Muchas veces hemos tenido la sensación de ser incapaces de volver a amar, de volver a entregarnos, de empezar de cero y construir otro amor, pero esa sensación acaba pasando —no por arte de magia, como explicaré luego, claro— y volvemos a amar, a sonreír y a ser felices. Mi amiga que formuló la pregunta que abre esta entrada encontró a un hombre maravilloso, están casados y tienen un peque. Sí, llega un momento en el que dejas de echar de menos.

No solo es tiempo y espacio

Hay una canción preciosa de Jess Glyne que habría sido una de mis canciones catárticas perfectas si hubiera existido en los tiempos en los que solía necesitarlas. En Take Me Home, Jess canta: «You say space will make it better / and time will make it heal / I won’t be lost forever / And soon I wouldn’t feel / Like I’m haunted, oh, falling».

Dice muchas verdades, y es verdad, qué duda cabe, que «el espacio lo mejorará y el tiempo lo hará curar». Hay que contar con ellos y confiar en eso también. Pero no dejarles a esos dos elementos todo el trabajo. Es como esperar que la gente madure solo con el tiempo: no, lo único que madura con el tiempo son las frutas y las verduras. Las personas tenemos libertad para algo. Para construir nuestra vida y nuestros amores.

Tu recuperación después de una ruptura depende en buena parte de ti. Lógicamente si sigues cada paso de tu ex a través de las redes sociales, si preguntas por él/ella a vuestros amigos en común, si te dedicas a repasar las fotos y los mensajes compartidos… la herida tardará muuuuuucho en curar, y puede que hasta se infecte. Mejor no hurgar. Existen heridas profundas que necesitan un tiempo de recuperación, hasta que dejan de sangrar, hasta que puedas aplicar cicatrizante, hasta que dejan de doler, hasta que sanen del todo… Hay que ser paciente con esos tiempos, y no frustrarse si han pasado dos semanas y sigues llorando por los rincones. Cada uno tiene su ritmo. Pero es un peligro pasarse por el otro extremo. Y, por supuesto, lo primero que debes hacer es “arrancarte” a esa persona del corazón. Habéis/ha/has decidido que lo mejor es seguir caminos distintos. Pues ya está.

El consejo de una amiga mía es darse un plazo fijo para llorar-ver pelis de amor y drama-hincharse a tomar helado de chocolate con una mantita en el sofá. Y, terminado el plazo, a otra cosa. Llorar ayuda a soltar. Pero no vale regodearse en la propia pena. Al final uno acaba llorando porque está llorando y no por el motivo real. No seamos masocas.

Algo que puede contribuir a curar un corazón es llenarlo de cosas buenas, de aficiones (nuevas o antiguas) y, sobre todo, de los amigos, de la familia, de la gente que te quiere. Un corazón roto se cura con amor, no con teorías o discursos.

¿Se puede hacer que una ruptura duela menos?

Creo que sí. El dolor depende muchas veces de cómo ha sido el noviazgo y cómo ha sido la ruptura. En «El noviazgo nace para acabar» comentaba que la manera de solventar una crisis tiene una importancia clave: si en medio de la tormenta no se pierde de vista el respeto mutuo, se intentan tener buenas conversaciones, sinceras, tranquilas, de contar lo que uno siente sin atacar al otro, sin juzgar, intentando buscar lo mejor para los dos… eso resulta muy beneficioso tanto si se trata de una crisis de crecimiento como si la relación termina. Acabar con un cierto buen sabor de boca, dentro de la amargura de una situación así.

Terminar con engaños, con reproches, sin afán de entenderse, con faltas de respeto… ahonda la herida y puede que la recuperación sea más complicada.  Las rupturas unilaterales también son desaconsejables. Aunque sea tu iniciativa, hay que dar la oportunidad al otro de que entienda tus razones y de que explique las suyas.

Un aspecto que me parece interesante subrayar en este sentido es que no siempre sufre más quien “es dejado”. Ni el “malo de la peli” es siempre el que “lo deja”. A veces la decisión de plantear un final no es la más sencilla, sino la más valiente. No querer planteárselo y simplemente hacer la técnica del desgaste es una actitud cobarde que puede causar más dolor que un «Esto tiene que acabar».

¿Qué estás echando de menos?

