Aprender a ligar con «Orgullo y prejuicio»

Jane Austen no es una autora de novelas románticas. Al menos no si entendemos romántico como ese género de historias donde la pasión y los sentimientos toman las riendas. Sus libros narran historias de amor y desamor, sí, eso está claro, pero, como señala Miguel Ángel Jordán, cuentan mucho más. 

Sin embargo, es indudable que las historias de sus grandes parejas (Lizzy y Mr. Darcy, Marianne y el coronel Brandon, Anne y el capitán Wentworth…) son grandes relatos de amor. Releyendo Orgullo y prejuicio en el verano de 2024, no paraba de subrayar y apuntar en un papel todos aquellos momentos en los que pensaba: «Mejor nos iría en las relaciones personales en general y en las relaciones de pareja en particular, si todos leyéramos más y mejor a Austen». Y ahí se me ocurrió hacer una especie de guía de lo que nos enseña Orgullo y prejuicio sobre el arte de las citas. 

Lo dejé pasar, pero el 16 de diciembre se cumplen 250 años del nacimiento de Jane, así que me ha parecido que era un buen momento para lanzarme a escribir este artículo que llevaba un año pendiente.

Que el lector no tema: no se trata, ni mucho menos, de volver al lenguaje de los abanicos. Tampoco de un modelo de cortejo que implique que la mujer espere sentada en su torre de marfil. Si Jane Austen es un clásico es porque sus novelas reflejan verdades universales del ser humano. Por eso no pasan de moda.

ADVERTENCIA: Este post está repletito de SPOILERS. Sigue leyendo solo si ya has leído el libro / visto alguna de las pelis o series. Podrían sacarse muchos más ejemplos y prestar más atención a las relaciones entre los personajes secundarios, pero me he centrado, al menos de momento, en los principales.

Si te gusta alguien, que se note
No todo es una red flag. Superar la mirada empañada
Pero también es clave identificar a los/las caraduras
Para conocerse, hace falta hablar de tú a tú
Hay que pasar de la primera idealización
Aprender a rechazar y a encajar el rechazo
Se necesita responsabilidad afectiva
¿A qué llamamos amor?
¿Compatibles? ¿O complementarios?
A la hora de declararse

Si te gusta alguien, que se note

Conversación de Lizzy con Charlotte sobre Jane y Bingley. 

«—A Bingley le gusta tu hermana, sin duda, pero puede que la cosa no pase de ahí si ella no lo ayuda.
—Ella hace cuanto le permite su modo de ser. Si yo soy capaz de advertir el modo en que lo mira, él tendría que ser un tonto para no darse cuenta.
—Recuerda, Eliza, que él no conoce el carácter de Jane como tú»

Mi relectura de Orgullo y prejuicio coincidió con estar escribiendo los posts «La primera cita: el antes y el después»  y «Dos cafés (o más) no son una propuesta matrimonial». En este último os contaba que varias de las respuestas de la encuesta que hice decían que una red flag era «si es un prepotente, un soberbio, etc.». Ante esto, yo comentaba:

Tal vez hace unas semanas habría colocado esta respuesta como una red flag. Pero acabo de terminar de releer Orgullo y prejuicio y con esto solo puedo pensar en Mr. Darcy y Lizzy Bennet… No haré spoilers ;), pero sí diré que, así como en una sola cita sí que podemos saber que no compartimos convicciones esenciales, creo que es muy difícil saber cómo es la otra persona. Podemos etiquetar a la gente lo que queramos… nos vamos a equivocar sin remedio si no nos decidimos a conocerla de verdad, no solo superficialmente. 

A raíz de estos posts, en Instagram también estuvimos hablando sobre los tímidos. Que muchas veces bajo apariencias de indiferencia o incluso prepotencia, lo que puede haber es… un tímido. (De hecho, me reí muchísimo con este vídeo que imagina los pensamientos de Darcy a lo largo de la película, cuando parece serio y borde… pero que resulta que solo es introvertido). 

Seguí la reflexión sobre los tímidos en este mini-pódcast. Mi conclusión es que hay que darles una segunda oportunidad (o alguna más), y no quedarse en la superficie. Vivimos las citas con demasiada tensión si nos lo jugamos todo a una primera impresión (¿sabíais, por cierto, que la novela se llamaba así al principio, cuando Jane la escribió, antes de publicarla: Primeras impresiones?).

