Tras el éxito de «Aprender a ligar con Orgullo y prejuicio», os pregunté si os interesaba que hiciera algo parecido con otras novelas de Jane Austen. Así que dedicaré este post a las enseñanzas sobre el amor en Persuasión, mi descubrimiento austeniano del 2025.
ADVERTENCIA: Este post contiene SPOILERS. Sigue leyendo solo si ya has leído el libro / visto alguna de las pelis o series. Podrían sacarse muchos más ejemplos y prestar más atención a las relaciones entre los personajes secundarios, pero me he centrado, al menos de momento, en los principales.
¿QUÉ ES NECESARIO PARA ENAMORARSE?
Sobre Anne y Wentworth.
«Poco a poco fueron conociéndose y una vez conocidos se enamoraron el uno del otro rápida y profundamente. Habría sido difícil determinar cuál de los dos fue más feliz, si ella al escuchar su declaración y sus proposiciones o si él cuando ella las aceptó»
«Una vez conocidos se enamoraron». A veces pensamos que para tomarnos esos primeros cafés con alguien primero tenemos que estar enamorados, pero esa visión del asunto bebe de un romanticismo exacerbado (que no suele dar buenos resultados en las relaciones). En ocasiones podemos tener un flechazo nada más conocer a alguien e intercambiar dos palabras, sí. Pero no identificaría ese flechazo (más superficial) con un enamoramiento que, aunque aún no sea amor propiamente, es algo menos epidérmico que el «me gustas». Lo lógico es que nos enamoremos cuanto más conozcamos a una persona.
Cicerón decía que la amistad surge con el trato. Y yo añado: el enamoramiento también. Porque enamorarse es más que que una persona te resulte atractiva, para enamorarse necesitas conocer más que su físico y para ello son necesarias conversaciones, de tú a tú. No son suficientes los charloteos informales en unas copas rodeados de gente.
«La primera cita: el antes y el después»
Por si necesitáis ideas para conoceros más en ese proceso de enamoramiento: 8+12 conversaciones para el tiempo amorfo
Sobre el noviazgo de Anne y Wentworth cuando eran más jóvenes
«Con excepción quizá del almirante y la señora Croft, que parecían muy unidos y felices […], no había habido dos corazones tan abiertos, dos gustos tan similares, más comunidad de sentimientos ni figuras más mutuamente amadas»
Luego hablaré de los Croft, que se merecen un apartado para ellos solos, pero este párrafo me recuerda a una frase que leí en mi adolescencia y que no he conseguido recordar (ni encontrar) de quién era: «Lo que une a dos personas no es pensar lo mismo, sino querer lo mismo». Como os contaba aquí:
La clave es que veas si la otra persona puede ser una buena compañera para un proyecto vital conjunto. Saber si compartís ese proyecto y si vuestras prioridades vitales son las mismas, se parecen o no tienen nada que ver.
«Dos corazones tan abiertos»: ese compartir la intimidad que construye la relación es clave. Y eso se consigue con una buena comunicación.
Anne pensando sobre el señor Elliot.
«El señor Elliot era razonador, discreto, cortés, pero no era franco. […] Ella sentía que podía confiar mucho más en la sinceridad de aquellos que en alguna ocasión podían decir alguna cosa descuidada o ligera, que en aquellos cuya presencia de ánimo jamás variaba, cuya lengua jamás resbalaba.
El señor Elliot era demasiado agradable para todo el mundo»
En «Dos cafés (o más) tampoco son una propuesta matrimonial» os hablaba de la presión que existe por dar una primera impresión buenísima en la primera cita. La mentalidad del descarte y la «paradoja de la elección» conlleva que si algo no convence mucho (no hablo de red flags del tamaño de un continente), directamente se tacha a esa persona de la lista. Con este panorama, puede colarse la obsesión por “no hacer nada inconveniente”, y así es difícil darse a conocer como uno es de verdad. Por eso creo que deberíamos quitar estrés a las primeras citas. No debería ser un jugarse todo a una carta.