Ya sean noviazgos de seis a meses o relaciones de siete años, uno va acumulando vivencias y recuerdos de los que, llegado el caso, cuesta desprenderse. Y tras la ruptura, se echan de menos mil cosas: las rutinas creadas, ese mensaje de buenas noches, la presencia, una manera de reír, las conversaciones, los ratos compartidos…

En este echar de menos, creo que hay una pregunta que puede ayudar a poner un poco de paz al corazón herido: ¿Qué estás echando de menos exactamente? Yo lo descubrí tras mi primer noviazgo fallido, con unos tiernos 17 años, y creo que gracias a leer al gran Gustave Thibon. ¿Estás echando de menos —solamente— unas sensaciones, unos sentimientos, una compañía, un “tener a alguien”… o estás echando de menos a la persona? Cuando es el primer caso, resulta más sencillo dejar de sufrir: lo que echas de menos no es irreemplazable, volverás a enamorarte, volverás a compartir momentos así… Otro cantar es el segundo caso: cuando lo que te pesa es renunciar a esa persona en concreto, cuando querías que tu vida estuviera siempre unida a esos ojos, a esa manera de hablar y de vivir las cosas… En casos como este, el echar de menos va a algo tan esencial y único que cuesta no hacerlo. Pero, aun así, conviene no perder de pista el siguiente punto:

Dos frases que son mentira: «Nadie te va a querer como yo» y «No podré volver a amar a alguien tanto»

Sentencias míticas en casos de ruptura. Seguramente se dicen con intención sincera, pero la realidad demuestra que esas frases no son verdad. Salvo en casos de noviazgos tóxicos, cuando a un «Nadie te va a querer como yo» habría que contestar: «Eso espero». Pensar que nadie es capaz de amar a esa persona tanto como la he amado yo puede significar que a) me creo la persona que mejor sabe amar del mundo o b) pienso que esa persona no merece el máximo amor y que lo que yo le daba ya era demasiado y nadie le dará más que eso, como si no fuera digno de más. Tanto a) como b) suenan absurdos, ¿no?

La sensación de «No podré volver a amar alguien tanto» es comprensible cuando te has implicado tanto en una relación que acabas agotado, además de desengañado. Piensas que has dado todo lo que podías dar, que ha sido la relación más “perfecta” que has tenido nunca, y que lo que habéis vivido es irrepetible. Ante esto, te diré: es verdad, no podrás volver a amar a alguien tanto, no si no te lo propones, no si te quedas enganchado en el paso, no si no aprendes de lo que no salió bien… Pero si quieres, si le “pones ganas, le pones corazón” —como dice la canción—, puedes volver a amar así y mucho más. Esto es de primero de Filosofía: siempre se puede amar más.

¿Cuánto tiempo hay que esperar después de una ruptura antes de empezar a salir con alguien?

Como en las cosas importantes de la vida: no hay recetas para esta pregunta. Recuerdo, en Secundaria, que una amiga mía decía: «Hay que esperar el doble del tiempo que has estado». Claro, en noviazgos que duraban dos meses algo así era planteable sin cuestionarse su lógica, pero… ¿qué haces con un noviazgo de 7 años que se rompe? No hay reglas fijas. Cada persona es un mundo, y cada relación, otro.

«Es que a veces sigo soñando con ella». Vale, pero eso es involuntario, no quiere decir nada (a no ser que sigas soñando con ella porque te dedicas a stalkearla en instagram, claro). “Arrancar” de tu corazón un amor roto no es fácil. Necesitas un tiempo de recuperación, fuerza de voluntad y llenarte de cosas que vuelvan a ilusionarlo. Sobre todo las primeras semanas o meses te vendrán recuerdos abundantes a la cabeza: tú decides si te regodeas en ellos o los despejas a corner. A veces puede pasar también que el “espacio” necesario para una rápida recuperación se complica porque la tienes en clase, en el trabajo, en el bus, todos los días.

Cuando hablo de llenar el corazón de ilusiones no me refiero a “un clavo saca a otro clavo”. Para nada. Empezar una relación nueva cuando aún sangra la herida de la anterior, cuando todavía no te sientes con fuerzas para volver a confiar y a amar, cuando tienes dudas, cuando cabe la sospecha de que en ese nuevo amor estés buscando más un consuelo que otra cosa… es bastante rollo y bastante injusto para la otra persona. No digo que haya que recluirse en un convento y guardar luto hasta que uno se sienta recuperado. Hay que salir, tomarse cafés y gin-tonics, pero siempre con sinceridad, valentía y la idea clara de que con las personas no se juega, a las personas se las ama.


Foto de Emma Frances Logan en Unsplash

2 comentarios en “La vida tras la ruptura

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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