Rota una lanza por los tímidos, también hay tarea para ellos. Si les cuesta mucho tener iniciativa, mirar a los ojos, sostener una conversación con alguien que no conocen aún bien… creo que sería buena idea que buscaran otras maneras en las que ir demostrando su interés. No se trata de dejar de ser quienes son, y quienes les quieran les querrán con su timidez, pero si su timidez es tan extrema que se convierte en un hándicap para darse a conocer… hay que hacer un esfuerzo por salir del caparazón. Como dice Charlotte de Jane. 

Sobre la timidez, también tenemos este diálogo entre Lizzy y Darcy:

«—¿Por qué te mostraste tan tímido cuando nos visitaste por primera vez, y luego cuando comiste aquí? ¿Por qué, en especial al mirarnos, disimulabas el que yo te importase?
—Porque te veía seria y silenciosa y no hacías nada alentarme.
—Pero es que estaba azorada.
—Y yo también.
—Bien podías haberme hablado más cuando viniste a comer.
—Lo habría hecho cualquiera que estuviese menos emocionado que yo»

El que no arriesga no gana.

No todo es una red flag. Superar la mirada empañada

«No podía pensar en Darcy ni en Wickham sin reconocer que había estado ciega, que había sido parcial, absurda y que se había dejado dominar por los prejuicios. […] Hasta este momento no he logrado conocerme a mí misma»

No todo es una red flag. Incluso, a veces, el defecto que creemos ver en el otro, puede venir más de nosotros (nuestras expectativas, nuestros orgullos y nuestros prejuicios, nuestras exigencias mal colocadas…) que de la realidad. 

Eso le pasa a Lizzy con Darcy: le coloca una etiqueta y, a partir de ahí, cualquier acción suya la juzgará desde ese prisma. A eso lo llamo «mirada empañada» o «mirar con filtros». Y está claro que no ayuda a conocer realmente a la persona que tenemos delante. 

En la novela, hay varios factores que llevan a que Lizzy cambie su mirada, pero uno de ellos que me parece interesante es cuando le ve desde los ojos del ama de llaves de Pemberley. También le ayuda alejarse de su propia mentalidad de pueblo pequeño, donde todo el mundo se estaba retroalimentando en sus juicios contra el rico soltero, y conocer la opinión de otra persona, que le conoce bien porque le ha visto crecer:

«No se parece a esos alocados jóvenes que no piensan sino en sí mismos. […] algunos dicen que es orgulloso; pero estoy segura de no haber notado nada de eso. Imagino que se lo tiene como tal porque no suele charlar como otros»

Pero también es clave saber identificar a los/las caraduras

Lizzy en su último encuentro con Wickham.

«Había aprendido a descubrir en aquella misma amabilidad que al principio le atraía, cierta afectación, y hasta le disgustaba y cansaba. […] No podía por menos que sentir la ofensa que entrañaba la creencia de que por más tiempo que hubiera pasado sin prodigarle sus atenciones, y cualquier que hubiera sido la causa de interrumpirlas, satisfaría la vanidad de ella y tendría asegurada su preferencia con solo renovarlas»

Después de que Lizzy descubre cómo es en verdad Wickham, las atenciones que antes la halagaban ahora le resultan incluso molestas. Ahora es capaz de ver las intenciones torcidas de Wickham. Y no solo le inoportuna que se comporte así, sino que se indigna al pensar que él pretendiera hacer como si nada, tras comportarse como el perro del hortelano, yendo y viniendo. 

Si Wickham se comportaba así, sería seguramente porque otras veces esta estrategia le había servido. Se habría topado en su vida con otras chicas que con unas migajas de amor podían sentirse satisfechas. Pero no le funciona con Lizzy a estas alturas de la novela.

Antes he hablado de dar segundas oportunidades, pero no a todo el mundo, está claro. Hay que tener los ojos bien abiertos y la intuición despierta y practicar el salto olímpico con los caraduras. No se trata de que la otra persona no tenga defectos (todos tenemos), más bien el punto clave es el disimulo, el fingimiento. Si alguien va con una cara por un lado y con otra por otro. Si donde dijo A luego es B. Si se pone un disfraz para conseguir lo que quiere. 