En Persuasión vemos que el señor Elliot parece que tiene muchas cualidades (razonador, discreto, cortés), pero Anne es lista, sabe leer a las personas (preciosa cualidad de Jane Austen que prestó a sus protagonistas), y se da cuenta rápidamente de que no es franco. Porque los seres humanos metemos la pata, todos los días. Somos vulnerables. De nada nos sirve enamorarnos de alguien y salir con esa persona pensando que es perfecta e intachable. Los defectos los tiene igualmente, se los veamos o no (y se los acabaremos viendo, tarde o temprano).
Sobre el señor Elliot también hay un pasaje en el que Anne es consciente de su carácter adulador y, lógicamente, no le gusta nada. Esta aversión hacia los zalameros y los que se mueven siempre en el terreno de las apariencias es un tema recurrente en las obras de Austen, como comenté hablando de Orgullo y prejuicio.
Wentworth intentó enamorarse de Louisa, dice Austen que «por resentido orgullo» y que «jamás lo había creído posible». Y continúa:
«…había aprendido a distinguir entre la tranquilidad de los principios y la obstinación de la voluntad, entre los peligros del aturdimiento y la resolución de los espíritus tranquilos. Allí había visto él que todo exaltaba a la mujer que había perdido»
Wentworth intentaba enamorarse de Louisa. Pero no nos enamoramos a la fuerza ni con una check-list. Una cosa es buscar o crear ocasiones, tomarse cafés, estar abiertos al amor, dedicar tiempo a conocer a una persona sin descartarla a la primera de cambio, como decía antes, etc. Pero no se puede forzar. Y menos por motivos tan poco nobles como el «resentido orgullo».
Aquí aparece también la importancia de conocerse, no solo hablando, también mirando:
«… en este conocerse más es muy importante no solo ser un buen escuchador sino también un buen observador. Me repatean los dichos populares tipo “se llama novio porque ‘no-vio’ los defectos / lo que se le venía encima / lo malo de la relación…”. Eso es justo lo que NO debería ser un noviazgo (ni un tiempo amorfo). Así que no solo te fijes en lo que dice, en lo que cuenta, en lo que comparte contigo, sino también en cómo actúa, cómo afronta lo bueno y lo malo, cómo encaja las contrariedades, cómo trata a sus amigos, a su familia, al camarero, al dependiente de una tienda, cuál es la actitud ante sus estudios o su trabajo…»
«8+12 ideas de conversaciones para el tiempo amorfo»
Es normal que al principio del enamoramiento tengamos una cierta idealización de la persona amada, pero eso “se pasa” con irse conociendo. Hay que cruzar por la desidealización, conocer a la persona con sus cosas buenas y también con sus cosillas, para tomar decisiones sobre la relación con conocimiento de causa. Si se elige avanzar, entonces se puede trabajar para llegar a la “idealización buena”, como os contaba en «Mirar sin filtros». Pero si al pincharse la burbuja de la ilusión primera y meter cabeza al subidón de emociones nos damos cuenta de que habíamos juzgado como virtudes características de la otra persona que más bien son lo contrario… bueno, por eso es importante conocerse antes de dar más pasos.
En concreto, el modo de ser de Louisa y el juicio equivocado que primeramente hace Wentworth sobre el supuesto carácter firme de ella, me recuerdan a este post: «Ser o no ser espontáneo».
NO JUGAR CON LOS SENTIMIENTOS
Pensamientos de Anne.
«No somos un niño y una niña para guardar una irritada reserva, ser mal dirigidos por la inadvertencia de algún momento o jugar atolondradamente con nuestra propia felicidad»
En «El amor se lucha, pero no se mendiga» os contaba:
«Cada vez soy más partidaria de apostar por la sencillez y la claridad en las relaciones chico-chica, pero entiendo que es normal que, en esos primeros momentos de conocer a alguien se dé un cierto “juego de seducción”, de conquista, con su emoción, su intriga, sus incertidumbres… okey, vale. Pero cuando ese cortejo nos empieza a hacer sufrir malamente, o nos lleva a empezar a jugar con las personas por no ser claros en nuestras intenciones… se vuelve dañino y es mejor optar por la sinceridad. Sobre todo porque según la EPA (Experiencia Propia y Ajena), esta sinceridad previene malentendidos, comeduras de cabeza y hacer daño con mayor o menor culpa»
Anne, con la sabiduría de los años y de la EPA, sabe que algunas decisiones pueden torcer el curso vital de maneras catastróficas. Ya le pasó una vez, no quiere volver a vivirlo. Es de niños sin uso de razón jugar con las personas y jugarse la propia felicidad por no ser más claros, por dejarse llevar por otras cosas, o el motivo que sea.
