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El noviazgo está sobrevalorado

«El noviazgo está overrated». Sofi y yo nos tomábamos un café hablando de estos temas que tanto me gustan, preguntándonos por qué a veces las relaciones no funcionaban, por qué las crisis, por qué algunas personas no entendían el matrimonio… Yo estaba entonces a unos meses de casarme y ella a unos pocos meses más. Su conclusión fue como un eureka: ¡Exacto! Parte de los problemas que vivimos en nuestras relaciones se deben a que el noviazgo está sobrevalorado. No se le da el valor que realmente tiene y, como consecuencia, el matrimonio se infravalora, porque se produce como una especie de trasvase de características del matrimonio al noviazgo. En breve: tendemos a coger del matrimonio sus aspectos más atractivos, más apetecibles, y se los colocamos al noviazgo, dejando fuera, por supuesto, lo costoso y lo que conlleva esfuerzo.

En este post intento reflexionar un poco sobre las preguntas y objeciones que surgen ante esta idea:

  • «¿Qué hay de malo en sobrevalorar el noviazgo?»
  • «¿Cómo se lleva a cabo esa diferencia entre “ser novios” y “ser esposos”? ¿Es magia? Tampoco me parece que sea para tanto…»
  • «Puedes sentirte muy seguro con la otra persona y saber que es la de “para siempre” aunque solo seáis novios…»
  • «¿Afecta a mi noviazgo vivirlo como si fuera un matrimonio a prueba o un pseudo-matrimonio?»
  • «Parece más bien que estás infravalorando el noviazgo… ¿quieres decir que no tengo que comprometerme ni confiar en mi novio hasta que me case?»

¿Qué hay de malo en sobrevalorar el noviazgo? Que, como os comentaba aquí, «un noviazgo no es un matrimonio, ni un matrimonio a prueba». Noviazgo y matrimonio son esencialmente diferentes. El noviazgo es un camino, una preparación, y por eso es un estado provisional, temporal. El matrimonio tiene en sus raíces el «para siempre». El noviazgo tiene el «para siempre» en sus deseos, pero no es una realidad aún. En el noviazgo hay amor mutuo y un proyecto de compartir tu vida con el otro, pero es solo un proyecto, una idea. En el matrimonio hay amor mutuo y ese proyecto pasa de ser una ilusión a ser una realidad. Además, el amor del matrimonio es un amor de entrega total, y, lógicamente, el ámbito donde puede darse una entrega así es en el «para siempre» comprometido, no solo en el «para siempre» soñado.

Como dicen en Pijama para dos: para que haya notarios, tiene que haber opositores a notaría, pero ser opositor no es un estado permanente. Y, por otra parte, aprobar la oposición no quiere decir que ahí se acaba todo y es el culmen de tu carrera, sino que se trata del comienzo. Paralelamente podríamos decir que el matrimonio no es el culmen de la entrega, es el comienzo de la entrega total. No es que en el noviazgo  —como me dijo una amiga que sobrevaloraba el noviazgo—  la entrega sea progresiva según pasan los meses y los años y cada vez más, y entonces llega un punto que estamos tan entregados que nos casamos… no va así. Sí va de crecer y de aprender, pero la diferencia entre noviazgo y matrimonio no es de grado o cuantitativa. Os casáis porque lo decidís, no porque os habéis “deslizado” hacia eso, o “porque toca”, o como un simple paso más en la relación.

¿Y este paso de noviazgo a matrimonio se produce por arte de magia? No. En «Todos los días de mi vida» lo explicaba un poquito:

«Tiene que haber algo muy poderoso para que un segundo antes de pronunciar esas palabras [las del consentimiento de la boda] yo era yo, y Pablo era Pablo —ambos queriéndonos mucho, pero cada uno en su mismeidad, solito, separado— y un segundo después, los dos somos uno. Un segundo antes éramos novios, y un segundo después somos esposos. (…) Ese algo poderoso que nos transforma de novios a esposos al pronunciar unas palabras concretas es que son más que “simples palabras bonitas”, son palabras que hacen, son palabras que nos entregan, son palabras que comprometen nuestra libertad y nuestra vida, porque nos da la gana»

Hablando de estos temas en una sesión con universitarias, alguien preguntó cómo saber si la otra persona era “la” persona. Les dije, en frase de mi amigo JR, que «te casas con alguien cuando sabes que estás más seguro en sus manos que en las tuyas». A lo que una chica replicó: «Pero puedes sentir que estás más segura en sus manos que en las tuyas durante el noviazgo…».