Para conocerse, hace falta hablar de tú a tú 

De la conversación de Lizzy con Charlotte sobre Jane y Bingley. Lizzy dice que «si una mujer está interesada por un hombre y no trata de ocultarlo, él lo descubrirá más tarde o más temprano». Charlotte dice que seguramente sí, pero solo en el caso de que se hayan visto a menudo, y continúa:

«Pero aunque Jane y Bingley se vean bastante, no pasan muchas horas juntos, y como siempre están rodeados de gente, es imposible que empleen todo el tiempo en conversar a solas. Por eso Jane debería aprovechar cada momento para atraer su atención»

A veces podemos hacer muchos planes, conocer a mucha gente, tener varias conversaciones a la vez por WhatsApp… Pero eso no nos está llevando a ninguna parte porque no estamos ganando en intensidad. Los planes en grupo para ir conociendo poco a poco a alguien pueden estar bien en una primera fase. Pero es difícil que el tema avance si no os véis cara a cara, a solas. Por eso no hay que tener miedo a quedar para un café. Un café no es una propuesta matrimonial

Justo después de esto que le ha dicho Charlotte, Lizzy responde que su plan es bueno pero que Jane… 

«… no sabe obrar con premeditación. Lo ha tratado solo durante quince días. Ha hablado con él en Meryton; lo vio una mañana en su casa, y desde entonces han comido juntos cuatro veces, pero nunca solos. Eso no es bastante para conocer el temperamento de Bingley»

Aquí tengo que llevarle la contraria a Lizzy: me parece muy bien que Jane no sepa obrar con premeditación, ya hemos visto que está en el grupo de los tímidos, pero creo que premeditación es una cosa y otra es obrar con intencionalidad. Como ya he dicho antes: se necesita intencionalidad, dar pasos, aunque sean pequeños, ser proactivo, no esperar a que nos lean la mente. Cada uno que lo haga desde su modo de ser, pero la parálisis sí que no lleva a ninguna parte. 

Por otro lado, en esta frase de la protagonista aparece un tema que recorre todas las novelas de Jane Austen: hay que conocer bien al otro antes de comprometerse. Más aún cuando ese compromiso es al matrimonio, claro. El noviazgo ya se sabe que es un tiempo para seguir conociéndose y discernir si la otra persona es alguien con quien compartir mi vida. A lo largo de las obras de Austen vemos varios ejemplos de matrimonios infelices por culpa de no haber tenido en cuenta o no haber conocido suficientemente los temperamentos de unos y de otros (los padres de la propia Lizzy sin ir más lejos).

Esto de la intencionalidad lo conecto también con lo que se dice de Lizzy antes del baile en el que pretende gustar a Wickham:

«Se había vestido con más esmero que de ordinario y preparado interiormente para conquistar su corazón definitivamente» 

No voy a entrar ahora en la coquetería femenina, ni en la necesidad de que ambos sexos nos presentemos adecuadamente (el tema de la higiene también dio para varios comentarios en su día). Me quiero centrar en la segunda parte de la frase: «preparado interiormente». Aquí la autora habla de la actitud, de la intencionalidad. De no ir a tontas y a locas. Y de saber qué es lo que queremos. 

¿Cómo me preparo interiormente? 

Algunas ideas:

«Qué quiero cuando quiero salir contigo»

«El que no arriesga no gana»

«La primera cita: el antes y el después»

Hay que pasar de la primera idealización

Lizzy pensando sobre Wickham:

«En cuanto a su verdadero carácter, ella no había tenido ocasión de analizarlo detenidamente. De hecho, nunca había sentido deseos de descubrirlo: su aspecto, acento y modales lo habían colocado de una vez en posesión de todas las virtudes. Trató de recordar alguna prueba de bondad, algún rasgo especial de integridad o benevolencia […]. Pero no surgió semejante recuerdo» 

Si hay una «mirada empañada» que nos hace ver solo lo malo o interpretar todo malamente, también podemos hablar de una mirada empañada que todo lo ve de color de rosa y falla en ver la realidad. Es igualmente dañina y problemática si lo que queremos es construir una relación madura. 

En este post os contaba que, para conocerse:

«es muy importante no solo ser un buen escuchador sino también un buen observador. Me repatean los dichos populares tipo “se llama novio porque ‘no-vio’ los defectos / lo que se le venía encima / lo malo de la relación…”. Eso es justo lo que NO debería ser un noviazgo (ni un tiempo amorfo). Así que no solo te fijes en lo que dice, en lo que cuenta, en lo que comparte contigo, sino también en cómo actúa, cómo afronta lo bueno y lo malo, cómo encaja las contrariedades, cómo trata a sus amigos, a su familia, al camarero, al dependiente de una tienda, cuál es la actitud ante sus estudios o su trabajo…»

Aprende a rechazar y a encajar el rechazo

Conversación entre Mr. Collins y Lizzy, tras la declaración de él.

