«El fin no justifica los nervios»

No sé qué pensaría Maquiavelo de todo esto. «El fin no justifica los nervios» es una frase que le escuché a mi gran amiga Pepa que ella a su vez se la había escuchado a alguna persona sabia de las que a veces te encuentras en el mundo. Y creo que esta máxima es aplicable a la vida en general y a las bodas en particular.

Quienes ya os hayáis casado seguro que también habéis pasado por esto: según se acercaba el día B las preguntas sobre «¿Estás nerviosa?» se multiplicaban. En mi caso fue así, hasta el mismo 20 de junio en el que, al entrar en la peluquería por la mañana y sentarme a que me lavaran el pelo, la pregunta mítica se transformó en afirmaciones asombradas: «¡No estás nerviosa!».

Y es que, ¿por qué iba a estarlo? Cuando la gente me lo preguntaba durante los preparativos, me pusé a pensar: A ver, ¿cuándo me pongo nerviosa? Por ejemplo: ante un examen, o una representación, o una actuación (¡mi pánico escénico en las audiciones del conservatorio!). Y una boda no es nada de eso: de las preguntas que te hacen te sabes las respuestas —y, si te quedas en blanco por la emoción, tienes “chuleta”—, y el «sí, quiero» lo llevas preparando con muchos “síes” durante mucho tiempo. Tampoco es una representación, ni tienes que interpretar un papel: simplemente ser tú mismo, ser lo más tú que puedas.

¿Nervios? No. Mi amigo JR dice que “Te casas cuando puedes decirle a la otra persona: Me entrego a ti para siempre porque estoy más seguro en tus manos que en las mías. Si esto es así, ¿cómo vas a estar nervioso? Sí emoción, ganas y un poco de vértigo. Que sientas un cierto vértigo es sano: sabes a lo que vas, eres consciente de la decisión radical que vais a tomar, del “para siempre”, del salto sin paracaídas. Todo eso puede imponerte, pero no darte miedo, porque lo haces con la persona que más amas en el mundo. Por otro lado, creo que parte del vértigo también puede ser por el aspecto de misterio que tiene el matrimonio, esa faceta de regalo, de don, algo que, para quienes tenemos fe, tiene que ver con las sorpresas de Dios.

Luego están los nervios —comprensibles— motivados por el deseo de “que salga todo bien”. Pero entonces, reenfoquemos: ¿Qué entendemos en una boda por “que salga todo bien”? Creo que puede ser interesante ir a lo esencial: que los dos novios digan «sí, quiero». Y pista. El resto de cosas son no-esenciales y más o menos importantes.

¿Y si llueve? Lo peor que puede pasar en tal caso es que tengas que escuchar unas 100 veces la sabiduría popular que dice “Novia mojada, novia afortunada”. ¿Que te caigas con los tacones porque no estás acostumbrada? Minimiza el riesgo andando con ellos por casa todo lo que puedas hasta el día B.

Creo que una boda sencilla te ahorra nervios y el romperte la cabeza. Si Pitbull tiene que cantarte el vals, El Circo del Sol traerte la tarta nupcial entre acrobacias y has encargado un juego de pirotecnia que ni las Fallas… pues, evidentemente, intentar controlar todos esos factores puede causarte estrés. Y peor aún: que pierdas de vista lo importante. Pero si estás en lo que tienes que estar, en el caso de que algo de lo no-esencial no salga como teníais previsto (o no sale, directamente), no supondrá que vuestro día sea menos feliz. Una de las ideas de nuestra boda era tener un libro de firmas para los invitados. Lo habíamos visto en otras ocasiones y nos encantaba la idea. Recuerdo el momento de comprarlo, casi la misma semana de la boda, eligiendo qué modelo nos gustaba más. No recuerdo cuándo nos dimos cuenta exactamente de que no lo habíamos puesto en el banquete. Ahora es  un bonito libro de firmas en la entrada de nuestra casa para todo aquel que venga a visitarnos.

Dos últimos consejos para una boda sin nervios:

  • Delegar. Por muy sencilla que sea la boda hay cuestiones que es mejor que las gestione otro para que vosotros podáis dedicaros a casaros sin más preocupación. En nuestra boda, repartimos tareas entre hermanos: un cuñado controlaba los tiempos de llegada de novio y novia [yo llegué super puntual, todo hay que decirlo, pero los invitados aún no habían entrado en la iglesia y Alfonso le decía al chófer: «¡Una vuelta más!». Y así tres. Cierro corchete]; mi hermana llevaba mi mini-neceser de novia; otro cuñado organizaba el tema fotos; mis hermanos fueron a por las flores que había que recoger a última hora; mis cuñadas colocaban las cestitas que habíamos preparado para los baños en el banquete; mi hermano Álvaro me preparó el revuelto de jamón más rico del mundo para que pudiera comer algo al volver de la peluquería a las cuatro de la tarde… Y así todo.
  • Este es un consejo de mi amiga Cris, pensando en que tal vez nosotros estuviéramos muy tranquilos, pero siempre podía haber alguien del entorno que se tensara en algún momento, torciera el morro y olvidara que “el fin no justifica los nervios”. Para estos casos: «Miras a Pablo. Y os reís juntos».

 

boda tienes una misión

Con esta imagen pedimos a familiares y a amigos su apoyo para el día B.

4 comentarios en “«El fin no justifica los nervios»

Lo que aprendemos por el camino, muchas veces lo aprendemos con los demás... ¿Qué te ha parecido este texto?

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