¿CÓMO SÉ SI ES LA PERSONA ADECUADA?
Sobre el señor Elliot y Anne, lady Russell habla con Anne. Le dice «No soy casamentera, como tú bien sabes» (ejem, lady Russell…), y prosigue:
«—Solo digo que en caso de que alguna vez el señor Elliot se dirija a ti y tú le aceptes, tendréis la posibilidad de ser felices juntos. […]
—El señor Elliot es un hombre extremadamente agradable, y en muchos aspectos tengo una alta opinión de él —dijo Anne—, pero no creo que nos convengamos el uno al otro»
Creo que Anne estaría de acuerdo con los puntos que señalo en «¿Cómo sé si es la persona adecuada para empezar un noviazgo?».
Para salir con alguien, esa personas nos tiene que gustar, está claro, pero no es suficiente.
«TENGO DUDAS…»
Anne reflexiona sobre si hizo bien dejándose aconsejar por lady Russell cuando rechazó a Wentworth la primera vez. No se lo reprocha a su amiga, ni a sí misma haberse dejado persuadir, pero..
«…sentía que si cualquier muchacha en circunstancias parecidas hubiese acudido a ella en demanda de consejo, no se habría llevado a buen seguro ninguno que le acarrease tan cierta desdicha de momento y tan incierta felicidad en lo futuro»
Y sigue:
«Estaba persuadida de que a pesar de todas las desventajas y oposiciones de su casa, de todas las zozobras inherentes a la profesión de Wentworth y de todos los probables temores, dilaciones y disgustos, habría sido mucho más feliz manteniendo su compromiso de lo que lo había sido sacrificándolo»
El proceso de discernimiento en una relación antes de dar un paso más en ella no es sencillo. En él cobra un papel importantísimo la prudencia, que es una virtud, y por tanto algo en lo que hay que ejercitarse toda la vida. No, no existe una check-list ni un test que te devuelva como resultado una respuesta avalada científicamente que te diga: Sí, tienes que salir con él / No, mejor no te cases con esta persona / etc.
Es normal, en caso de que la duda nos sobrecoja, preguntar a personas más sabias y de las que nos fiamos. Pero, en todo caso:
- nadie se puede poner en tu piel cuando estás amando,
- como decía Séneca, «las opiniones se pesan, no se cuentan» y
- consultar con alguien no es una excusa para delegar la responsabilidad. Tú eres libre, tú eres responsable. No vale luego echar balones fuera: «Tomé esta decisión porque Eustaquia me dijo que lo hiciera». No. Somos personas adultas haciendo elecciones.
Por otra parte, si tú eres esa lady Russell de la vida, mucha prudencia también a la hora de aconsejar. A veces podemos “despachar” encrucijadas que alguien nos comparte con dos o tres frases hechas. Como si la realidad no fuera más compleja. Como si hubiera recetas o moldes aplicables para todos los casos.
«Lo había dejado para agradar a otros. Todo fue efecto de repetidas persuasiones, fue debilidad y timidez»
Claramente, los motivos para cortar una relación no pueden ser «agradar a otros». Como decía antes: está en juego la felicidad propia y ajena. A veces esa debilidad de la que habla Anne también se manifiesta en lo que comentaba unos párrafos más arriba: como me agobia tomar una decisión ante mis dudas, pido consejo pero esperando que alguien me diga exactamente qué tengo que hacer, intentando delegar mi responsabilidad totalmente. Spoiler: sale mal. Aunque el consejo sea buenísimo: las decisiones hay que tomarlas libremente, no por miedo, no por debilidad, no porque me lo dice lady Russell. Puedo seguir los consejos de la lady, pero desde la libertad.
Más sobre tipos de dudas en el noviazgo y cómo resolverlas, en este post.