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Primera respuesta: «Claro. Entonces, si eso realmente es así, y la otra persona puede decir lo mismo, entonces es el momento de casarse». Creo que su réplica tenía de fondo esa sobrevaloración del noviazgo que lleva a pensar: «Si yo ya me siento comprometida, si yo ya siento que le puedo dar mi vida y mi todo, si yo no concibo mi vida sin él… entonces, ¿por qué no darle todo? ¿por qué no irnos a vivir juntos? ¿por qué no acostarnos? ¿por qué no…?». Cuando las preguntas deberían ser: «¿Por qué no te casas? ¿Por qué en vez de casarte te conformas con vivir como si estuvierais casados? Si tan segura estás…».

Segunda respuesta: «Vale, pero ¿qué contenido le estás dando a “estar más segura en sus manos que en las mías”? ¿Es real o es solo un sentimiento? Tiene que ser tan real que sepas que tanto tú como él, actuaríais como Sophie, una mujer francesa que a los ocho meses de la boda se enfrenta con una situación dramática: su marido sufre un accidente, pasa varios meses en coma y cuando se despierta, no recuerda nada desde un año antes de la boda. La asistente social le dijo: “Vete, tienes toda la vida por delante. Puede que tu marido no se recupere nunca”. Sophie no dudó en su respuesta: se quedaba con él, seguía siendo su marido. Si el “estar más segura en sus manos…” significa esto, adelante, cásate». Se hizo un gran silencio en la sala. La historia de Sophie no pasa todos los días, es verdad, pero ejemplifica algo propio del matrimonio: la incondicionalidad, ese «come what may», pase lo que pase, que es la consecuencia lógica de una entrega total y de un «para siempre».

Vivir el noviazgo como si fuera un pseudo-matrimonio, o un matrimonio a prueba, es además, uno de los enemigos de los novios:

«Hay conversaciones, intimidad, tiempos, proyectos y demostraciones de cariño que compartes con tu novio… y hay otro grado de conversaciones, de intimidad, de tiempo, de proyectos y de demostraciones de cariño que compartes con quien ha puesto su vida en tus manos y tú has hecho lo propio con la tuya. No vale la pena quemar etapas, ni vivir lo propio del matrimonio antes del matrimonio. Carpe diem, disfrutad el momento. Esto, entre otras cosas, es bueno porque, si llega el día en que es mejor cortar la relación —y a veces llega, y a veces es lo que tiene que ser—, doler dolerá siempre, pero lo que es terrible es la sensación de: “Nuestros caminos se separan y él se va con cosas de mí que jamás deberían haber sido suyas”».

Ante esta idea, la pregunta que suele surgir es: ¿entonces es como que no te fías del todo y no te comprometes? ¿Cómo puede ser buena esa falta de confianza total entre novios? ¿No es quitarle importancia al noviazgo?

No, no es quitarle importancia al noviazgo. Más bien, hacerlo de otro modo sería quitarle importancia al matrimonio. No se trata de falta de confianza, ni de no comprometerse. Es saber qué corresponde a cada momento con el compromiso que tengo adquirido. ¿Mi entrega es total? Pues confianza total y compromiso total. ¿Aún no me he entregado totalmente? ¿Pues entonces qué sentido tiene una confianza ciega en una relación temporal? Por otra parte, «que el noviazgo sea una fase temporal no quiere decir que no sea importante. O que empieces con alguien un poco “a ver qué pasa, vamos a probar”. No. A las personas no se las prueba, ni se juega con ellas. Se las ama. Y por eso lo que toca es construir el amor, aunque a veces se quede en caseta, otras veces será una catedral», como escribía aquí.

