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¿Qué pasa cuando se casa una amiga?

Cuando en un grupo de amigas comienzan las primeras bodas la emoción suele ser grande. Se vive con ilusión cada preparativo, se comparten las inquietudes y los sueños, y las amigas —si son buenas amigas— se alegran infinito por la aventura que va a comenzar la que se casa. Todo esto puede ir unido a una cierta pena: se intuye que el nuevo camino de la futura esposa es algo nuevo que implicará cambios en sus otras relaciones. ¿Eso quiere decir que cuando uno se casa los amigos se olvidan? No. Para nada. Al menos no debería ser así.

Pero tras la boda y la luna de miel, cuando los recién casados empiezan con su día a día, quienes aún ven el matrimonio desde la barrera empiezan a notar cambios. «Ya no sales como antes», «Echo de menos nuestras conversaciones hasta la madrugada…», «¿Qué hay de nuestra tradición de cenar juntas todos los lunes?»…

La recién casada, por su parte, puede sentir incomprensión, falta de apoyo, alejamiento de aquellas con las que ha vivido tanto… «Claro que también las echo de menos, ¿pero por qué no entienden que ahora las cosas han cambiado?».

¿Está la amistad en peligro? Creo que si es una amistad sólida y buena, no tendría por qué. La amistad es un tipo de amor, y por tanto es incondicional. Entiende, comprende, no guarda rencores, apoya, sostiene… Pero, siendo realistas, varias personas (del lado de las casadas o del lado de las solteras) han experimentado pequeñas (o grandes) crisis tras la boda de una amiga.

Aquí van algunas pequeñas reflexiones al respecto, fruto de la EPA, aunque desde la perspectiva de la amistad entre chicas —que, por razones obvias, es la que más controlo—. No sé cómo será esto entre chicos, pero si alguno quiere compartir su experiencia, creo que podría resultar muy enriquecedor.

 

  1. Entender que la situación es diferente

Ser consciente de que la realidad ha cambiado es el primer paso. Un matrimonio forma algo totalmente nuevo en el mundo. Es un «planeta llamado nosotros», como canta Maldita Nerea. Eso no quiere decir que esté aislado (los planetas no lo están, forman parte de sistemas, galaxias, tienen sus satélites, etcétera). Pero es algo nuevo, distinto a lo que antes había, como os contaba en «El noviazgo está sobrevalorado».

Hay algo cierto y algo falso en la típica frase de «todo va a seguir como antes». Lo esencial de la amistad, sí, por supuesto, debe permanecer. Lo accidental —los planes que hacíamos, por ejemplo— puede cambiar y no pasa nada. Es normal.

No se comportaría como una buena amiga la soltera que recrimina continuamente a su amiga casada que ya no habla con ella dos horas todos los días. Demostraría que no se está poniendo para nada en su lugar, que no ha aceptado que las cosas han cambiado. Sería un reproche injusto.

Tampoco me parece que tenga sentido que unos recién casados siguieran haciendo vida de solteros, porque, para eso, ¿por qué te casas? No se trata de ser lapas —ver punto 6 de este post— pero tampoco de casados-solteros. Como dice Jason Evert en este vídeo: «Si no sois novios, no actuéis como si lo fuerais; si sois novios, no hagáis como que sois un matrimonio; y si estáis casados, no viváis como si estuvierais solteros». Hay que ser coherentes con las decisiones que se toman en la vida. Forma parte de la madurez. Al casarte has puesto lo primero al otro en tu vida, eso es lo que dices en las promesas del consentimiento, y no son solo palabras bonitas, es algo para poner en práctica en cosas muy concretas cada día. Si ir de gin-tonics con tu amiga del alma de normal va antes que una cena con tu marido… a lo mejor hay que reordenar las prioridades. Y digo “de normal”, de modo habitual, porque está claro que esos gin-tonics hay que seguir teniéndolos cuando se pueda. Lo lógico es que para unos recién casados (y casados en general) el mejor plan de todos es el estar juntos, los dos. Y es normal que esto sea especialmente intenso si no han vivido juntos antes de casarse, porque tras la boda lo están estrenando todo, están viviendo su nueva realidad como matrimonio de una manera única, preciosa y muy especial.

Por otra parte, hay muchas otras situaciones en la vida que pueden hacer que las circunstancias de una amistad cambien: por ejemplo, vivir en ciudades o incluso continentes diferentes. Si un simple cambio de escenario lleva la amistad a  desmoronarse, es que tal vez el vínculo era demasiado frágil.