MIRAR A EJEMPLOS DE AMOR DEL BUENO
En mi extenso e intenso artículo sobre Jane Austen escribía:
«Que sus historias terminen en bodas no implica una visión ingenua o mermada del matrimonio. A través de sus páginas desfilan ejemplos y contraejemplos de matrimonios más o menos veteranos que muestran tanto relaciones poco envidiables (los Bennet, los Musgrove, los Bertram…) como ejemplos de felicidad conyugal (los Gardiner, los Weston —a pesar del famoso «¡Pobre señorita Taylor!»—, los Croft, los Harville…)»
Cada vez que releo algunos de los párrafos sobre los Croft me caen mejor y me encantaría que Jane hubiera escrito una novela sobre ellos. El almirante Croft y su esposa se casaron muy jóvenes y ella viajaba con él cada vez que se embarcaba: «Juntos no había nada que temer», afirma ella.
Una escena que ilustra su sintonía: en una conversación entre Wentworth y Louisa, Wentworth, hablando sobre su hermana (la señora Croft) y su cuñado, que han salido de paseo con el carruaje, comenta: «Me pregunto dónde volcarán hoy. Les pasa muy a menudo, pero a mi hermana parece importarle un bledo volcar o no volcar». Ante esto, Louisa contesta:
«En el lugar de su hermana yo haría absolutamente lo mismo. Si amara a un hombre de la misma manera que ella ama al almirante, estaría siempre con él, nada podría separarnos, y preferiría volcar con él en un coche que viajar tranquilamente dirigida por otro»
Otro momento, también referido a sus (escasas) dotes de conductores de carruajes, tiene lugar con Anne viajando con ellos, conversando tranquilamente cuando de repente están a punto de chocar contra un poste, pero la señora Croft…
«…empuñando ella misma las riendas, esquivó el peligro; más adelante evitó un surco y caer bajo las ruedas de un coche grande; Anne, ligeramente divertida por la manera de conducir de ambos, unidos sobre las riendas, lo que también podía ser un símbolo de su unión en otras cosas, se encontró tranquilamente de vuelta en su casa»
Y en otra parte de la novela, Anne piensa sobre los Croft:
«Conociendo como conocía sus sentimientos, ellos constituían un atractivo cuadro de felicidad. Los contemplaba tan largamente como le era posible, se deleitaba pensando que entendería lo que ellos hablaban mientras caminaban solos y libres»
En «¿Es posible el amor para siempre?» escribía sobre la importancia de tener ejemplos de amor del bueno cerca. Y el año pasado, en el blog, recogí cuatro historias de matrimonios en diferentes etapas de su vida, ¡por si os inspiran!
AMAR ES QUERER EL BIEN DEL OTRO
Wentworth ayuda a Anne a subir a un carruaje, al detectar que está cansada del paseo. Esta escena, en mi opinión, es un momento muy intenso en la novela: primer contacto físico desde que rompieron su noviazgo hacía ocho años, Anne se da cuenta de que él estaba pendiente de ella… Al releer el párrafo he pensado si no se inspirarían los creadores de la adaptación de Orgullo y prejuicio de 2005 en esta escena de Persuasión para la FAMOSA escena de la mano de Mr Darcy tras ayudar a Lizzy a subir al carruaje. ¿Qué pensáis? (Con esto Wentworth va ganando puntos sobre Mr. Darcy, pero otro día podemos debatir sobre esto, jeje)
«Se apretujaron cuanto fue posible para dejarle espacio, y el capitán Wentworth, sin decir palabra, la ayudó a trepar al carruaje.
Sí, lo había hecho. Se encontraba sentada en el coche, y era él quien la había colocado allí, su voluntad y sus manos lo habían hecho; este descanso se debía a la percepción que él tuvo de su fatiga y a su deseo de darle descanso. […] No podía perdonarla, pero no podía ser indiferente hacia ella»
Wow. Es que pedazo escena. Todo pasa en dos segundos, pero desencadena una avalancha de emociones en Anne, y estoy segura de que en Wentworth también. Anne se da cuenta de que él ha mirado, de manera casi instintiva, por su bien, pasando por encima del resentimiento. Su preocupación por la mujer a la que amó hace tanto tiempo ha sido mayor que su rencor.