Vivir un noviazgo-pseudo-matrimonio y dejar fuera el sacrificio, la incondicionalidad, el «para siempre» de verdad, es como montarse un «matrimonio a la carta»: cojo solo lo que me va bien, lo que no me va a hacer sufrir nunca, lo que no me va a sacar de mi comodidad, lo que no me va a hacer renunciar a nada… «A lo mejor no para siempre, pero sí es real ahora. Porque no quiero comprometerme —porque no quiero esforzarme—». Pensar y actuar así es quitarle valor al matrimonio. Podéis superar esa etapa y elegir un amor del bueno. Pero si os quedáis ahí instalados —y es un peligro real porque se trata de una postura muy cómoda— los primeros damnificados vais a ser vosotros: porque os vais a perder la grandeza del matrimonio, el «matrimonio con Denominación de Origen», como dicen en Una decisión original, la aventura de verdad, la emoción del tirarse sin paracaídas, la posibilidad de envejecer con quien amas, y de que esa persona sea la que más te conoce en el mundo, la paz que da saber que eres amado incondicionalmente, para siempre, todo tú.


Me ha gustado mucho lo que dice Jason Evert en este vídeo: «Si no sois novios, no actuéis como si lo fuerais; si sois novios, no hagáis como que sois un matrimonio; y si estáis casados, no viváis como si estuvierais solteros». Aborda además otros temas que ya hemos comentado por aquí en «Un café no es una propuesta matrimonial» y en «El tiempo amorfo».


Foto de cabecera por Mohamed Nohassi en Unsplash

11 comentarios en “El noviazgo está sobrevalorado

  1. Cara dijo:

    “Hay conversaciones, intimidad, tiempos, proyectos y demostraciones de cariño que compartes con tu novio”
    Las demostraciones de cariño e intimidad en sentido corporal está claro, pero puedes poner ejemplos de conversaciones e intimidad compartida que no toquen en el noviazgo? gracias! te sigo:)

    Le gusta a 1 persona

    • Luzmaral dijo:

      Hola, Cara. Muchas gracias por tu comentario y tu pregunta. Me encanta, porque justo es una cuestión que me han planteado últimamente un par de veces y a la que le estoy dando vueltas. ¡Esto da para otro post! Aún no he llegado a una conclusión super concreta, pero te comparto lo que llevo reflexionado, a ver si entre varios conseguimos ir aclarando este punto (aunque sea un poco): Como bien dices, es más fácil ver los límites de qué es lo propiamente matrimonial en el ámbito de la sexualidad (esto está muy explicado en diferentes sitios). En otros aspectos creo que lo que se puede dar son como unas claves generales pero que lo más importante es ser prudente (casi nah, vaya), porque hay una gran escala de grises, no es algo que caiga en el ámbito de la moralidad (bueno, a veces puede ser que sí) sino en una amplia gama de acciones y entonces se trata de elegir la mejor para nosotros (que a lo mejor no es la mejor para otros novios con otras circunstancias o con otra manera de ser….). No sé si me estoy explicando… Creo que en esta cuestión es importante tener esto de fondo, para no caer en un encorsetamiento agobiante: me parece que es una pregunta que hay que hacerse, y que hacérsela denota que a uno le preocupa saber querer bien y tener un noviazgo exitoso que lleve a un matrimonio feliz, pero creo que la respuesta más adecuada es: “hay que ser prudente”. Y por lo tanto lo primero será, ejercitar la prudencia y aprender a ser prudente. De todas maneras, pensando en algunos ejemplos concretos, se me ocurrían los siguientes:
      1. Mientras eres novio, la jerarquía es primero tu familia y luego tu novia; cuando te casas, tu esposa es tu familia, así que irá antes que tu familia de sangre (ejemplo: ¿con quién pasas Navidad? ¿con tu familia o con tu novia?) —dejo fuera casos de padres ultraprotectores que te impiden salir con tu novia sin un motivo justificado, y cosas así—
      2. Pensaba también en los casos de “novios-lapa” que llevan al extremo y entienden mal ese deseo de estar siempre juntos. A todas partes van los dos. Inseparables. Ese “ser lapa” ni siquiera es propio del matrimonio porque en un matrimonio es bueno seguir teniendo también “un espacio propio” y no se trata de vivir como siameses. La entrega no consiste en eso. A mí me ha pasado de intentar quedar con alguna amiga para hacer “tarde de chicas” y que resultara inconcebible que el maromo no se sumara al plan :O
      3. En cuestiones económicas, por ejemplo. Si mi novio trabaja y yo soy una pobre estudiante, a lo mejor es comprensible que él invite en las cenas, pero a lo mejor no lo es tanto que me compre un coche. Así como tener una cuenta común una vez casados me parece lo más lógico del mundo, tenerla siendo novios… no me pega.
      4. Luego por supuesto está el tema de vivir juntos antes de casarse. Y, en otra escala, pero creo que un poco relacionado, el montarse viajes los dos solos a las Bahamas o a NY (o más cerca, vaya).
      5. Las decisiones que tomas que dependen de la otra persona. ¿Dejaría a mi familia, mis amigos, mi trabajo, mi ciudad, por seguir a mi marido en un proyecto laboral en las Antípodas? Lo consensuaríamos entre los dos, pero sería una opción muy posible. ¿Y dejar todo eso por alguien con quien no hay un compromiso aún? Puedo hacerlo, por supuesto, y no digo que “esté mal”, digo que son situaciones diferentes. En el primer caso si decidimos ir, sé que puedo ir con los ojos cerrados, puedo confiar totalmente en que lo importante es estar juntos y no importa dónde. En el segundo caso creo que es muy difícil que no exista algún resquicio de miedo tipo “¿y si tomo esta decisión y al final lo dejamos?” y rollos parecidos, a veces sobre temas tan prácticos como “Lo paso mal porque yo aún no encuentro trabajo y no puedo aportar al alquiler del piso tanto como él” (pensamientos o frases como estas creo que ni pasan por la cabeza en un matrimonio).
      6. Sobre conversaciones… Creo que en el noviazgo (como luego en el matrimonio) no puede haber temas tabú. Hay temas que tratas cuando llevas más tiempo y cuando la relación apunta ya al matrimonio, y no en la primera cita, eso sí. Pero luego hay cosas que solo son de la familia, ¿no? Creo que toda familia tiene sus “historias”, esas que no salen de las cuatro paredes del hogar (no necesariamente malas, sino a veces simplemente, muy íntimas, muy familiares), esas que no tiene sentido que las sepa un chaval que tal vez sea algún día parte de la familia… pero aún no lo es.
      7. Sobre conversaciones que sí o que no, en el caso de novios cristianos: mi novio no es mi sacerdote (y mi marido tampoco). Por supuesto compartiré con él mi experiencia con Dios, cómo me ayuda a crecer, cómo una lectura de Misa me ha “tocado” especialmente… pero hay temas de conciencia que creo que es mejor que se queden entre Dios y yo, y, en todo caso, lo compartiré con alguien cualificado para aconsejarme.