 

  1. No se abandona a las amigas

Y esto sirve para todas. Hay chicas que, emocionadas por su nueva situación vital de casadas, pueden acabar olvidándose del mundo. A ver, paciencia, que esto tiene su parte lógica y normal de emoción de los comienzos de una aventura. Tú, amiga soltera, cuando te toque, ya lo experimentarás y lo entenderás mejor. Hay unas ganas especiales de disfrutar del estar casados, de seguir construyendo ese amor juntos, porque, como canta Aerosmith: «I don’t wanna miss a thing».

Pero, amiga casada, no te olvides de tus amigas. Amistad y matrimonio son dos realidades perfectamente compatibles. Si una amiga te necesita, quiere hablar de algo importante o simplemente comentar algo que le ha pasado, tú estás ahí para ella, como ella está ahí para ti. Tal vez no 24/7 como cuando vivíais juntas. Las circunstancias han cambiado. Pero lo esencial debe permanecer. Las amigas no son un entretenimiento hasta que encuentres al hombre con el que compartir tu vida. Si esta era tu mentalidad, ¡qué pobreza de miras! Y qué triste, porque no habrás conocido lo que es la amistad (y eso te va a afectar en tu matrimonio, además, aunque eso es otro tema).

Amigas solteras: puede que vuestra amiga casada lleve sin aparecer en un plan dos meses. Tal vez haya que hacer una “operación rescate”, si está demasiado ensimismada, o tal vez simplemente hay que tener paciencia y comprensión. Si a tu amiga casada le añades el hecho de que tenga ya un hijo —o más—… puede que su capacidad de maniobra se haya visto un poco mermada. Ante una situación así lo último que hay que hacer es adoptar la típica actitud de «A Rigoberta ya no la llamo porque total, nunca viene…». Eso tampoco es amistad. ¿Para qué querías a Rigoberta como amiga? ¿Solo para las risas?

Con el paso de los años, además, la balanza se suele ir inclinando hacia el otro lado: cada vez habrá más amigas casadas, y menos solteras. Por eso es importante mucha comprensión por los dos lados.

También con el paso de los años las circunstancias cambian y siguen cambiando. Y llega un momento en que tus amigas casadas con niños pequeños son amigas casadas con hijos mayores e independientes y por tanto, con una mayor movilidad —y algo más de tiempo y manos libres—. Por eso es importante seguir cuidando la amistad pase lo que pase. Ya cumplidos los 30, estoy empezando a vivir experiencias tipo reencontrarme con una amiga que hace 10 años que no veía, volver a escribirme con otra de la que no sabía nada desde hacía 15 años… Y es muy bonito ver cómo la amistad, cuando se ha construido con pilares fuertes, resiste el tiempo y el espacio.

 

  1. No hay lugar para envidias

Cuando surgen los roces o los reproches, creo que muchas veces es por envidias encubiertas. Envidia porque pasa más tiempo con él que conmigo, envidia porque ella está casada y yo aún no tengo novio, envidia porque es feliz y yo no soy capaz de tener una relación formal, envidia porque pasan los años y sigo soltera…

La envidia es una emoción muy humana. No hay que flagelarse por ello pero tampoco hay que alimentarla. La envidia nos incapacita para alegrarnos con la felicidad de los demás. Y es muy triste que no seas capaz de estar realmente feliz al ver la felicidad de tu amiga, a la que supuestamente quieres con toda el alma.

La envidia además puede ir unida a resentimientos y no es una buena combinación. Esto envenena una relación mucho más que el hecho de no poder verse durante meses.

Pero la envidia también puede darse en otra dirección: que, llegado un punto y pasada la emoción inicial, la casada empiece a añorar la vida de soltera, sin los compromisos y las preocupaciones que pueden venir con su nueva situación vital. En «Lo que mi hijo me ha enseñado en dos años» os citaba esta gran idea de los autores de Una decisión original:

 «Cada fase tiene su  emoción, sus posibilidades y sus riesgos. […] Lo principal es cultivar una actitud disfrutona, que disfruta de todo lo bueno que nos da la vida. Se trata de reconocer la oportunidad que se abre en cada etapa y el bien que se esconde ella. […] En ocasiones nos agobia aquel “exitismo” […]: el agobio por lo que nos falta, por lo que no tenemos aún, por lo que nos sale mal». O, añadiría en este caso, lo que echamos de menos de “tiempos pasados”.