«—No es nuevo para mí —replicó Collins con gesto solemne— que las jóvenes tienen la costumbre de rechazar proposiciones que en secreto piensan aceptar más tarde. […]
—Te aseguro que no soy de esas mujeres, si es que existen, que osan arriesgar su felicidad al azar de que se les declaren una segunda vez»

Como vemos, lo de que un no algunos lo interpreten como un sí viene desde antiguo. No le echemos toda la culpa a la escasa capacidad de comprensión de Mr. Collins. Puede que alguna vez se hubiera topado con alguien que funcionaba así: usando los noes en modo “perro del hortelano”, como decíamos antes.

Sobre el “dime que no” como estrategia, mi opinión es que 

«el “no” como táctica para espolear las ganas del otro no me termina de convencer. […] Por una parte creo que esto puede funcionar así en la realidad, sí, pero ¿es la mejor forma de relacionarnos? ¿Qué tipo de amor es el que necesita siempre una sensación de “voy a traspasar este límite” para moverse, para hacer algo? No parece que sea una dinámica sostenible en el tiempo si lo que queremos es una relación madura, serena, de amor del bueno»

Es importante aprender a encajar el posible rechazo, pero también hay que aprender a rechazar amablemente. Lizzy lo hace con mucha cortesía en su conversación con Mr. Collins (aunque todos preferimos su rechazo apasionado tras la primera declaración de Mr. Darcy, está claro, al menos para leer en una novela, no sé si tanto para vivirlo en la vida…). A Mr. Collins le dice, entre otras cosas:

«Te agradezco el honor que me has hecho con tu proposición, pero en modo alguno puedo aceptarlo. Mis sentimientos me lo impiden. Como verás, no puedo hablar con mayor franqueza»

Claro que aquí estamos ante una proposición matrimonial, pero, aplicado a las citas, podemos sacar un aprendizaje: agradecer siempre. Hemos hablado de que hay que arriesgar, que hay que salir de la zona de confort, que para algunas personas dar ese paso de pedir un café no es tan espontáneo, que requiere valor. Por eso, siempre agradecer la proposición, aunque vayas a rechazarla. Que no te guste para tomarte algo con esa persona no quiere decir que tengas que ser maleducado o faltoso.

Se necesita responsabilidad afectiva

Conversación de Jane con Lizzy. Jane comenta que a veces es la propia vanidad de las mujeres la que lleva a engaño, cuando se deja volar la imaginación. Lizzy replica que los hombres se aprovechan de esa circunstancia. Jane añade que no tienen justificación si lo hacen premeditadamente, pero que cree más bien que la mayor parte de las personas no son tan malintencionadas.

«Estoy muy lejos de atribuir a premeditación la conducta de Bingley —dijo Elizabeth—; pero sin querer obrar mal ni hacer infelices a los otros se puede errar y ocasionar desgracia. La carencia de reflexión o la escasa atención a los sentimientos ajenos, así como la falta de resolución, dan este resultado» 

Suelo decir que con las personas no se juega. A las personas se las quiere. Y se las respeta. A veces, en este mundo de las citas, podemos herir. El daño puede ser hecho intencionalmente, pero a veces también puede ser por atolondramiento («carencia de reflexión») o esa «escasa atención a los sentimientos ajenos». Que no tenga en su raíz una maldad horrible no quiere decir que no sea culpable. No se puede ir rompiendo corazones por haberse dejado llevar por el gusto de ser admirado/a cuando sabías perfectamente que de tu parte no había ningún interés romántico. Hay que ser consciente. Se necesita responsabilidad afectiva.  

Lizzy aquí apunta otro motivo: «la falta de resolución». A veces puede suceder que sí se tiene interés romántico en la otra persona, pero no terminamos de decidirnos, por los motivos que sean. En el artículo del «tiempo amorfo» os contaba cómo vivir esa etapa y qué motivos pueden ser válidos y cuáles no para alargar esa situación. 

En estas circunstancias también entra el tema de la «paradoja de la elección».