      ¿Te dan algunas pistas estos puntos?
      Me encantará leer tus comentarios (y de todo aquel que se anime, claro). Es uno de esos temas en los que aún estoy pensando…

      ¡Gracias!

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      • cara dijo:

        totalmente de acuerdo, Lucía. Tienes razón, prudencia en todo caso y preguntar a alguien de confianza y de criterio si surgen dudas de si algo se tiene que compartir o no…
        Respecto al punto 4, veo en los jóvenes que cada vez es más frecuente lo de hacer “sube y bajas” a alguna ciudad europea (billete baratito) aunque sea solo para pasar el día, y me apena que no guarden la emoción de viajar a solas con “él/ella” para cuando estén casados… son cosas pequeñas, pero cuidar estos detalles (que no está mal en sí, supongo) creo que vale la pena

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      • Luzmaral dijo:

        Muchas gracias, Cara. Como bien dices: en caso de duda, preguntar a alguien de confianza y criterio, y que te conozca. Hay que asumir que en esto, como en todo, vamos a meter la pata, pero que no sea porque nos falta un verdadero interés en intentar amar lo mejor que podamos, ¿no? 😉 Tienes razón con lo del punto 4. Son esos pequeños (o no tan pequeños) detalles que yo también creo que vale la pena cuidar, aunque no es que hacer lo contrario sea algo “malo en sí”. (También, en este tema, me parece que no es lo mismo un viaje de pasar el día que esos viajes que duran días, con los interrogantes que la logística plantea en esos casos… —Esta youtuber aborda el tema en concreto: https://www.youtube.com/watch?v=IR9-5xlEHhs Creo que dice cosas interesantes aunque no suscribo el 100% de lo que dice.

        ¡Gracias por tu comentario!

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