Hasta ese momento él está empeñado en demostrarse a sí mismo que ya ha superado lo de Anne, y va coqueteando con Louisa. Pero en esta escena actúa movido por una especie de resorte que le lleva a ayudar inmediatamente, sin cálculo. Es uno de los primeros momentos en que su comportamiento contradice su discurso interior. Puede que sea un primer resquebrajamiento de las defensas emocionales de Wentworth.
Ese amor intenso y a la vez maduro manifiesta lo que enseñaron filósofos como Tomás de Aquino y Aristóteles: cuando quieres a alguien, buscas su bien. Es hacerse cargo de lo que la otra persona necesita. Y salir al paso de esa necesidad.
«No podía perdonarla, pero no podía ser indiferente hacia ella», se dice de Wentworth sobre Anne: a veces lo más contrario al amor es precisamente la indiferencia. Y por el contrario: cuando alguien ya no te es indiferente, puede ser el comienzo de algo. Los muros del resentimiento o de lo que fuera que causaba esa distancia empiezan a agrietarse. De hecho, en otro momento dirá: «Se había juzgado a sí mismo indiferente, cuando solamente estaba enfadado». El amor permanecía, aunque enterrado por otros sentimientos.
¿DAR SEGUNDAS OPORTUNIDADES?
La carta de Wentworth. ¡LA carta! (Otro día también podemos discutir sobre qué declaración de amor es mejor: la de Wentworth o la de Darcy, jejeje).
«No me diga que es demasiado tarde, que tan preciosos sentimientos han desaparecido para siempre. Me ofrezco a usted nuevamente con un corazón que es aún más suyo que cuando lo destrozó hace ocho años y medio….
No he amado a ninguna otra mujer más que a usted. Injusto puedo haber sido, débil y rencoroso, pero nunca inconsciente*»
* [aquí hay, creo un error de traducción, porque en el original dice “inconstant”, y tiene todo el sentido que sea inconstante, no inconsciente, con la discusión amistosa que se trae Anne con Benwick mientras Wentworth escribe la carta, sobre la constancia en el amor]
Y más adelante:
«Tenían más ternura, más pruebas, más seguridad acerca de los caracteres de ambos, de la verdad, de su afecto. Actuaban más de acuerdo y sus actos tenían mayor justificación»
¿A favor o en contra de las segundas oportunidades? La respuesta es: depende. Depende de cómo sean esas segundas oportunidades. ¿Qué es lo que llevó a la ruptura? ¿Ese motivo sigue presente? ¿Ese motivo sigue presente y sigue siendo un obstáculo para la relación? No es lo mismo «Cortamos porque ella no sabía esquiar y para mí suponía un requisito esencial, pero ya me he dado cuenta de que no era para tanto» que «Cortamos porque no tenía claro que quisiera comprometerse en un matrimonio, pero ha madurado y ahora ya lo tiene claro».
En mis años universitarios vi muchos casos de parejas que volvían simplemente porque “nos echamos de menos”, pero sin haber metido la razón en esa decisión, sin analizar las causas de la ruptura y sin ver cómo construir el amor sin acabar en el mismo punto que llevó a romper. Pocas papeletas de que aquello saliera bien.
Tampoco creo eso de que “segundas partes nunca fueron buenas”. Conozco tantos matrimonios preciosos que surgieron tras una segunda oportunidad que no puedo estar de acuerdo con ese dicho (en temas del amor, en temas de películas es otro cantar).
Wentworth reconoce sus fallos, pero también declara que «Me ofrezco a usted nuevamente con un corazón que es aún más suyo» que cuando rompieron. Y luego la autora señala que esta segunda oportunidad parte de una base mucho más firme, de mayor conocimiento, pero no solo eso, también mayor ternura.
¿Qué otros aprendizajes localizáis en esta novela sobre el amor o la vida en general?
¿Os gustaría que hiciera algo parecido con otras novelas de Jane Austen?
La edición que he leído es la ilustrada de Alma Editorial. Me ha gustado mucho aunque he encontrado algún error de traducción.
¿Quieres saber más sobre Jane Austen? Aquí puedes leer mi reportaje en profundidad sobre la autora en su 250º aniversario.
Foto de cabecera: leyendo Persuasión en Bath
Descubre más desde #MakeLoveHappen
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