 

  1. El win-win también forma parte de la amistad —aunque no es solo eso—

Antes he dicho que la amistad es amor incondicional. Pero el amor incondicional no excluye el hacerse favores mutuamente. Si vuestra relación solo estuviera basada en el win-win, vale, no sería una amistad, sería una simbiosis temporal, un contrato mantenido mientras os sirváis mutuamente… Pero en medio de una amistad que da sin esperar recibir, que piensa en el bien del otro y en su felicidad… es normal que nos ayudemos, que aprendamos unos de otros, que nos enriquezcamos mutuamente, además, con la paz y la confianza de que nadie me va a pedir cuentas. Una gozada.

Hablo de esto porque la situación de una amistad entre una chica soltera y una casada creo que presenta un campo enorme de ayuda recíproca. Personalmente, me encanta hablar de la vida de casada con mis amigas aún solteras (ennoviadas o no): resolver —o intentarlo— sus dudas e inquietudes, comentarles mi experiencia —por si les sirve—, etcétera. Por supuesto que conversamos de muchas otras cosas pero el cómo acertar con la persona, o cómo prepararse bien para el matrimonio son temazos que me parecen vitales —y surgen solos de tanto en tanto—.

Por otra parte, el apoyo de las amigas solteras puede ser crucial. En el punto 3 de «10 cosas que he aprendido en mis pospartos» os hablaba de esas «amigas coach» que, sin ser madres, me han ayudado muchísimo en mi maternidad: con sus palabras de ánimo, con sus sorpresas, con sus mensajes, con sus hacerse cargo, con su comprensión, con su estar pendientes… Gracias Rocío, Gema y otras muchas.

Como decía más arriba: solo han cambiado las circunstancias. Además, como las mujeres somos capaces de hacer dos cosas a la vez, aprovechar que acompañamos a nuestra amiga casada al supermercado para ponernos al día; o, como decía una amiga mía con familia numerosa: «A la amiga que quiere quedar para charlar, le digo que se pase por casa a las 7, y hablamos de cosas profundas mientras me ayuda a bañar y a acostar a los niños». El amor es creativo así que… cada una a buscar sus fórmulas. (Sin olvidar un gin-tonic de vez en cuando, aunque sea muy de vez en cuando, aunque sea por Skype, aunque no sea un gin-tonic porque estás con la lactancia…).

 

  1. Sinergias entre matrimonios y noviazgos

Como consecuencia de lo que explicaba arriba, deberíamos sacar mucho más partido a lo que podemos aprender unos de otros los matrimonios y los novios. Según se van cumpliendo años de casados y creo que también muy relacionado con el según vas teniendo hijos, el grupo de amigos acaba siendo más el grupo de los padres de los amigos de tus hijos (que pueden llegar a ser grandes amigos tuyos también, eso lo corrobora la EPA). Pero no hay que olvidar a esos otros amigos pre-paternidad.

Organizar meriendas, cafés o cenas matrimonios-novios me parece algo muy enriquecedor. En «Amor con doble de carne», una iniciativa chulísima de Gift&Task, una de las actividades que ofrecen es las «cenas doble pareja». Los organizadores lo explican genial: «Ver en otros la vida encarnada que uno espera vivir algún día es un regalazo». Por eso han generado «una red de matrimonios anfitriones dispuestos a invitaros a cenar en su casa. […] Testigos que os acogen en un encuentro de confianza donde pasarlo bien, disfrutar, ilusionarse, aprender, comer y beber». El ejemplo de otros —no un ejemplo perfecto sino real, accesible— es esencial para creer y luchar por un amor para siempre.

Por otra parte, la ilusión de los novios, los sueños y las ganas más típicas de esa etapa de la relación pueden ser un estímulo para reavivar el enamoramiento en el matrimonio. Muchas veces, el simple hecho de compartir la propia historia de amor con otros, nos hace volver a vivirla, recordar los cimientos. Mi profesor de Filosofía, Rafael Alvira, nos explicaba que el verbo “recordar” venía del latín, “re-cordar”, volver a pasar por el corazón. Y eso siempre es un ejercicio sano. En esta columna, el propio Alvira decía: «Quien ama algo no lo olvida. “Non ti scordar di me” se canta en la famosa aria operística italiana: la palabra scordare es pura metafísica: “No te me vayas del corazón”. No solo eso: gracias a ese amor ocurren cosas nuevas, mientras que quien no ama ni a las personas ni a los saberes no se renueva, envejece: olvida».


Foto de Becca Tapert en Unsplash

Un comentario en “¿Qué pasa cuando se casa una amiga?

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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