Si lo que necesitas son ideas para cómo saber que es la persona adecuada para salir con ella, lee este post

A qué llamamos amor

De una conversación de Lizzy con Mrs Gardiner, en la que Mrs Gardiner dice:

«—Pero es que esa expresión “amaba con vehemencia” es tan manida, tan ambigua, tan indefinida, que no me dice nada. Lo mismo se aplica a sentimientos que brotan a la media hora de conocerse que a efectos reales y profundos»

Amar es una de esas palabras que parecen tener miles de significados posibles dependiendo de a quién preguntes. Es recomendable que uno piense qué concepto de amor tiene, y también indagar después si la persona en quien nos hemos fijado comparte esa visión. Si no, va a ser difícil. En el primer post del blog os contaba que para mí el amor es regalo y es construir.

Lizzy pensando sobre Darcy:

«El respeto debido a la convicción en sus valiosas cualidades, aunque admitido al comienzo contra su voluntad, se había tornado respeto y aprecio, pero sobre todo, gratitud; gratitud no solo por haberla amado, sino por amarla todavía lo bastante para olvidar el modo en que lo había rechazado y las injustas acusaciones que acompañaron a su repulsa» 

En mis apuntes releyendo Orgullo y prejuicio anoté esto: la cantidad de veces que aparece la gratitud vinculada con el amor. Me encantó, obviamente, ya que la gratitud forma parte de mi “Teoría de las A’s”. La gratitud, entre otras capacidades, aporta una mirada que no falla en ver lo bueno que recibe. Como he comentado antes, la mirada sin filtros es importante. No necesariamente de ahí surge un amor de pareja, claro, pero es esencial si queremos construir una relación. En realidad, para cualquier tipo de relación.

Lizzy también se da cuenta de las virtudes que tiene Darcy para ser capaz de perdonar lo pasado. Más cambio de mirada… Ese fragmento sigue así:

«Por eso en aquel momento estaba segura de que lo respetaba, lo estimaba, le estaba agradecida, sentía un verdadero interés por su felicidad, y solo le faltaba saber hasta qué punto deseaba que esa felicidad dependiera de ella»

De aquí solo quiero subrayar ese “sentía un verdadero interés por su felicidad”: amar es pensar en la felicidad del otro. 

Y en otro momento, Jane Austen escribe: «Si la gratitud y el aprecio son buenas bases para el afecto, el cambio de sentimientos de Elizabeth no parecerá ni improbable ni equivocado». Seguido de una reflexión en la que defiende que si se piensa que el interés que brota de ahí no es natural o razonable en comparación con el flechazo tras haber apenas hablado dos palabras, al menos se puede conceder a Lizzy que había probado ese método (el de pretender enamorarse sin conocerse propiamente) con Wickham y que no había funcionado. (Jane Austen y su maravillosa ironía). 

¿Compatibles? ¿O complementarios?

Lizzy piensa en Darcy, cuando tras el escándalo de su hermana lo da todo por perdido. Reflexiona sobre cómo se habrían complementado. 

«Su inteligencia y su temperamento, aunque muy distintos de los de ella, habrían colmado sus deseos. […] Con la soltura y viveza de ella el carácter de él se hubiese dulcificado y sus modales mejorado, y del juicio, cultura y conocimiento del mundo que él poseía ella hubiese recibido importantes beneficios»

Aunque en el caso de Jane y Bingley se dice que su relación tendrá éxito por lo parecidos que son, con Darcy y Lizzy se apunta que no es necesario esa similitud para un matrimonio feliz. Como hemos visto antes, hace falta conocerse, eso sí, pero, en las diferencias hay oportunidades de enriquecimiento y de crecer. Eso es la complementariedad.

Además, la compatibilidad no es un punto de partida, sino de llegada

A la hora de declararse

De esto solo puedo decir: NO lo hagas tan mal como la primera declaración de Darcy ;).

No copio aquí el texto completo porque es larguísimo, pero os dejo la MÍTICA escena de la película de 2005:

Por si alguien es más fan de la versión de la BBC:


¿Qué otros aprendizajes localizáis en esta novela sobre el amor o la vida en general?

¿Os gustaría que hiciera algo parecido con otras novelas de Jane Austen? Creo que Persuasión y Mansfield Park tienen mucha miga…


¿Quieres saber más sobre Jane Austen? Aquí puedes leer mi reportaje en profundidad sobre la autora en su 250º aniversario.


Foto de cabecera por Pablo Callejo, en la tienda de la casa-museo de Jane Austen, en Chawton Cottage.


Los párrafos de Orgullo y prejuicio están sacados de la edición que yo me he leído. Es esta, de Penguin Random House. Pero no os la recomiendo, porque tiene bastantes erratas y, lo peor, problemas gordos de traducción. Sigo investigando cuál es la mejor traducción.


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