El amor como nunca te lo habían contado (un breve comentario sobre “Amoris laetitia”)

Quizá alguna vez te han dado ganas de interpretar la famosa frase de san Agustín «Ama y haz lo que quieras» a lo fácil, para justificar un modo de vivir, o un cristianismo líquido y de dejarse llevar, Para esos casos llega… la parte de la Amoris laetitia (La alegría del amor), escrita por el papa Francisco, sobre el himno a la caridad de Pablo de Tarso. Por si a alguien le suena a mandarín, copio:

«El amor es paciente,
es servicial;
el amor no tiene envidia,
no hace alarde,
no es arrogante,
no obra con dureza,
no busca su propio interés,
no se irrita,
no lleva cuentas del mal,
no se alegra de la injusticia,
sino que goza con la verdad.
Todo lo disculpa,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo soporta»
(1 Co 13,4-7).

Seguro que lo habéis escuchado en mil bodas —incluso en la propia, como fue nuestro caso—, en Un paseo para recordar y  atribuido a gentes diversas (al guaperas de la peli, a Paulo Coelho o gurús derivados…).  A lo mejor habéis rezado con ese texto también, y le habéis dado vueltas, pero creo que puedo asegurar que nunca habíais descubierto que tenía tanta miga como después de leer el texto del papa.

Cada apartado te interpela y te hace preguntarte: «¿Yo estoy amando así?». ¿Así de paciente? ¿Así de servicial? ¿Tan sin envidia, tan sin alarde ni arrogancia? ¿No soy un poco tosco a veces y voy a mi bola? ¿No tengo unas susceptibilidades del patín y me voy guardando rencorcillos? ¿Soy así de desinteresado y busco siempre el bien del otro? ¿Lo disculpo todo, lo creo todo, lo espero todo, lo soporto todo?

Nos lleva a preguntarnos por nuestras insanas exigencias y pretensiones hacia los otros:

«El problema es cuando exigimos que las relaciones sean celestiales o que las personas sean perfectas, o cuando nos colocamos en el centro y esperamos que sólo se cumpla la propia voluntad. Entonces todo nos impacienta, todo nos lleva a reaccionar con agresividad»

Y por eso dice que no olvidemos que

«para poder comprender, disculpar o servir a los demás de corazón, es indispensable sanar el orgullo y cultivar la humildad»

Humildad para las relaciones con los demás y para con uno mismo:

«Hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás»

Porque la mirada de quien ama es una mirada amable que permite

«… que no nos detengamos tanto en sus límites, y así podamos tolerarlo y unirnos en un proyecto común, aunque seamos diferentes»

A veces se nos puede “empañar” la mirada hacia el otro, y no verle como realmente es, y esto tiene sus peligros:

«Tantas veces nuestros errores, o la mirada crítica de las personas que amamos, nos han llevado a perder el cariño hacia nosotros mismos»

Porque es verdad que primero hay que amarse a uno mismo, pero esta es la clave para entenderlo bien:

«Hay que evitar darle prioridad al amor a sí mismo como si fuera más noble que el don de sí a los demás. Una cierta prioridad del amor a sí mismo sólo puede entenderse como una condición psicológica, en cuanto quien es incapaz de amarse a sí mismo encuentra dificultades para amar a los demás»

Si centramos el foco en nuestro ombligo y

«Si no alimentamos nuestra capacidad de gozar con el bien del otro y, sobre todo, nos concentramos en nuestras propias necesidades, nos condenamos a vivir con poca alegría, ya que como ha dicho Jesús «hay más felicidad en dar que en recibir» (Hch 20,35). La familia debe ser siempre el lugar donde alguien, que logra algo bueno en la vida, sabe que allí lo van a celebrar con él»

Advertencia: no pensar que por estar casados lo tienes ya todo ganado:

«Cada día, “entrar en la vida del otro, incluso cuando forma parte de nuestra vida, pide la delicadeza de una actitud no invasora, que renueve la confianza y el respeto […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el respeto de la libertad y la capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón”»

Porque la libertad es fundamental en el amor ya que

«Esta misma confianza hace posible una relación de libertad. No es necesario controlar al otro, seguir minuciosamente sus pasos, para evitar que escape de nuestros brazos. El amor confía, deja en libertad, renuncia a controlarlo todo, a poseer, a dominar»

Como podéis ver, en esta manera de amar que explica el papa —que es la manera de amar que enseñó Jesús— no hay nada de líquido ni de conformista. Es exigente, muy exigente. A veces lo lees e incluso es incómodo porque te das cuenta de que hay que cosas que debes cambiar.

Eso sí: es precioso. Resulta inevitable desear que te amen así. Y resulta inevitable desear ser capaz de amar así. Una chulada.

El «ama y haz lo que quieras» solo es verdad si entendiéramos por amar todo lo que en esas líneas se describe.

Por si he conseguido picaros la curiosidad de leer el comentario del papa entero:

El himno a la caridad como nunca antes lo habíais visto.


Además de por ser una pasada de texto, la Amoris laetitia es importante para mí por otras razones:

Es la exhortación apostólica (aquí Arguments explica exactamente qué es eso) fruto del último Sínodo de la Familia, y precisamente la oración que el papa Francisco compuso con este motivo fue la que acompañaba nuestras invitaciones de boda y la que la gente podía leer en nuestra web.

Un poco después, el 31 de marzo de 2016 escribí en Twitter:

La Amoris laetitia salía el 8 de abril. Me pilló con Jaime recién nacido, aún en el hospital. Ese mismo día mi amiga Rocío, que es una mega crack —y que no había leído mi tweet— se presentó en nuestra habitación con un regalo: sí, el texto de la Amoris laetitia recién salido del horno.

Aquí la podéis descargar en pdf y en diferentes formatos electrónicos.

4 comentarios en “El amor como nunca te lo habían contado (un breve comentario sobre “Amoris laetitia”)

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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